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La enfermedad de alzheimer: el último viaje al olv...

La enfermedad de alzheimer: el último viaje al olvido.

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LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER: EL úLTIMO VIAJE AL OLVIDO

Progresiva e irreversible, los expertos arrojan un punto de luz entre las tinieblas del Alzheimer: su prevención y detección precoz.

La enfermedad de Alzheimer responde a una degeneración progresiva e irreversible del sistema nervioso, lo que implica que el daño cerebral aumenta a medida que avanza la enfermedad, y que una vez establecido no se puede revertir. Sin embargo, según el Dr. Antón Álvarez, del Centro de Investigación Biomédica EuroEspes (CIBE), un tratamiento adecuado puede mejorar, y de hecho mejora, la situación (capacidad funcional) del paciente y contribuye a frenar el avance de la enfermedad. Los planes preventivos deben ir encaminados principalmente a detectar de forma precoz a los enfermos para tratarlos cuanto antes, consiguiendo de este modo una mejoría clínica más notoria así como un mayor enlentecimiento del curso de la enfermedad. “Estos planes preventivos nos ayudan también a identificar a las personas con un elevado riesgo de padecer Alzheimer en el futuro. En esta tarea de prevención son de suma importancia tanto la información y concienciación de las familias como el uso de los últimos avances científicos, especialmente en el área de la Genética de la enfermedad de Alzheimer.

AUNQUE NO EXISTEN TRATAMIENTOS PARA CURAR ESTA ENFERMEDAD, LOS ESPECIALISTAS CREEN QUE LA ADMINISTRACIÓN PRECOZ DEL TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO BASADO EN ANICOLINESTERÁSICOS PUEDE RETRASAR LA APARICIÓN DE LOS SÍNTOMAS DE LA PATOLOGÍA

Algunas estadísticas

Según datos aportados por el Dr. Antón Álvarez, la enfermedad de Alzheimer representa un problema de primera magnitud ya que constituye la principal causa de demencia, seguida de la demencia vascular y, a más distancia, de otros tipos de demencias. Los estudios epidemiológicos indican que la prevalencia de la enfermedad de Alzheimer está en torno al 1% de la población, lo que significa que en España hay cerca de 400.000 afectados. La proporción de personas que la padecen crece a medida que progresa la edad (un 1% a los 60 años, y mayor del 20% a partir de los 80 años), lo que hace que la prevalencia esté íntimamente ligada al envejecimiento de la población. Otros aspectos relacionados con la enfermedad son el deterioro de la persona que la padece, la necesidad permanente de atención por parte de la familia, y los elevados costes que conllevan el tratamiento y el cuidado de los pacientes. Todo ello contribuye, igualmente, a magnificar la importancia de este trastorno.

Hacia una vida mejor

“Ante este panorama de la enfermedad de Alzheimer es necesario adoptar y promover una serie de medidas que nos ayuden, fundamentalmente, a mejorar la calidad de vida de los pacientes y de sus familias”, asegura el Dr. Álvarez. “Para ello es imperioso detectar y tratar la enfermedad lo más precozmente posible porque es la forma de conseguir los mejores resultados. Hoy sabemos que la respuesta al tratamiento es mejor cuanto antes se inicie éste, y que es posible retrasar el avance de la enfermedad si se trata adecuadamente”.

Para poder hacer un diagnóstico (detección) precoz de la enfermedad de Alzheimer es necesario que la población esté informada sobre cuáles son las manifestaciones típicas del inicio y la fase leve de este tipo de demencia, que podríamos definir en los siguientes puntos:

