La policonsulta.

  • A ver por dónde empiezo.
  • Pues usted dirá.
  • Éste que ve usted tan tranquilo en mis brazos, por la noche es una matraca.
  • Será de la dentición.
  • ¿Y qué hay para eso?
  • Un líquido con esencia de clavo.
  • ¿Y cuánto vale?
  • 4,8 euros, o sea, 800 pesetas.
  • ¡Válgame el cielo, qué caro! Para eso le doy con el clavo que le echo a los claveles.
  • Pruebe usted… ¡Mientras no lo envenene…!
  • ¿Y de éste?, ¿qué me dice usted de éste, que se come las uñas hasta los codos?
  • Hay otro líquido que…
  • ¿Y cuánto vale?
  • 3 euros, o sea, 500 pesetas.
  • ¡Válgame el cielo, qué caro! Para eso le pongo al niño unas manoplas.
  • Tampoco es mala idea…, mientras no se las quite a mordiscos.
  • Otra cosa. A mi Conchita se le está cayendo el pelo a chorros, ¿qué hay para eso?
  • Existen unas ampollas muy buenas con una sustancia…
  • ¿Y cuánto valen?
  • 9 euros, o sea, 1.500 pesetas.
  • ¡Válgame el cielo, qué caro! Para eso le compro una peluca.
  • Si acaso espere a que se le quede calva del todo.
  • ¡Si es que esto es horroroso! Cada hijo un problema y una mirando por la economía de la casa, pero sin querer que le falte nada a mis niños.
  • Ya lo veo.
  • Mi Antonio, sin ir más lejos, que está en pleno crecimiento, no me come nada. ¿Hay algo para eso?
  • Un antianoréxico muy nuevo a base de hierbas…
  • ¿Y cuánto vale?
  • 12 euros, o sea, 2.000 pesetas.
  • ¡Válgame el cielo, qué caro! A mi Antonio le pongo yo a pastar en el campo.
  • Mientras no se coma una ortiga…!
  • Si es que no puede ser. Está una pendiente de toda la familia y procurando que no les falte de nada… Si hay que hacer un esfuerzo se hace, pero todo tiene un límite, porque mi marido no gana… ¿por cierto, qué tiene usted para el olor de pies?
  • Hay también unos polvos muy buenos y unas…
  • ¿Y cuánto valen?
  • El tratamiento completo de treinta sobres vale 18 euros, o sea, 3.000 pesetas.
  • ¡Válgame el cielo, qué caro! A mi marido le ato yo en los pies dos bolsas del súper y a tirar para adelante.
  • Mientras no le salgan hongos…
  • ¡Es que yo soy muy sufrida y estoy pendiente de todos, pero hay cosas, como los malos olores, que no soporto y además ronca que parece que se va a romper la garganta.
  • ¿No querrá usted saber si hay algo para los ronquidos? Pero seguro que le parece caro…
  • ¡Oiga, que le noto a usted un retintín como si una fuera avara!
  • ¡Qué va, mujer!, ¡ni lo piense!
  • Por cierto, que antes me ha hablado usted de los hongos y es que como una servidora no se echa cuenta y sólo está pendiente de los demás me he acordado que llevo unos días con picores entre los dedos de los pies y me ha dicho mi vecina que pueden ser hongos. ¿Hay algo bueno para los hongos?
  • ¡Mucho abono, señora, mucho abono!


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