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La pubertad. una revolución hormonal.

La pubertad. una revolución hormonal.

En esta etapa de cambios, el diálogo padres-hijos
adquiere tal trascendencia que puede ser definitivo en la formación de la
personalidad adolescente

Si hasta los 10-11 años los
cambios en el niño se producen de forma progresiva, a partir de los 11-13 años
en las chicas y uno o dos años más tarde en los chicos, estos cambios  se suceden de forma brusca y repentina: es la
pubertad, una etapa en la que se producen una serie de cambios anatómicos que
constituyen una auténtica metamorfosis para los chicos y las chicas, y que forzosamente
afectan a su faceta psicológica. Asumir con naturalidad estos cambios puede
resultar una ardua tarea para los chicos y los padres.

?Hormonodependientes?

Al inicio de la pubertad
comienza un proceso de estimulación de la secreción de las hormonas gonadotropinas
hipofisarias, implicadas en el desarrollo de las
glándulas genitales (ovarios y testículos). Este proceso tiene lugar en el
cerebro, y en él se ven implicados el hipotálamo y la hipófisis. Arranca así la
secreción de las hormonas sexuales que marcarán el paso a la edad adulta:
testosterona para los chicos y estrógenos y progesterona para las chicas. Como
resultado, el pubis se cubre de vello, signo ?oficial? de la pubertad.

Las chicas

Los primeros signos de la
pubertad en las chicas son la aparición de vello púbico
y el desarrollo de los senos. El desarrollo del pecho forma parte de un proceso
que puede durar varios años, y que puede y suele provocar dolor y tirantez.
Cuando la pilosidad del pubis y axilas se produce de
forma definitiva es cuando comienzan las primeras reglas, que no adquieren regularidad hasta transcurridos un año o dos. Cuando llega
este momento, la chica debe estar prevenida, puesto que su desconocimiento
puede llevarle a interpretaciones que supongan un trauma psicológico: no sería
la primera vez que una chica tiene sentimientos de vergüenza o culpabilidad o
que atribuye el sangrado a una enfermedad grave. En este momento vital y a
juicio de los psicólogos, los padres son quienes deben ser sus principales
consejeros, a fin de que la niña encaje sin dramatismos este proceso.

Los chicos

En los chicos, el primer
signo visible, sin llegar a ser inquietante, es el aumento en el volumen de los
testículos, que rápidamente comienzan a segregar testosterona. Esta hormona
desencadena la pilosidad del pubis, de las axilas y
del cutis (el típico mostacho), así como el aumento en el tamaño del pene, la
maduración de la vesícula seminal y de la próstata, y el comienzo en la producción
de espermatozoides. Poco después, la laringe se ensancha, las cuerdas vocales
aumentan de tamaño y la voz madura. Todas estas transformaciones se van
produciendo a lo largo de varios meses, período en el que los padres deben
estar especialmente atentos a cualquier cuestión que el niño quiera abordar
sobre el tema.

Talla y peso:

las
desigualdades

v     
Nada hay más
desigual que un aula o una pandilla de adolescentes. Si en la infancia los
niños crecen alrededor de 5 cm por año, ahora su crecimiento se acelera bruscamente,
llegando a aumentar hasta 7-9 cm en un año. Este
crecimiento, además, se produce de forma muy desigual en unos y en otros, por
lo que es normal encontrar pandillas de chicos ?enormes? y que son auténticos
?hombres?, junto a críos en los que aún no se ve ningún signo de madurez.

v     
Un punto al que
los padres deben prestar especial atención es la ganancia de peso: en la pubertad se produce un
desarrollo de la masa muscular en los chicos y de la materia grasa en las
chicas. Los malos hábitos alimentarios y la falta de ejercicio son dos
comportamientos típicos que pueden precipitar la excesiva ganancia de peso e
incluso el comienzo de una obesidad incipiente. Esta ganancia de peso puede
también conducir a los chicos a trastornos en la conducta alimentaria
como la anorexia y la bulimia.

v     
El ?mostacho? es también un signo de
diferenciación, siendo en algunos chicos mucho más denso que en otros.

v     
Otra desigualdad,
a veces objeto de fuertes complejos en las chicas, es el pecho, ya que su forma y volumen varían mucho de una a otra.

