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La epilepsia. enfrentados al miedo social.

La epilepsia. enfrentados al miedo social.

Tener una crisis epiléptica
no significa necesariamente ser epiléptico. Es la repetición de las crisis lo
que determina la presencia de esta enfermedad neurológica que todavía hoy en
día sigue provocando una fuerte estigmatización social

En
la Antigüedad, la epilepsia era considerada un mal sagrado o el signo de la
cólera de los dioses. En la Edad Media, al menos en Occidente, se creía que una
crisis epiléptica era la mejor prueba de que una persona había caído presa del
diablo. Aunque afortunadamente todas estas creencias supersticiosas han muerto
con la modernidad, todavía hoy esta enfermedad sigue teniendo consecuencias
sociales y psicológicas que, según los expertos, sobrepasan a la importancia que
realmente tiene en términos médicos. De hecho, esta enfermedad que afecta a
400.000 españoles (ocho de cada mil personas) y de la que se diagnostican al
año 9.600 casos, ha dejado prácticamente de ser mortal y tiene un índice de
curación del 80 por ciento (8 de cada 10 pacientes), según datos de la Liga
Española contra la Epilepsia (LECE) y de la Sociedad Española de Neurología. Tanto
es así que la mayoría de los pacientes epilépticos están bien controlados y
toleran bien los tratamientos, lo que no impide que muchos enfermos vivan
escondiendo su enfermedad e incluso se avergüencen de ella. 

Un conjunto de síndromes

La
epilepsia no es una enfermedad concreta sino un conjunto de síndromes. Una crisis
epiléptica es la expresión clínica de un desarreglo pasajero de las neuronas o
células cerebrales. Normalmente, los mecanismos excitadores e inhibidores de
estos millares de células nerviosas se encuentran bien coordinados. Pero cuando
el equilibrio se perturba, la actividad de las células se amplifica y se
deforma brutalmente, algo que se conoce como descarga neuronal. Las
manifestaciones de la crisis dependen del origen topográfico (?el punto de
partida?), y de la propagación de esta descarga neuronal, distinguiéndose dos
grandes tipos de crisis: las crisis generalizadas, cuya descarga neuronal
afecta a una zona muy extendida del cerebro, y las crisis parciales, que
afectan únicamente a un pequeño sector.

Según
el doctor José Luis Herranz, jefe del Servicio de Neuropediatría del Hospital
Universitario Marqués de Valdecilla de Santander y autor del libro ?Vivir y
comprender la epilepsia?, existen hasta 
8 o 10 tipos distintos de crisis: espamos, ausencias, crisis de pérdida
brusca del tono muscular, crisis tónico-clónicas (convulsiones), mioclonías
(convulsiones en las manos), aunque todas ellas tienen en común su aparición
brusca y repentina. El tipo de crisis epiléptica más benigna son las ausencias,
además de que con un tratamiento adecuado desaparecen casi desde la primera
toma del medicamento. Según Herranz, habitualmente después de 2 años sin
ausencias se suele retirar la medicación, siendo raro que se produzcan
recaídas.

Crisis parciales y
generalizadas

  1. Durante una crisis parcial la pérdida de
    conciencia no aparece obligatoriamente. Las manifestaciones de la crisis
    varían en función de la zona en la que se produce la descarga neuronal:
    movimientos anormales de una parte del cuerpo, problemas del lenguaje,
    alucinaciones visuales, auditivas u olfativas, mordidas, etc.
  2. Las crisis generalizadas en sus manifestaciones
    más severas provocan convulsiones y pérdida de conocimiento, con una
    recuperación de la conciencia muy lenta, que hace que la persona no tenga
    recuerdo alguno de lo sucedido. Las manifestaciones menos severas de estas
    crisis generalizadas se conocen como ausencias, y se caracterizan por
    una atenuación o suspensión de la conciencia que a menudo pasa
    desapercibida, sobre todo en el caso de los niños.

