ESTÁS LEYENDO...

La disbiosis infantil y la importancia de los prob...

La disbiosis infantil y la importancia de los probióticos y prebióticos

La disbiosis infantil y la importancia de los probióticos y prebióticos

Por el Dr. Guillermo Álvarez Calatayud, presidente de la Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos

disbiosis, probioticos y prebioticos

La microbiota intestinal o flora bacteriana, conjunto de microorganismos que se localiza en el intestino, guarda una estrecha relación no solo con el desarrollo del sistema inmune de los más pequeños, sino también con el sistema inmune de los adultos, ya que más del 70% de las células inmunitarias reside en el intestino. Sin embargo, tanto en pequeños como mayores, existen factores de riesgo que pueden alterar la microbiota. El uso de antibióticos, la contaminación medioambiental, una mala alimentación e incluso situaciones de estrés pueden dar lugar a un desequilibrio en la microbiota, lo que se conoce como disbiosis intestinal.

Aunque las molestias digestivas y problemas intestinales son los síntomas más comunes de la disbiosis intestinal, ésta también puede estar relacionada con trastornos musculares e inflamaciones articulares, migrañas y cefaleas, fatiga e incluso trastornos cutáneos, como eccema o acné. En el caso de los bebés, los síntomas pueden ser muy diversos, desde distensión abdominal y flatulencias a vómitos, diarreas o heces con hebras de sangre, entre otros. Para prevenir la disbiosis y mantener un sistema inmunitario en óptimas condiciones, es muy importante cuidar la alimentación. Un modo natural para mantener o reestable

cer el equilibrio de la flora intestinal es mediante el consumo de probióticos y prebióticos, de ahí la importancia de distinguirlos correctamente y conocer sus propiedades.

Los probióticos son microorganismos vivos que se encuentran en algunos alimentos, sobre todo productos lácteos, como el yogur o el kéfir, o el chucrut y el chocolate negro. 

Pero también se pueden administrar a través de medicamentos y fórmulas pediátricas, los cuales se incluyen cada vez más en la práctica clínica, según un estudio realizado por la Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos (SEPyP). Ejemplo de ello es que el 30% de los probióticos se administra a través de preparados farmacológicos y el 21% a través de fórmulas pediátricas. Por otro lado, se ha demostrado que algunas de las bacterias de la leche materna, principalmente bifidobacterias y lactobacilos, tienen actividad probiótica, lo que favorece a la salud del lactante y le ayuda a protegerse y defenderse de elementos extraños, gracias a la función anti-inflamatoria e inmunoreguladora de estas bacterias.

En cuanto a los prebióticos, son sustancias no digeribles encargadas de promover el crecimiento y la actividad de bacterias beneficiosas para el intestino. Al igual que los probióticos, los prebióticos se pueden encontrar tanto en alimentos, como el ajo, la cebolla o las alcachofas, entre otros, y en la leche materna; así como en fórmulas pediátricas y complementos alimenticios, que son utilizados por el 52% de los profesionales en la práctica clínica. Concretamente un 28% se administra generalmente a través de fórmulas pediátricas y un 18% a través de complementos alimenticios, según el estudio realizado por SEPyP.

Los bebés que se ven afectados por los denominados factores de riesgo (nacimientos por cesárea, uso de antibióticos, antecedentes familiares y/o exposición a ambientes contaminados) tienden a tener niveles reducidos de bacterias saludables en el intestino. Asimismo, un intestino desequilibrado se ha asociado con inflamación (en ocasiones crónica) y con el desarrollo de enfermedades no contagiosas (ENC) en edades posteriores, como infartos, ictus y diabetes. En el caso de los lactantes alimentados con leche de fórmula se debe prestar atención a la adición de fibras prebióticas y probióticos en las mismas, que ayudan a modular la microbiota intestinal y entrenar así al sistema inmunitario del bebé frente a posibles infecciones u otros factores de riesgo. Muchos estudios clínicos muestran que los prebióticos pueden mejorar tanto la salud del intestino como del sistema inmunitario. Por ejemplo, los recién nacidos que presentaban un alto riesgo de desarrollar alergias fueron alimentados con leche de fórmulas con los prebióticos durante seis meses. Posteriormente, se descubrió que estos bebés presentaban una reducción de la sensibilización alérgica, un efecto que duraba hasta 3 años. Este hallazgo sugiere que es posible entrenar al sistema inmunitario, y que la nutrición en las primeras etapas de la vida puede tener efectos a largo plazo.

 

 

 

 





¿TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.