4 situaciones anómalas

  1. Algunos signos demasiado precoces o tardíos
    inquietan a los padres. Por ejemplo, la aparición de senoshacia los 8 años
    sin que exista ningún otro signo pubertario, o
    incluso el adelanto de la pubertad con todos los cambios que implica entre
    los 8 y los 10 años en las niñas y entre los 9 y los 11 en los niños.

En
la mayoría de los casos se trata de una particularidad familiar. No obstante,
si la pubertad se produce de forma anticipada y los cambios son muy acelerados,
lo mejor es consultar al médico, quien detectará el buen funcionamiento de la
hipófisis y del hipotálamo.

  1. Otro capítulo que puede inquietar tanto a padres
    como a niñas es la pilosidad prematura, asociada o no al acné.
    Aunque suele ser un trastorno benigno, para eliminar cualquier anomalía
    del sistema endocrino conviene consultar al ginecólogo, a fin de que
    realice análisis específicos.
  2. El sangrado
    abundante e irregular
    durante las menstruaciones, así como el dolor pelviano o abdominal tiene
    también que ser vigilado por el ginecólogo, quien decidirá la conveniencia
    de un tratamiento con estroprogestativos.
  3. En los chicos, las anomalías se limitan, por
    regla general, al retraso de la pubertad (lo que entraña baja estatura,
    ausencia de mostacho y voz aguda y chillona). Una vez iniciado el proceso pubertario y en caso de que no se produzca el
    desarrollo los testículos se impone la consulta al urólogo.

El terreno psicológico

Los cambios en la pubertad no
sólo afectan al terreno físico, sino también, y en gran medida, al psicológico.
Comienza una crisis de identidad en la que constantemente los chicos y las
chicas buscan afirmar su personalidad, lo que tiene su reflejo en patrones de comportamiento típicos, que
hay que saber encauzar con altas dosis de paciencia y diálogo.

v     
Búsqueda de independencia.

v     
Ansia de conflicto.

v     
Enfrentamiento
a toda forma de autoridad, sobre
todo la que representan los padres, en quienes a menudo ven un freno a su
independencia.

v     
A menudo viven la
seguridad del hogar como una forma de chantaje.

v     
Los adolescentes
sienten la necesidad de cuestionarlo
todo y de medirse con sus iguales. Los debates suelen ser acalorados y estar
llenos de provocación y de
afirmaciones categóricas.

v     
Las contradicciones interiores son
frecuentes: al mismo tiempo que se oponen a sus padres e iguales, se
identifican con ellos.   

v     
El adolescente huye de los tabúes y las prohibiciones, así como de los discursos aprendidos
que los padres a menudo les ?sueltan?, sobre sus propias vivencias. Es el famoso
?conflicto entre generaciones?.

v     
El adolescente
siente la necesidad de sentirse
escuchado y querido
. Asimismo, siente una necesidad imperiosa de respuestas precisas sobre los problemas
que afronta: transformación de su cuerpo, relaciones sexuales, drogas,
tabaquismo, alcoholismo, futuro profesional?

v     
Afán de singularidad, lo que se conoce como ?crisis de originalidad juvenil?, que le lleva
a chocar con su entorno en muchas ocasiones.

Problemas de comportamiento

Los
padres deben vigilar muy de cerca los casos en los que el adolescente se
repliega sobre sí mismo, no exterioriza nada, se vuelve muy introvertido, o
muestra una gran sumisión a la célula familiar. Estas situaciones pueden
desembocar en problemas de conducta como la anorexia o la bulimia, o en la
fuga, la delicuencia, el refugio en la droga o el
alcohol, e incluso en tentativas de suicidio.



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