La gripe.

Los primeros datos que tenemos sobre
la gripe datan del año 412 antes de
Cristo cuando Hipócrates describió un brote de esta enfermedad.

El primer registro de una gran
pandemia de gripe se refiere a la que ocurrió en Europa en el año de 1170 d.C.,
a la que siguieron por lo menos 47 epidemias importantes en el viejo
continente. El primer brote indiscutible ocurrió en Europa en 1510 y fue
descrito por Willis y Sydenham. Entre las grandes pandemias del pasado destaca
la de 1580 por su amplia difusión y gran virulencia. Se originó en Asia y desde
allí se extendió a Europa. Según los cronistas fue bastante grave en España,
donde diezmó la población de Madrid y en 10 días infectó a 20 mil personas en
Barcelona. La epidemia casi da al traste con la conquista de Portugal; Felipe
II enfermó gravemente y su mujer Ana de Austria murió. En 1781 ocurrió otra
epidemia no muy virulenta que se cebó en los adultos jóvenes. Este hecho
volvería a ser observado en la epidemia de 1918.

En el siglo XIX hubo dos olas epidémicas,
en 1847 y en 1892. En esta última la morbilidad alcanzó entre 40 y 70% de la
población. Parece ser que, a partir de esta pandemia, la gripe se tornó
endémica en gran parte del mundo.

Pero en 1918 el mundo entero fue
azotado por una nueva pandemia de gripe que causó más de cuarenta millones de
muertos. Esta pandemia, que se
conoció con el nombre de Gripe Española, fue una de las peores crisis de
mortalidad de la Historia.

Todavía hoy existen múltiples
interrogantes sobre la extraordinaria virulencia del virus, la selectividad de
la mortalidad que causó y su origen. En España murieron más de un cuarto de
millón de personas, cifra sólo comparable a la que se calcula que causó la
guerra civil, a pesar de que las cifras oficiales redujeron las víctimas a solo
147.114. Pero el país más castigado fue la India, donde fallecieron 15 millones
de los afectados por la epidemia, alcanzando la mortalidad, en ciertas zonas,
al 20% de la población.

Se le denominó Gripe Española, pero,
contrariamente a lo que se cree, no se originó en España, sino en Estados
Unidos, al menos eso afirma el doctor Warren Vaughan (1892-1944). Vaughan dice
que el nuevo organismo apareció en un campamento militar de Kansas (Estados
Unidos) el 4 de marzo de 1918 y el movimiento de tropas estadounidenses para
participar en la Gran Guerra trasladó la infección al viejo continente. No será
hasta 1933 cuando los científicos logran aislar el organismo y lo clasifican
por sus antígenos de superficie: A hemaglutinina 1 y neuraminidasa 1, o subtipo
H1N1. Desde entonces, el virus
sobrevive mediante mutaciones a todos los esfuerzos del ser humano de darle
muerte o controlarlo, y, cada tanto, da un zarpazo.

En la virulencia de la epidemia
gripal de 1918 se aunaron varios factores que provocaron más del doble de
víctimas que la Gran Guerra. En primer lugar, la específica mutación del virus
gripal de ese año. Existe la teoría de que fue el resultado de una
recombinación genética entre un virus animal, concretamente la gripe porcina, y
otro humano, ante la cual la memoria inmunológica de la humanidad era
inexistente. En segundo
lugar,  la Gran Guerra fue decisiva para su expansión: los primeros casos
aparecieron en Kansas, el 4 de marzo de 1918, entre soldados del ejército
norteamericano que esperaban acuartelados su traslado a Europa. Más de un
millón de ellos llegaron a Francia, por lo que a las pocas semanas el virus
gripal ya había invadido los puertos franceses. Es curioso que, a pesar de este
claro origen norteamericano, (en EE.UU. causó unas
600.000 muertes), la enfermedad fuese conocida como Gripe Española.

La segunda gran epidemia de la Era Moderna se produjo en 1956 y tuvo su origen nuevamente en el virus
de la gripe A, en este caso el subtipo
H2N2
. Desde esa fecha, epidemias no tan graves originadas por
diversos subtipos (H1N1, H3N2) del virus de la gripe A y del B se han producido
por todo el mundo.

Hoy en día se conocen varios tipos
de virus de la gripe: A, B y C. El primero es el más contagioso, a él se le
atribuyen millones de muertes y gran número de pandemias.

En todo el mundo, existen 110 centros designados por la
Organización Mundial de la Salud (OMS) para seguir la gripe, cuatro de ellos
sirven de referencia internacional: Atlanta, en Estados Unidos; Londres, en el
Reino Unido; Melbourne, en Australia, y Tokio, en Japón. Todos ellos
contribuyen
a confirmar los diagnósticos, mientras que la vigilancia de emergencias se realiza en
Hong Kong y el en sureste de China.

Cada año a mediados de febrero, la
OMS convoca una reunión donde asisten los representantes de los cuatro centros
de referencia, laboratorios e investigadores para predecir cuál cepa del virus de la gripe predominará en el próximo año,
en base a la información obtenida por su sistema de vigilancia de la gripe y
elaborar las vacunas correspondientes.



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