Cuáles son las causas de la
epilepsia

Ésta
es aún una pregunta no resuelta. Una crisis de epilepsia es el resultado de la
unión de factores genéticos indiscutibles, pero también de factores adquiridos.
Se consideran como principales causas: la intoxicación alcohólica, los
accidentes vasculares cerebrales, los tumores cerebrales, el consumo de algunos
medicamentos, los traumatismos craneales, las disfunciones metabólicas, las
disfunciones del sistema nervioso central (una meningitis, abcesos cerebrales,
toxoplasmosis cerebral?), una mala práctica obstétrica, las convulsiones
febriles del niño y algunas enfermedades genéticas. Las epilepsias más
frecuentes, llamadas criptogenéticas, no tienen origen conocido.

¿Es peligrosa?

Una
crisis epiléptica en sí misma no es peligrosa. Lo que sí puede llegar a serlo
es el contexto en el que se produce: durante la conducción, haciendo trabajos
de bricolage, subidos en lo alto de una escalera o de un andamio, haciendo
esquí o alguna actividad acuática, etc. No hay que olvidar que el enfermo puede
hacerse daño con facilidad en el curso de una crisis tónico clónica después de
caer al suelo. Así, un epiléptico puede llevar una vida perfectamente normal, a
condición de que tome las debidas precauciones. El doctor Herranz insta a
prevenir la epilepsia evitando los traumatismos, procurando que los partos
sean asistidos y se desenvuelvan sin problemas, evitando enfermedades
infecciosas por medio de vacunas, y evitando tóxicos como el alcohol y las
drogas durante el embarazo.

Más frecuente en niños

Según el doctor Herranz, en 3 de cada 4 personas las crisis epilépticas
comienzan antes de los 15 años de edad, por lo tanto es la infancia la edad en
la que más frecuentemente comienzan a manifestarse las epilepsias. La segunda
franja de edad sería a partir de los 60 años y en estas personas es casi
siempre debido a accidentes cerebrovasculares por su edad.En los niños, las causas son más específicas y se deben a un trauma
producido durante el parto, meningocefalitis o accidente, lo que supone la
mitad de los niños epilépticos, ya que el resto se debe a causas genéticas.
Entre los 15 y 20 años suelen aparecer las epilepsias más características,
llamadas ?las crisis del gran mal?, con los síntomas más conocidos, como
pérdida de conciencia brusca, caída al suelo, convulsiones, mordedura de lengua
y espuma.  

Los casos de adultos: en
aumento

Actualmente,
los expertos han advertido del aumento de casos de epilepsia entre los más
jóvenes motivado por el consumo de drogas de diseño y alcohol, según indica el
doctor Fernando Mulas, delegado de la LECE en la comunidad valenciana. Muchas veces
las crisis únicas ocurren en días de salida nocturna que se está toda la noche
sin dormir, se consume alcohol y estas circunstancias son favorecedoras.Por otra parte, en los últimos años se ha producido un incremento de
casos en personas mayores, lo que supone entre el 10 o el 15% del total.
Además, se está asistiendo a la aparición de un segundo pico (entre 60 y 80
años), debido a la pérdida de la calidad de vida, ya que los órganos llevan
mucho tiempo viviendo y se deterioran, provocando disturbios vasculares y déficit
de irrigación cerebral que dan lugar a zonas isquémicas que irritan a las
neuronas vecinas y les hacen descargar.

Las técnicas de diagóstico

Cuando
las crisis epilépticas son características y repetidas, el diagnóstico es fácil
de establecer. La presencia de testigos y la descripción del ataque epiléptico resultan
vitales a la hora de establecer un diagnóstico, ya que es frecuente que la
persona que lo sufre no recuerde nada. Su examen clínico puede revelar signos
evocadores (bocados en la lengua, pérdidas de orina?). Tres exámenes
complementarios son capitales para el diagnóstico correcto de la enfermedad: el
electroencefalograma (EEG), el escáner, y/o la resonancia magnética. 

