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La confianza del entorno es fundamental para la desintoxicación del paciente

Los familiares del paciente con patología dual o con problemas de adicción a drogas legales e ilegales son un pilar “fundamental” en el proceso terapéutico para conseguir la completa recuperación, según señalan desde la Clínica de Desintoxicación Hospitalaria del Hospital NISA Aguas Vivas.

Sin embargo, los especialistas de este centro sanitario de Carcaixent (Valencia) manifiestan que es “no infrecuente” que entre ellos se halle “una importante pérdida de credibilidad y desconfianza a cualquier posibilidad de recuperación”. Por ello, se genera inicialmente “una posición negativa y de oposicionismo pasivo”.

De esta manera lo señala los psiquiatras coordinadores de este centro, los doctores Augusto Zafra y Alejandra González, que añaden que esta situación se fundamenta en diversos factores “que tienen que ver con el sufrimiento acumulado a lo largo de los años”.

Además, se explica por “las expectativas no resueltas, las promesas rotas e incumplidas, los antecedentes de comportamientos disruptivos, las discusiones en el seno familiar, las mentiras para perpetuar la enfermedad adictiva, la incapacidad de mantener una rutina laboral y hábitos de vida saludables”, y otros aspectos.

Ante ello, González insiste en que la implicación directa y activa de los familiares es “imprescindible” para la recuperación. Es necesario incidir en el abordaje terapéutico de cuestiones críticas y fracturadas como son “la autoridad, la comunicación, las relaciones y las emociones”, explica.

Cinco pilares en la terapia

Si el paciente no tiene familia o no dispone de ella, Zafra señala que éste “debe ser vinculado a una red de soporte equivalente, que realice la labor de acompañamiento, comunicación y afecto”. Se le debe concienciar “de la necesidad de implicarse activamente en grupos sociales alternativos protectores”, declara.

De este modo, los expertos afirman que los pilares “fundamentales” sobre los que debe asentarse la terapia familiar son cinco, siendo el primero de ellos el relativo al empleo de la familia como “soporte vital”. El segundo, por su parte, es “el uso de las terapias adquiridas”, señalan. Tras ellos se hallan el del vínculo entre la familia y el paciente, el de que los integrantes de ésta aprendan a reconocer las señales de alerta que avisan de las recaídas y el de “facilitar la desestigmatización, la individualización y la autonomía del paciente”, concluyen.



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