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La farmacia en los tiempos de crisis

La farmacia en los tiempos de crisis

El título toma como modelo la  novela de García Márquez llena de nostalgias en la que el escritor relata, con su mágico estilo, cómo era  posible el amor en los tiempos del cólera, allá en la Colombia de principios del siglo XX.

La crisis galopante que asola a las economías del mundo entero también está visitando las farmacias que, sin embargo, hacen viable el servicio sanitario aunque los recursos vayan recortándose de forma paulatina. Algunos argumentos, que tanto daño han hecho a los derechos sanitarios de los ciudadanos durante las últimas décadas, empiezan a retroceder ante la realidad de este insolidario mundo donde el capitalismo sólo ha entendido, entiende y seguirá entendiendo  de cuentas de resultados y rentabilidades. Ya nadie defiende a ultranza, y para todo, la libre competencia o la desregulación salvaje.

Como se ha visto en el XVI Congreso Nacional Farmacéutico que se ha celebrado recientemente en Badajoz, el modelo farmacéutico español ha sido cuestionado desde las altas instituciones europeas que sólo fijan sus criterios en el libre mercado. Mientras, las farmacias de nuestro país  han seguido optando por tratar de mejorar las prestaciones al ciudadano. Afirman los dirigentes profesionales que el modelo español es más para imitar que para cambiar. No olvidemos que las 20.941  farmacias españolas cubren todo el territorio nacional,  con un promedio nada desdeñable de dos farmacéuticos por farmacia.

En las boticas se promocionan actividades y campañas en beneficio de la salud de los ciudadanos, con una amplia labor de asesoramiento en la dispensación de los medicamentos y el desarrollo de una eficiente colaboración institucional con las administraciones en  políticas asistenciales. Los profesionales se han mantenido firmes, frente a las presiones del capital y los defensores del libre  mercado, valorando  al medicamento como un bien sanitario  destinado a un paciente concreto  y sabiendo que están equivocados los que piensan que no es más  que un simple producto de consumo destinado al comprador habitual. En ese caso, serían válidas todas las políticas que incentivaran el consumo, incluida la nada desdeñable estrategia de la venta por impulso

¿Se lo imaginan? Tome aspirina; dos mejor que una. Como bien dice Carlos Herrera en su programa matinal de radio, alguien debería hacérselo mirar.

 

Por José Vélez García-Nieto, de la Asociación Española de Farmacéuticos de Letras y Artes


 



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