El electroencefalograma registra la actividad eléctrica cerebral. Completamente
indolora, esta prueba permite estudiar la actividad del cerebro en reposo, pero
también en estado de activación, es decir, cuando la persona abre y cierra los
ojos, respira profundamente o es sometida a destellos luminosos. Si un
electroencefalograma normal no excluye la posibilidad de crisis epilépticas, un
trazado anormal, con presencia de elementos paroxísticos, da un diagnóstico
positivo.

La resonancia magnética cerebral es útil para detectar la presencia de algún problema
cerebral que esté ocasionando la enfermedad epiléptica, como un tumor, o un
posible accidente cerebro vascular antiguo o una malformación vascular que haya
pasado inadvertido, y que hayan podido ser la causa de la crisis. En la gran
mayoría de los casos, no obstante, la resonancia magnética suele ser normal.

Cuándo tratar

El
tratamiento va en función del origen de la crisis. Tal y como indica el doctor
Herranz, la elección del fármaco se hace de manera individualizada considerando la
edad de la persona, el sexo, el tipo de crisis epilépticas, el tipo de síndrome
epiléptico y otros factores menos importantes. Con todos estos factores se
elige uno de entre los 14 fármacos antiepilépticos de que se dispone en la
actualidad teniendo como meta suprimir las crisis con una buena tolerabilidad
del medicamento (sin efectos secundarios).Generalmente, si la causa no ha sido determinada y únicamente se ha
producido una crisis epiléptica, existe una probabilidad de hasta el 30 %  de que no se repita, por lo que el médico no suele
prescribir tratamiento alguno. De todas formas, la opinión del neurólogo y un
seguimiento regular son siempre indispensables. Por el contrario, cuando las
crisis se repiten es indispensable poner a la persona bajo tratamiento.

Nuevos fármacos

Si
entre los años 60 y 90 se desconocían fármacos específicos para la epilepsia,
en la actualidad ya existen diez fármacos que consiguen hasta un 80 % de curaciones.
Pero en ocasiones, hasta dar con el medicamento adecuado hay que probar y
ensayar con el que más conviene. Según el doctor Herranz, se están
estudiando los factores que condicionan la resistencia de las epilepsias, algo
que parece estar relacionado con un exceso de una proteína que se llama
glucoproteína p y que cuando está excesivamente expresada en esa persona impide
que el fármaco antiepiléptico o antitumoral actúe. De todas formas, un
epiléptico que se encuentra bajo tratamiento no debe nunca interrumpir su
tratamiento por sí mismo. Según el doctor Herranz, si en alguna ocasión el
paciente se olvidara de tomar su medicamento hay que recuperar la toma cuanto antes,
sobre todo en los que fármacos que llamamos de vida media corta (por ejemplo el
valproato y la carbamacepina), con los cuales si se pierde una toma baja
inmediatamente la concentración en sangre. El abandono del
tratamiento bajo la supervivencia del médico debe hacerse siempre
progresivamente, ya que una interrupción brusca de los medicamentos puede
precipitar una crisis.

La cirugía, no en
todos los casos

Cuando la enfermedad es grave y no responde a ningún tratamiento, la
cirugía puede ser una solución para curar al paciente. Eso sí, únicamente son
operables los casos de crisis parciales. Si al cabo de dos años de tratamiento
correcto, la persona continúa teniendo entre una crisis epiléptica a la semana y
una al mes (en ocasiones se repiten mucho más), el neurólogo procede a
establecer los registros de las crisis. En función de su dinámica, de su
localización en el cerebro y también de los resultados de los exámenes
neuroradiológicos, el neurólogo podrá proponer una intervención. Pero ello a
condición de que las crisis se produzcan en una zona ?muda?, es decir, en una
zona no funcional o poco funcional del cerebro, y a cierta distancia de la
región motriz, del área del lenguaje y del cortex visual, de forma que no
exista riesgo de provocar ningún daño cerebral complementario. Por suerte, una
de las formas más frecuentes de epilepsia, que afecta a la zona temporal
interna (derecha o izquierda), y muy resistente a los tratamientos
farmacológicos, puede beneficiarse de la cirugía. En este caso, la operación,
que consiste en extirpar, bajo anestesia general, la región cerebral
epiletógena, entraña un 90 % de las curaciones.

