ESTÁS LEYENDO...

La gota, una enfermedad de reyes.

La gota, una enfermedad de reyes.

Antiguamente, comer carne era privilegio de reyes y
nobles.  De ahí que la gota fuera una
enfermedad muy arraigada en las clases altas y que hiciera presa en Felipe II, uno
de nuestros reyes más emblemáticos

La silla de mano que se
conserva en el Monasterio del Escorial llevaba al rey Felipe II en sus
desplazamientos cuando estaba completamente impedido por la gota. Una anécdota
cuenta que este rey regaló un cesto de patatas al Papa para que aliviase los
ataques de gota de uno de sus cardenales. Un sabio conocimiento que ya
arraigaba en el siglo XVI, puesto que la patata y otras féculas siguen siendo
muy útiles para contrarrestar los ataques agudos de gota.

Qué es la gota

La gota es un trastorno
hereditario del metabolismo de las purinas (componentes de ciertas proteínas,
las nucleoproteínas), por el cual se acumulan concentraciones anormales de
ácido úrico en la sangre. Como consecuencia, se forman unas sales (uratos de
sodio) que pueden depositarse en articulaciones pequeñas y tejidos vecinos
(tofos). Estos depósitos a su vez pueden dañar las articulaciones y dar lugar a
una artritis crónica. La enfermedad, que suele ocurrir después de los 35 años,
puede presentarse de forma aislada o acompañarse, en algún momento de la evolución,
de litiasis renal úrica (véase capítulo de cálculos renales) y/o de la llamada nefropatía gotosa.

El dolor: un síntoma terrible

Quienes han tenido alguna vez
un ataque de gota, relatan el dolor como algo horrible y punzante, que obliga a
evitar el menor roce con la ropa o cualquier objeto. El dolor en la base del
dedo gordo del pie suele marcar la primera crisis, dolor que suele continuar
hacia arriba de la pierna y que también puede producirse en articulaciones
mayores. Las articulaciones afectadas pueden enrojecerse y calentarse por
acción de la inflamación, apareciendo hinchadas y muy tensas. Una vez superado
el ataque, los tratamientos deben encaminarse a mantener los niveles de ácido
úrico dentro de unos límites estables, para evitar recaídas.

Hablan los análisis

Para conocer los niveles de
ácido úrico presentes en nuestro organismo es necesario realizar un análisis de
sangre, para el cual se debe ayunar al menos cuatro horas antes de realizarlo. Además,
el médico también puede recomendar la suspensión de los medicamentos que puedan
afectar el examen (por ejemplo, el alcohol, el ácido ascórbico, el ácido
acetilsalicílico, la cafeína o los medicamentos diuréticos pueden aumentar las
mediciones de ácido úrico). Los valores normales de ácido úrico se sitúan entre
3 y 7 miligramos por decilitro de sangre (mg/dl), valores que pueden variar ligeramente de un
laboratorio a otro.

Sin embargo, hay
que decir que niveles elevados de ácido úrico no tienen por qué evidenciar
siempre la presencia de gota. De hecho, pueden indicar acidosis,
alcoholismo,
diabetes, hipoparatiroidismo, leucemia, envenenamiento
por plomo, nefrolitiasis, insuficiencia renal, o
simplemente una dieta rica en purinas o ejercicio extenuante. Por el contrario,
unos niveles por debajo de los índices normales pueden entrever el llamado Síndrome de Fanconi, la Enfermedad de Wilson o una hiponatremia debilitante, o simplemente una dieta baja en
purinas.

Los niveles altos de ácido úrico exigen una moderación
en la dieta. Una comida copiosa o una cura de ayuno pueden precipitar un ataque
de gota en igual medida

Consejos dietéticos

  1. Reducir
    el consumo de alimentos ricos en purinas
    : vísceras como mollejas, hígado o riñones, carnes rojas, pescados
    azules (sobre todo las anchoas), y mariscos. Los expertos recomiendan que
    pasados los 30 años todos controlemos el consumo de alimentos ricos en
    ácido úrico. Una dieta totalmente restrictiva en purinas puede descender
    los niveles de ácido úrico entre 0,6 y 1,8 mg/dl de sangre.
  2. No
    abusar de las legumbres
    , ya que
    tienen un contenido moderado de purinas. Lo ideal es no consumirlas más de
    una vez por semana.
  3. Reducir
    o suprimir las bebidas alcohólicas
    ,
    ya que pueden dar lugar a una crisis aguda de gota, al incrementar
    considerablemente los niveles de ácido úrico.
  4. No
    abusar de las grasas
    , ya que el
    ácido úrico reduce la excreción de suratos por
    la orina, lo que favorece la formación de cálculos en el riñón.
  5. Aumentar
    el consumo de hidratos de carbono
    complejos
    frente a los sencillos. Los cereales, féculas como la patata y las verduras
    pobres en purinas estimulan la excreción de uratos.
  6. Aumentar
    el consumo de líquidos
    ,
    fundamentalmente de agua, infusiones, zumos. Las bebidas carbonatadas son
    buenas para alcalinizar la orina.

Consejos farmacológicos

Además de la dieta, el
tratamiento de la gota debe incluir la administración de agentes reductores del
ácido úrico o de agentes aumentadores de la excreción renal. El tratamiento
farmacológico debe administrarse cuando la inflamación articular se haya
reducido, ya que los descensos bruscos de ácido úrico pueden desencadenar un
episodio agudo de gota. El medicamento utilizado como medida preventiva para
reducir las inflamaciones es la colchicina.

Los medicamentos utilizados
suelen ser de dos tipos:

  1. Los que reducen los niveles de ácido úrico
    gracias a la disminución de la producción de ácido úrico (alopurinol).
  2. Los que aumentan su excreción a nivel renal
    (fármacos urisocúricos).


COMPARTIR Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestBuffer this page