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La denervación renal reduce en un 30% el riesgo de mortalidad cardiovascular en hipertensos

En apenas unos años, la denervación renal se ha afianzado en el tratamiento de los enfermos afectados por la forma más grave de hipertensión arterial, la denominada refractaria o resistente. “La peculiaridad de estos pacientes es que no responden a la terapia habitual, incluso después de probar con varias medidas y tratamientos farmacológicos, lo que a medio-largo plazo puede tener graves consecuencias a nivel renal y cardiovascular”, explica el doctor Julián Segura, experto de la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA), que estos días participa en la III Escuela de Verano de la Sociedad.
Descripción: LOGO SEH-LELHAcontexto
Nuevos datos del estudio Symplicity HTN-1, presentados durante el último Congreso Americano de Cardiología y objeto de análisis en este encuentro que se celebra en Aranjuez, confirman una reducción del 30% en el riesgo de mortalidad cardiovascular y del 15% por otras causas en un plazo de diez años, en comparación con el tratamiento estándar durante una década. El empleo de esta técnica aumenta la supervivencia media en 12 meses (de 17,07 a 18,37 años) e incluso logra una mejoría sustancial en el control tensional a los tres años del procedimiento en aquellos pacientes inicialmente no respondedores a la denervación renal. También se ha observado una disminución del número de hospitalizaciones asociadas a la hipertensión al reducir el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular.

La magnitud del efecto de la respuesta clínica ratifica el coste-efectividad de este procedimiento. El gasto inicial de la operación compensa el ahorro que representa a medio y largo plazo al Sistema Nacional de Salud. De hecho, se calcula que su empleo reduce los costes sanitarios en el 20% de los casos atendidos, al precisar de menos controles y visitas al médico, al mismo tiempo que se minimiza la necesidad de medicación. Si se tiene en cuenta que entre el 5% y el 15% de los hipertensos presenta esta variante y que un 10% de estos pacientes acaba agotando todas las opciones terapéuticas, “el cateterismo  renal constituye una herramienta muy útil ya que abre un gran campo de posibilidades para alcanzar el objetivo de control en un grupo de pacientes con hipertensión resistente en los que han fracasado todo tipo de actuación terapéutica”, aclara el doctor Segura, que destaca además el buen perfil de seguridad del tratamiento.

¿En qué consiste?

El procedimiento, conocido como Symplicity Catheter System, es similar al que se sigue para realizar una angioplastia renal. Se introduce el catéter, que porta un dispositivo de radiofrecuencia, a través de la arteria femoral y hasta alcanzar las arterias renales. Una vez allí, el dispositivo libera una energía de radiofrecuencia de baja intensidad capaz de inhibir la hiperestimulación del sistema nervioso simpático (también conocida como denervación simpática renal), implicada en la hipertensión arterial mal controlada.

Su acción directa sobre los nervios renales se asocia con una reducción de las cifras de presión arterial del paciente por debajo de 170/90 mmHg, y con ello, del número de fármacos antihipertensivos que debe tomar. “El dispositivo ha demostrado un descenso medio de la presión arterial de 32/12 mmHg, en comparación con un aumento de 1/0 mmHg en el grupo de control de pacientes que recibieron solamente tratamiento farmacológico”, prosigue el doctor Segura.

Según este especialista, la intervención ejerce un efecto beneficioso a nivel global al mejorar varias de las causas fisiopatológicas del trastorno hipertensivo. “Reduce la activación del sistema nervioso simpático a nivel renal, pero también se ha visto que mejora la actividad del sistema renina angiotensina y la función endotelial”, aclara.

En este sentido, esta nueva técnica abre una vía muy prometedora para los pacientes con hipertensión arterial refractaria en tratamiento farmacológico que, pese a ello, no logran controlar su presión arterial. “Futuros estudios aportarán más datos sobre qué características de los pacientes podrán ayudar a predecir una respuesta precoz o más tardía”, matiza el doctor Segura. “Las investigaciones actuales se centran en los pacientes refractarios más severos y en breve se podría ampliar la indicación a enfermos con cifras de presión arterial ligeramente por debajo de las que manejamos en la actualidad”.  



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