Una buena higiene de vida

Cuando
una persona es epiléptica, determinadas circunstancias pueden desencadenar una
crisis, incluso aunque se esté bajo tratamiento: falta de sueño, consumo de
alcohol, agotamiento, estrés, consumo simultáneo de otros medicamentos, olvido
de la dosis farmacológica correspondiente, tratamiento insuficiente, etc. La privación
de sueño es uno de los factores desencadenantes más importantes de la
epilepsia. Además, según la Sociedad Española de Neurología, el calor puede
agravar los síntomas de algunas enfermedades neurológicas como la epilepsia, si
se duerme menos horas, al favorecer que el impulso nervioso se propague más
lentamente originando un importante cansancio. Por lo tanto, los médicos
recomiendan dormir suficientemente y con horarios establecidos, así como evitar
todo lo que pueda excitar el cerebro y desencadenar una crisis. La televisión,
los videojuegos, y el ordenador no están contraindicados, salvo en el caso de
los llamados epilépticos fotosensibles, es decir, sensibilizados a los
estímulos luminosos intermitentes. Esta forma de epilepsia es poco frecuente y
no llega a alcanzar al 5 % de las epilepsias. En definitiva, los epilépticos
deben llevar una vida lo más normalizada posible, limitando la práctica de
ejercicio a aquellos en los que en caso de producirse una crisis, no existiera
riesgo alguno para el epiléptico. Ejercicios contraindicados son, por ejemplo,
el alpinismo o el submarinismo. El resto, ya sean colectivos o individuales,
están autorizados, incluyendo los ejercicios de combate como el kárate o el
judo.

Conducir, ¿está permitido?

Según
la Sociedad Española de Neurología, una persona epiléptica puede obtener el
carné de conducir, siempre y cuando no hayan aparecido crisis epilépticas
convulsivas o crisis con pérdida de conciencia durante el último año. En los
casos de los permisos especiales (C1, C1, C, C, D1, D1, D, D) sólo
podrán obtener el carné aquellas personas que no hayan precisado de tratamiento
ni hayan sufrido crisis durante los últimos cinco años. Para prorrogar el
permiso, los afectados de epilepsia con crisis convulsivas o con crisis de
pérdida de conciencia deberán aportar informe favorable de un neurólogo en el
que se haga constar el diagnóstico, el cumplimiento del tratamiento, la
frecuencia de las crisis y la indicación expresa de que el tratamiento
farmacológico prescrito no impide la conducción. Además, el período de vigencia
del permiso o licencia será de dos años como máximo. En el caso de ausencia de
crisis durante los últimos tres años, el período de vigencia se prolonga a
cinco años como máximo.

Los neurólogos han
denunciado la falta de acceso de los epilépticos a las unidades especializadas
en España, y la escasez de especialistas en comparación con otros países
europeos

Las convulsiones
febriles

Según el doctor Herranz, el riesgo de que las convulsiones febriles
(provocadas por variaciones bruscas de temperatura), den epilepsia en el futuro
depende de una serie de factores: número de convulsiones, duración y
antecedentes de epilepsia en la familia. Cuando se unen varios de estos
factores el riesgo de epilepsia posterior suele estar en torno al 3 o 5%. Es
decir, ocho veces más que en la población general sin tipo de convulsiones
febriles. Si solamente tiene un factor de riesgo la probabilidad de epilepsia
posterior va a ser semejante a la de la población general que está en tornoal 1%.



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