  1. Los pacientes empiezan mostrando síntomas leves como olvidos que se agravan a medida que avanza la enfermedad hasta llegar a una total incapacidad mental y física. Habitualmente el paciente empieza presentando pequeños problemas de memoria en forma de olvidos o despistes, comunes por otra parte entre la población senil. Ello hace que muchas veces achaquemos los fallos de memoria a la edad. La mayoría de las personas ancianas con este tipo de deterioro cognitivo senil benigno, de hecho, no tienen ni llegan a padecer una demencia, aunque sí tienen un mayor riesgo de padecerla que los que no lo presentan. En muchos casos, las dificultades de memoria se acentúan por enfermedades médicas u otras circunstancias vitales que conllevan estrés, y que son potencialmente tratables y curables. Por ello, es conveniente hacer un examen médico cuidadoso, encaminado a detectar o descartar el inicio de una demencia. Además de los despistes, el paciente suele tener dificultades para recordar los nombres de los objetos y las personas(afasia nominal), para reconocer a las personas que ven con poca frecuencia y para saber el día de la semana o la fecha a que estamos. Suele observarse también un enlentecimiento en la realización de las actividades que hace a diario, y dificultades para planear y ejecutar tareas complejas. Estos defectos se perciben, muchas veces, por la tendencia de la persona a abandonar la realización de tales actividades, aduciendo diferentes motivos como cansancio o incapacidad. Los problemas de atención y concentración son igualmente frecuentes y se acompañan de desinterés, menor participación laboral y social, tendencia al aislamiento y manifestaciones de impaciencia. Los cambios de humor y carácter como nerviosismo, inquietud, irritabilidad o tendencia a la tristeza son habituales, lo que lleva a que en numerosas ocasiones se atribuyan a una depresión cuando en realidad representan el inicio de una demencia. En algunos casos se constata la presencia de agresividad y comportamientos claramente anormales al principio de la enfermedad, hechos que suelen ser más propios de otros subtipos de demencia.
  2. A medida que progresa la enfermedad, todos los síntomas mencionados se hacen más evidentes y el paciente presenta problemas llamativos de memoria (se olvida y repite mucho las cosas), atención y concentración; está desorientado con respecto al tiempo y el espacio, y posteriormente también en persona, lo que limita tremendamente su autonomía personal (se pierde y necesita supervisión constante); su lenguaje se hace cada vez más limitado (menos palabras, frases más cortas) con dificultades crecientes para expresar sus ideas y para comprender lo que se le dice (es necesario repetirle) o lo que lee; es incapaz de planificar actividades con una mínima complejidad (dificultades de abstracción); la capacidad para realizar tareas como cocinar, comprar, conducir, vestirse o asearse es cada vez más reducida hasta que presenta lo que se denomina una apraxia franca, con dificultades para saber cómo utilizar adecuadamente instrumentos sencillos como un peine o los cubiertos; asociada a la apraxia suele haber agnosia o dificultad para reconocer objetos, partes del cuerpo, colores u otros distintivos; las capacidades para hacer cálculos (es incapaz de manejar y de conocer el dinero), escribir (se come letras o palabras hasta que no sabe coger el bolígrafo), dibujar (desde no dibujar un cubo hasta no ser capaz de trazar una línea), leer (al principio lee y comprende mal, y posteriormente no reconoce los símbolos escritos) o mirar la hora se deterioran dramáticamente; el paciente pierde el control de los esfínteres (orina y heces) y se hace incontinente, lo cual supone una importante carga para la familia. En muchos casos los síntomas psiquiátricos empeoran, presentando un aumento de la actividad motora sin objetivo (inquietud y vagabundeo), episodios de depresión, alteración del ritmo de sueño (se levanta mucho y se desorienta por la noche, y duerme más por el día), agitación y agresividad, delirios (que le quieren hacer daño, robar o abandonar) y alucinaciones (ve cosas que no existen) que le atemorizan y suelen aumentar su agresividad, rechazo a la comida (a veces cree que le quieren envenenar), comer sin control (demanda comida a cualquier hora y no recuerda haber comido), miedo y rechazo al baño, desinhibición (expresiones soeces
    o inapropiadas, desnudarse en público) y tendencia a la impulsividad (actuar irreflexivamente) y la reiteración (repetir expresiones, preocupaciones reales o no, y actos).
  3. En la fase más avanzada o terminal de la enfermedad el paciente pierde totalmente su capacidad para recordar, hablar, conocer y hacer nada, permanece en cama o sentado y necesita alimentación por sonda u otro sistema de alimentación asistida. Las úlceras por presión y las complicaciones respiratorias son frecuentes hasta que finalmente sobreviene la muerte.

