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La siesta os sienta tan bien….

La siesta os sienta tan bien….

Recupera fuerzas,
aumenta el rendimiento y el estado de alerta, previene accidentes y te ayuda a
disfrutar de todo lo que acontece a tu alrededor. Ya sabes, a la llamada del
primer sueño adopta rápidamente la posición ?horizontal?

Típicamente mediterránea, la siesta es tan saludable que
hasta los chinos la protegen en su constitución (el derecho al xiu-xi o siesta), y los japoneses
la imponen durante la jornada laboral. Esta panacea se define como el período
de descanso establecido en la primera hora de la tarde, de duración limitada,
después de la comida y que interrumpe la actividad diaria.

El efecto postprandial

Si atendemos al ritmo circadiano, que es el que marca las
pautas de nuestra actividad diaria, observaremos que el momento de mayor
actividad del día se sucede a media mañana, momento a partir del cual la
actividad del organismo comienza a descender y adquiere su punto más bajo
después de comer. Este descenso que sigue al almuerzo, y que para algunos llega
a ser un auténtico ?parón?, se conoce como ?efecto postprandial?, en el que está implicado el proceso de la
digestión. Durante la digestión aumenta el flujo sanguíneo hacia la región
gastrointestinal, por lo que disminuye la actividad en los otros sistemas del
organismo, de ahí la necesidad de reposar. De esta manera, con la siesta le
damos al cuerpo justo lo que necesita.

En su justa medida

Pero, ¿a quién no le ha ocurrido que, después de dormir una
siesta de al menos dos horas, se ha levantado de mal humor, abotargado y sin
ganas de nada?? La explicación está en que una siesta de más de 45 minutos nos
hace entrar en la fase más profunda del sueño. En esta fase, llamada REM, se
produce una relajación muscular total y en ella se producen movimientos oculares,
fiel reflejo de la intensa actividad neuronal que se está produciendo al haber
entrado en la fase de los sueños. Esto no es bueno, ya que la siesta nunca debe
hacernos entrar en un sueño profundo, que al cortarse, nos llevará al
aturdimiento. Lo más recomendable es no exceder los 45 minutos. Incluso hay
estudios que nos hablan de los 15 minutos como el número ideal.

Biorritmos alterados

Si el ritmo circadiano favorece la práctica de la siesta,
ésta a su vez puede alterar los biorritmos, dando lugar a episodios de insomnio
nocturno. Esto suele ocurrir con las personas mayores, en quienes a la
progresiva disminución del sueño que acontece con la edad, se añade el riesgo
de robarle horas de sueño a la noche con la práctica de la siesta. 

Asimismo, el desarrollo del ritmo circadiano puede estar
alterado en personas con enfermedades neurológicas como el Alzheimer,
por enfermedades endocrinológicas o por la acción de fármacos o drogas. También
existen personas con ritmos circadianos anómalos que pueden padecer somnolencia
diurna a consecuencia de la distribución errónea entre el período de vigilia y
sueño.

Precaución si?

Aunque la tensión arterial disminuye durante el descanso, las
personas que sufren hipertensión deben estar alerta si tienen el hábito de dormir
la siesta, ya que las cifras de tensión arterial se elevan tras el descanso, de
ahí que alcancen los máximos por la mañana. Curiosamente, esto no ocurre con
las personas diabéticas, en quienes se ha demostrado la inexistencia de estos
cambios en la tensión arterial asociados al biorritmo.



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