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Lactosa, ¿qué se esconde tras ella?

Lactosa, ¿qué se esconde tras ella?

La intolerancia a la lactosa es la incapacidad del organismo humano para digerir cantidades importantes de lactosa

La lactosa es un hidrato de carbono presente en muchos más alimentos de lo que creemos. Según nuestro nutricionista Eric Iges, la suplementación con enzima lactasa podría ser una alternativa interesante para mejorar los síntomas derivados de la intolerancia a la lactosa. La puedes encontrar en tu farmacia, en forma de suplemento.

Aprender a distinguir una intolerancia de una alergia alimentaria puede ser vital para las personas que debutan en estos trastornos. En primer lugar, si las alergias se consideran un tipo de reacciones adversas a alimentos en las cuales interviene el sistema inmune, sin embargo, en las intolerancias alimentarias el sistema inmune NO interviene. En segundo lugar, y lo que es más importante, mientras que en las alergias los síntomas pueden ser potencialmente mortales, presentándose rápidamente (<2h) incluso tras la ingesta de cantidades muy pequeñas, en las intolerancias alimentarias son menos agudos, se tolera cierta cantidad de alimento y generalmente son de tipo digestivo y no muy graves. El secreto está en la lactasa

La intolerancia a la lactosa es la incapacidad del organismo humano por afectación de la mucosa intestinal para digerir cantidades importantes de lactosa, derivado de un déficit de la enzima LACTASA. La lactasa es la enzima encargada de dividir a la lactosa en sus dos componentes básicos, glucosa y galactosa, y de esta manera poder ser absorbidos. Al no haber suficiente lactasa, la lactosa no podrá descomponerse y pasará al intestino grueso. Es aquí donde será consumida por las bacterias intestinales, generando diferentes sustancias de desecho como gases y ácidos grasos de cadena corta. Derivado de la formación de estos compuestos, se producirán las molestias gastrointestinales características, como dolor abdominal, hinchazón, flatulencia o diarrea.
La deficiencia de la enzima lactasa se diagnostica por tests genéticos o biopsia del intestino delgado. Por otro lado, la malabsorción o mala digestión de lactosa, es la incapacidad del intestino delgado de digerir la lactosa, por lo que esta pasa al colon. Se diagnostica mediante distintos tests, como el de hidrógeno espirado. Por lo tanto, la malabsorción de lactosa viene derivada de esa deficiencia de lactasa.

Tratamiento personalizado

Ahora bien, una persona con déficit de enzima lactasa y malabsorción de lactosa, no siempre presenta los síntomas de intolerancia a la lactosa y no debe ser diagnosticado como intolerante a la lactosa. Es decir, que no existe una relación directa entre el grado de malabsorción y la aparición de síntomas. Esta afirmación es muy importante, ya que deriva en que no hay un tratamiento único para la intolerancia a la lactosa, y que este debe ser individualizado y ajustado a cada persona, según su tolerancia específica. Multitud de factores influyen en que se puedan presentar o no los síntomas: cantidad de lactosa consumida, tipo de lácteo ingerido, el consumo simultáneo de otros alimentos, la cantidad y actividad de la lactasa presente en el individuo, la capacidad de absorción de agua del colon, la motilidad intestinal, la macrobiota de cada individuo…
El diagnóstico de intolerancia a la lactosa debe ser realizado por un médico, el cual debe valorar tanto los datos objetivos recogidos en los tests, como los datos subjetivos de síntomas que sufra y haga referencia el paciente.
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