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La salud visual de los peques .

La salud visual de los peques .

El 30% de los casos de fracaso escolar están relacionados con problemas visuales

La falta de visión en un niño es un problema que puede ser difícil de diagnosticar y que puede ocasionarle múltiples problemas, como fracaso escolar, exclusión del círculo de amistades o accidentes ocasionados por su escasa visión. Una de las principales dificultades en cuanto a la detección del problema visual reside en el silencio que pueden guardar los niños respecto a su problema.

Se estima que uno de cada cuatro niños en edad escolar en España tiene algún tipo de problema de visión que no ha sido diagnosticado, de ahí la necesidad urgente de realizar exámenes oculares a la totalidad de estudiantes. Así lo asegura Alicia Ruiz, profesora de Optometría Clínica del Departamento de Optometría de la Universidad Europea de Madrid, durante su participaciónen el Foro de formación sobre el abordaje multidisciplinar de las alteraciones visuales en la población pediátrica que ha tenido lugar en la Policlínica de la Universidad Europea de Madrid. El dato no es insignificante, especialmente si se tiene en cuenta que el 30% de los casos de fracaso escolar está relacionado con problemas visuales que no han sido detectados. Para evitar esta situación, esta experta recomienda a los padres y oftalmólogos realizar controles visuales a los 6 y a los 9 meses, a los dos y cuatro años y, a partir de esa edad, una vez al año, a pesar de que no existan síntomas de una visión defectuosa.

Exámenes visuales desde el nacimiento

Alicia Ruiz piensa que es de gran importancia para afrontar posibles problemas comenzar los exámenes visuales desde que el niño es un recién nacido. Y es que, en el momento de su nacimiento, el 75% de los niños son hipermétropes, una circunstancia asociada a que el ojo es corto y que normalmente se irá modificando con el crecimiento. De esta manera, puede considerarse normal que un niño recién nacido tenga hasta tres dioptrías de hipermetropía y que este defecto refractivo vaya poco a poco disminuyendo tendiendo a convertirse en un ojo emétrope o sin graduación. La decisión de compensar o no la hipermetropía de un niño dependerá de la cantidad de la graduación, de la edad del niño y de si ese defecto refractivo va acompañado de otras situaciones como estrabismo u alteración de la visión binocular.

Es fundamental realizar un examen visual completo para poder descartar ciertas patologías o situaciones que puedan provocar ambliopía u ojo vago. Varias de las causas que pueden producir ambliopía son defectos de graduación muy altos no corregidos, una diferencia importante de graduación entre un ojo y otro y un estrabismo explica Ruiz.

La miopía, por su parte, es uno de los principales problemas de visión que se estima que afecta a en torno un 25% de los recién nacidos. Con el desarrollo normal del sistema visual esta miopía tendrá un aumento progresivo, por lo que el niño tendrá siempre una imagen borrosa que tendrá que compensar con el uso de gafas o lentes de contacto.

La responsabilidad es de todos

A su vez, Alicia Ruiz subraya la importancia de realizar un trabajo conjunto por parte de todos los profesionales del área de la salud -especialmente de enfermeros y pediatras- para conseguir un buen diagnóstico y control de los trastornos visuales en los niños.

Aunque el papel de los facultativos es crucial, no lo es menos el de los padres. Ellos deben encargarse de prestar atención a señales como guiñar los ojos, acercarse al texto, frotarse los ojos o tenerlos enrojecidos. Igualmente, esta experta pide que por parte de los profesores y pedagogos se vigilen detalles como la mala comprensión lectora, el hecho de que el niño se salte un renglón, que se tuerza al escribir, se salga al colorear o que se distraiga con facilidad, ya que una mala visión en el colegio puede repercutir en un bajo rendimiento académico y a medio o a largo plazo en fracaso escolar, explica. Todos estos trastornos se pueden corregir fácilmente con gafas, lentes o con entrenamiento visual que consiste en ejercicios cuyo objetivo final es conseguir una correcta visión binocular y máxima eficacia visual ante las demandas visuales actuales, por lo que la detección y el tratamiento del problema a una edad temprana garantiza un gran porcentaje de recuperación total de la salud ocular de los más pequeños.



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