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“La medicina antiaging no previene el envejecimiento”, según el doctor Jesús Mª López Arrieta

“La medicina antiaging no previene el envejecimiento”, según el doctor Jesús Mª López Arrieta
La esperanza de vida en el mundo industrializado ha aumentado significativamente en el último siglo. Pese a las lógicas ventajas asociadas a esta mayor longevidad, el propio hecho de envejecer implica una paulatina pérdida de funciones y una tendencia a la incapacidad y dependencia. Para la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG), esta pérdida puede manejarse y retrasarse mediante una geriatría preventiva. “Aunque hoy por hoy no hay nada que frene el envejecimiento, sí es posible llegar a una edad avanzada en buenas condiciones físicas e intelectuales”, explica el doctor Jesús María López Arrieta, expresidente de la SEMEG.

 
Los geriatras afirman que la denominada medicina antiaging es una variante más de las “curas milagrosas”, pero la realidad demuestra que fuera de los efectos puramente cosméticos, ningún producto, técnica o fármaco ha demostrado mediante pruebas o ensayos clínicos controlados reducir el envejecimiento.
 
“Lo que no se puede evitar es que nos salgan arrugas, que disminuya la velocidad de la marcha, el cansarnos más ante el ejercicio o la disminución de la reserva funcional de los órganos. Todos estos aspectos son inherentes al paso del tiempo y no tienen que verse como algo negativo”, sostiene el doctor López Arrieta. “Hay que mirar a la vejez como una etapa en la que uno puede relacionarse con sus familiares y amigos desde la perspectiva que da el tener mayor conocimiento, y además es un momento excelente para disfrutar de la vida desde un punto de vista más lúdico”.
 
Llevar durante la juventud una vida sana también tiene su reflejo en la vejez. “En el envejecimiento hay una parte genética, contra la que es más difícil luchar, y otra que depende del entorno”, explica este experto. “Realizar actividad física, seguir una dieta adecuada, tener unos hábitos estructurados en función del momento del día y prevenir los factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión, la diabetes y el colesterol, pueden evitar hasta un 30 por ciento del aspecto patológico del envejecimiento –las enfermedades asociadas”.
 
En España, como en los países de su entorno, se incrementa exponencialmente el número de personas mayores cada año. Con un índice de envejecimiento del 17,4%, lo que supone casi ocho millones y medio de personas de más de 65 años y con unas previsiones de duplicarse en los próximos 40 años, “lo que debemos hacer es plantear propuestas sensatas para paliar los efectos del envejecimiento sobre los individuos, como son la discapacidad y la dependencia. La solución ya está inventada y se llama Geriatría”, concluye López Arrieta.
 
Prevenir la fragilidad
La fragilidad es una condición que antecede a la discapacidad y que está intrínsecamente unida al fenómeno biológico del envejecimiento, a través de una pérdida de reserva fisiológica que coloca al paciente en un estado de mayor vulnerabilidad ante situaciones de estrés. Todo ello deriva en deterioro funcional y cognoscitivo, así como en morbilidad y mortalidad.
 
Tal y como explica el expresidente de la SEMEG, “el modelo que propone la Geriatría es atender a los mayores frágiles, porque son ellos los que más se van a beneficiar de la atención sanitaria especializada. Los ensayos clínicos demuestran que cuando los ancianos ingresan en Unidades de Agudos y Subagudos de Geriatría, tienen más probabilidades, tras recibir el alta, de volver a su domicilio en mejor situación funcional que si son tratados por médicos no especialistas”.
 
La atención sanitaria especializada en el individuo anciano es la que ha demostrado efectividad y eficiencia cuando se ofrece desde los servicios de Geriatría Hospitalaria. “Eso significa que la existencia de Unidades específicas, de Agudos para la enfermedad aguda y de Recuperación Funcional para la enfermedad subaguda potencialmente recuperable, que cuentan con equipos multidisciplinares y que realizan valoración geriátrica integral a cada paciente, permite conseguir resultados beneficiosos en términos de disminuir la dependencia, mejorar la autonomía y la calidad de vida. Todo ello a un menor precio que la atención no especializada y que los productos, tests y cremas que “vende” la medicina antienvejecimiento”, concluye López Arrieta.




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