“Lógicamente, cada paciente es diferente y no todos presentan el mismo grado de afectación en las diferentes áreas que hemos mencionado”, afirma el Dr. Álvarez. En la evaluación de un enfermo con esta enfermedad, y especialmente si está en estadios leve-moderado, es muy importante distinguir entre el deterioro cognitivo (memoria, lenguaje y otros aspectos), las alteraciones conductuales (comportamiento anormales) y la afectación de su capacidad funcional (en las actividades que realiza a diario). No es extraño que un enfermo con un deterioro cognitivo aparentemente moderado pueda desenvolverse mejor a diario que otro con una afectación cognitiva leve, y esto es especialmente cierto si concurren alteraciones de comportamiento o del estado de ánimo que complican su funcionamiento. “Cada una de estas tres áreas necesita de tratamiento específico destinado a mejorar memoria y otras capacidades mentales (fundamentalmente medicamentos), preservar o aumentar la capacidad funcional (programas de entrenamiento y recuerdo, y medidas de apoyo), y controlar las alteraciones de conducta o estado de ánimo (medicaciones y medidas como mantenerles en ambientes familiares)”, nos asegura.

¿Una enfermedad hereditaria?

Según el Dr. Antón Álvarez, la enfermedad de Alzheimer es hereditaria en algunos casos, y el hecho de tener antecedentes en la familia (personas que la han padecido) aumenta el riesgo de la descendencia de llegar a tenerla. Por tanto, aquellas personas con casos de demencia en varias generaciones son el primer grupo de riesgo que debe ser seguido de forma más estrecha. “Actualmente disponemos, además, de una herramienta de gran utilidad para este propósito como es la Genética. Ya se conocen varias características y alteraciones genéticas que predisponen a o producen demencia. El estudio de estos marcadores genéticos nos permite confirmar o descartar si una persona tiene algún factor de riesgo genético de los conocidos hasta el momento. En caso de haber antecedentes familiares y factores genéticos asociados, el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer es mucho más elevado y las medidas de seguimiento de estas personas también deben ser más estrictas”, afirma. “Afortunadamente, es de esperar que estas personas se puedan beneficiar de un diagnóstico y un tratamiento temprano en el futuro mucho más todavía que las que detectamos actualmente”.

21 DE SEPTIEMBRE: DÍA MUNDIAL DEL ALZHEIMER

El 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer, promovido por la Organización Mundial de la Salud. Según los expertos, esta patología que afecta en nuestro país a 400.000 personas, llegará a afectar en 2010 al 20% de los españoles mayores de 65 años debido al envejecimiento de la población, cifra preocupante y que situará a esta enfermedad en el problema más relevante por delante de las patologías oncológicas y cardíacas.

EL PLAN NACIONAL DEL ALZHEIMER PROPUESTO POR LA MINISTRA DE SANIDAD, CELIA VILLALOBOS, Y QUE SE PONDRÁ EN MARCHA ESTE AÑO, PREVÉ INFORMAR A LA SOCIEDAD SOBRE SU SIGNIFICADO Y LOS PROBLEMAS FAMILIARES QUE PRODUCE

SÍNTOMAS INICIALES DE ALERTA

  • Pérdidas de memoria en forma de despistes u olvidos. No hay que olvidar que una de las manifestaciones de la senilidad es la pérdida de memoria, sin que ello implique necesariamente un principio de Alzheimer.
  • Dificultad para recordar nombres de objetos, personas o fechas.
  • Cambios de humor y de carácter: nerviosismo, tendencia a la tristeza o irritabilidad.
  • Reducción de la atención y concentración, así como pérdida de interés por algunas cosas.
  • Limitación del lenguaje y a la hora de realizar tareas fáciles y cotidianas.



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