La escalada de la DEPRESIÓN

La depresión es un problema de salud mental muy común en todo el mundo: la  Organización Mundial de la Salud -OMS- calcula que en el año 2020 se convertirá en la segunda causa más común de discapacidad. En Europa, sin embargo, escala posiciones y esta enfermedad ya aparece en varios estudios como primera causa, por delante de enfermedades como la cardiopatía isquémica, la artritis, el asma o la diabetes.


En nuestro país la prevalencia de personas que padecen depresión se sitúa en torno al 5 por ciento, sin embargo, sólo un 10 por ciento llega al psiquiatra y el resto de afectados acude al médico general, a otros especialistas o no visitan a ningún médico, según revelaba recientemente la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM). Las razones por lo que se da esta situación son varias y complejas, pero probablemente uno de los factores fundamentales es el estigma asociado a esta enfermedad y el prejuicio social. Es muy común, además, subestimar la importancia de este trastorno y considerarlo como una debilidad del que la padece, que se puede superar con fuerza de voluntad.

Depresión y tristeza

La tristeza de un trastorno depresivo difiere en grado y cantidad de la tristeza que sufre una persona en momentos en los que la vida es especialmente difícil. Generalmente, los estados normales de dolor o tristeza tienen efectos menos profundos y duran menos tiempo que los de una depresión importante. Si la persona sufre depresión, estamos hablando de una enfermedad, que además se acompaña de otros rasgos. Según la FEPSM, los síntomas pueden estructurarse en cinco grandes áreas:
• Trastornos de la afectividad: tristeza, apatía, ansiedad, irritabilidad…
• Del pensamiento: enlentecimiento, negatividad, pérdida de autoestima, ideas de culpa, entre otros.
• Alteraciones en la conducta: como abandono personal, hipotonía general, inhibición/agitación, aislamiento o llanto.
• Incidencia en los ritmos biológicos: inicio en primavera-verano, mejoría vespertina y despertar precoz.
• Síntomas somáticos: anorexia, pérdida de peso, insomnio/hipersomnia, astenia, disfunciones sexuales…

En busca del origen

Aunque la causa directa de una depresión no está del todo clara, sí se sabe que en los sujetos deprimidos existe una alteración de algunos neurotransmisores cerebrales (sustancias químicas que las neuronas utilizan para comunicarse entre sí y son fundamentales para el correcto funcionamiento del sistema nervioso). Algunas alteraciones en la bioquímica del organismo pueden también producir depresión. Así puede ocurrir en las enfermedades crónicas, el posparto, con el consumo de drogas o algunos fármacos, con los cambios hormonales o incluso con determinados hábitos de vida. Otras veces la depresión no tiene un desencadenante claro, y su origen por lo general es multifactorial, actuando distintos factores de origen genético, neurofisiológico y cultural.


La depresión afecta más a las mujeres; su incidencia aumenta con la edad (siendo las edades más proclives las comprendidas entre los 18 y 44 años); y hechos sociales como vivir sin pareja, estar en paro, ser jubilado o estar de baja y vivir en grandes ciudades se apuntan como los principales factores de riesgo. La enfermedad adopta distintos rasgos y formas según quién la padezca:

Mujeres. “Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la depresión y la ansiedad son las principales enfermedades relacionadas con la discapacidad de la mujer en el mundo. La frecuencia de ambos trastornos en las mujeres es el doble que en el hombre desde la pubertad hasta la mediana edad”, explica la profesora Donna Stewart, presidenta de la Asociación Internacional para la Salud de la Mujer de la Asociación Mundial de Psiquiatría.

Las causas
La relación que existe entre los estrógenos, la hormona femenina, y la síntesis de la serotonina, un neurotransmisor implicado en numerosos problemas psiquiátricos como la depresión, explica la aparición de este tipo de problemas asociados a los ciclos reproductivos en la mujer. Así, en cada ciclo en el que hay un descenso de la producción de estrógenos, aumenta el riesgo de padecer algún tipo de trastorno depresivo.

Las féminas también se ven afectadas por circunstancias ambientales que precipitan su desarrollo, explica la profesora Stewart: las mujeres de un nivel socioeconómico más bajo, si además tienen un nivel cultural también bajo, y aquellas que han sido víctimas de abusos en la infancia o etapas posteriores, tienen un riesgo muy alto de padecer depresión.


Ancianos. La depresión es el trastorno mental más frecuente en los ancianos. En ellos la tristeza como síntoma nuclear puede tener menos importancia afirma el doctor José Ángel Arbesú, coordinador del Grupo de Trabajo de Salud Mental de Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) “y presentan una sintomatología somática importante, así como hipocondrías y suelen presentar cambios en su forma de ser, como volverse más irritables y menos sociables”.

Las causas
Según explica Arbesú: “Los pacientes ancianos padecen mas enfermedades crónicas discapacitantes, algunas de ellas como las neurológicas alteran las vías neuroquímicas y los neurotransmisores cerebrales, al igual que otras alteran los ejes neuroendocrinos, pudiendo actuar como causa de depresión. La deficiente adaptación a las enfermedades que van surgiendo con el envejecimiento puede así mismo ser un desencadenante de la depresión en el anciano”.


Niños y adolescentes. Hace algunos años se pensaba que los niños no sufrían depresiones, algo que lamentablemente no es así. Sin embargo, el trastorno se hace más preocupante en la adolescencia, donde no llama tanto la atención por su incidencia como por el riesgo de suicidio asociado, una de las principales causas de muerte a estas edades.
Las causas
Igual que en los adultos, las causas de la depresión infanto-juvenil responden a la combinación de una serie de factores como la historia familiar, la salud física, las experiencias traumáticas, el perfil genético y las alteraciones en la bioquímica cerebral. El riesgo aumenta cuando existen antecedentes de depresión en otros miembros de la familia. En los adolescentes, además, influye la inseguridad e incluso la infelicidad relativamente habituales durante algún momento de la adolescencia, así como el consumo de alcohol o estupefacientes.


Solteros, parados, urbanitas… Existen otras circunstancias propiciatorias: el riesgo se eleva en personas que han sufrido experiencias traumáticas durante la infancia y los acontecimientos difíciles de superar, como la pérdida de un ser querido, pueden desencadenar una depresión. También las situaciones crónicas de estrés (en el trabajo, en la familia). Los desempleados (los que llevan en paro más de seis meses pueden tener hasta tres veces más riesgo de desarrollar un cuadro depresivo), los solteros y los que viven en las grandes ciudades también tienen mayor riesgo de contraer la enfermedad.
Las causas
Vivir sin pareja es un factor de riesgo a la hora de sufrir depresión y es que una de las mayores aportaciones del matrimonio a la salud, es la disminución del estrés. Un grupo de científicos de la Universidad de Michigan (EEUU) ha publicado un estudio en  el que deja patente que asumir los problemas entre dos personas provoca menos quebraderos de cabeza. Y el apoyo psicológico que se prestan los miembros de la pareja reduce el riesgo de enfermedades mentales relacionadas con el estrés, la ansiedad y la depresión.
Las tasas de depresión también son estadísticamente mayores en las zonas urbanas que en las rurales, quizá debido a la vida más estresante y la falta de comunicación típicas de las grandes ciudades.



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