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Las hormonas: señoras y dueñas.

Las hormonas: señoras y dueñas.

Ellas deciden: si estás de buen humor o irritable, si te has levantado hiperactiva o perezosa, si tu talante es conciliador o más bien peleón, si tu piel hoy no tiene el aspecto de otros días? No en vano eso de tener la regla, a veces, puede ser una buena excusa

Las mujeres sabemos que los grandes acontecimientos que se producen en nuestra vida y que tienen que ver con los cambios en nuestro cuerpo, están íntimamente ligados a las hormonas. En la pubertad y durante los embarazos, la lactancia materna o la menopausia, las hormonas interpretan el papel principal. Pero éstas no sólo intervienen en los aspectos relacionados con la fecundidad. Las hormonas influyen enormemente en la vida de la mujer, en sus emociones, en su comportamiento y en el funcionamiento de cada uno de nuestros órganos y mecanismos fisiológicos (ritmos cardíacos, digestión, eliminación, regulación de los niveles hídricos, azúcar o sal en nuestro organismo, etc). De hecho, problemas como la diabetes, el sobrepeso, el hipertiroidismo e hipotiroidismo, el insomnio, los trastornos de la alimentación, la memoria, o simplemente la caída del cabello o el estado de nuestra piel, se deben fundamentalmente a una secreción hormonal normal o anormal en nuestro organismo.

Las hormonas: conócelas

Las hormonas no son otra cosa que moléculas químicas que actúan como mensajeras encargadas de llevar información a los diferentes órganos y tejidos del cuerpo. Estas moléculas son segregadas por las glándulas endocrinas, llamadas así porque liberan sustancias hacia el interior, en oposición a las glándulas exocrinas (por ejemplo las mamarias o salivares) que las segregan hacia el exterior. Cada una de estas hormonas es transportada por la sangre hacia órganos y tejidos bien definidos. Una vez en los lugares de destino actúan fijándose sobre los receptores específicos y desencadenando toda una serie de reacciones. Por ejemplo, actuando sobre las células del hígado, de los músculos y del tejido adiposo, la insulina segregada por el páncreas permite bajar la glucemia, es decir, los niveles de azúcar en la sangre. Sin embargo, esta secreción de la insulina por el páncreas no es constante, sino que puede ser automáticamente aumentada o disminuida según las necesidades de nuestro organismo, gracias a un sistema de regulación sofisticado.

Los mandos de control

  • El primer nivel de mando y regulación se encuentra en el interior del cerebro, y más concretamente a nivel del hipotálamo, zona rica en terminaciones nerviosas en la que se encuentran los grandes centros reguladores de nuestros principales mecanismos fisiológicos. Para asegurar el funcionamiento y equilibrio de estos mecanismos fisiológicos, el hipotálamo dirige sus instrucciones, vía hipófisis, a las glándulas endocrinas, las cuales liberan las hormonas específicas.
  • Pero existe asimismo un control local de las secreciones hormonales: es la propia glándula endocrina la que regula su producción. Un buen ejemplo de este tipo de regulación es de nuevo el del páncreas: cuando la glucemia se eleva más de lo necesario aumenta la producción de insulina, y de igual manera, cuando alcanza los niveles de equilibrio necesarios, esta secreción de insulina se para.
  • Otro nivel de control es el que establecen las hormonas entre ellas. Por ejemplo, para estimular el tiroides, la hipófisis libera una hormona llamada TSH en mayor o menor medida para compensar la producción más débil o más fuerte de hormonas tiroides liberadas por la glándula tiroidea. Este retrocontrol es característico de algunos circuitos hormonales.
  • Sin embargo, todos estos mecanismos de control tan precisos pueden alterarse bajo los efectos del estrés, de alguna enfermedad, de algún shock psicológico o por predisposición genética.

    Los problemas del tiroides

    Alojada en el cuello, bajo la laringe, el tiroides, pequeña glándula en forma de mariposa, produce dos hormonas a partir del yodo contenido en los alimentos, y que intervienen en el desarrollo de las neuronas, en el metabolismo y en la actividad del sistema nervioso: la T3 y la T4, llamadas así porque contienen respectivamente 3 y 4 átomos de yodo. Pero a veces ocurre que la glándula tiroidea se embala y produce demasiadas hormonas: es el hipertiroidismo cuyos efectos son a menudo espectaculares: hiperactividad incesante, cambios de humor, irritabilidad e incluso agresividad, golpes de calor y sudor, palpitaciones y aceleración del ritmo cardíaco, adelgazamiento, diarreas frecuentes, etc. Muchas veces, el hecho de comer mucho y continuar adelgazando es un indicativo claro de hipertiroidismo. En estos casos al palparse la glándula se nota que ha aumentado su volumen. En el caso de la enfermedad de Basedow, de origen genético, este hipertiroidismo se acompaña de ojos saltones y de bocio.

    Por el contrario, cuando la glándula se vuelve perezosa y no produce suficientes hormonas, se habla de hipotiroidismo. Signos reveladores de hipotiroidismo son la apatía, las pérdidas de memoria, el insomnio o los estados depresivos. La piel se vuelve seca y fría, el pelo pierde tonalidad, a veces se producen golpes de frío, el ritmo cardíaco se ralentiza y se produce un aumento de peso, aun en presencia de poco apetito. El hipotiroidismo sobreviene frecuentemente a partir de los 50 años, pero como los síntomas se manifiestan muy lentamente, pasan mucho tiempo desapercibidos. De ahí que el estado de ánimo decaído propio de esta enfermedad se atribuya muchas veces a una depresión, o el enlentecimiento de las facultades cerebrales se achaque en demasiadas ocasiones al envejecimiento.

    La insulina y la diabetes

    La insulina es una hormona segregada por el páncreas, que permite mantener la glucosa sanguínea a una tasa constante. Sin embargo, por predisposición genética, este proceso puede entorpecerse, ya sea por un defecto del páncreas, ya sea por un mal funcionamiento de los receptores. Es entonces cuando aparece la diabetes, caracterizada por la no asimilación del azúcar por parte del organismo.

    Cuando el páncreas no llega a producir suficiente insulina se habla de diabetes insulinodependiente, que afecta a niños y jóvenes, lo que produce adelgazamiento, sed intensa y frecuente necesidad de ir al baño. Es la forma más grave de diabetes, puesto que puede conducir al coma, y precisa de dosis inyectadas cotidianas de insulina. En el segundo caso, el páncreas realiza bien su trabajo, pero el organismo se vuelve poco a poco resistente a la insulina, asimilando mal los azúcares. Esta forma de diabetes, que se declara generalmente hacia los 40 años, puede combatirse con regímenes para perder peso y con medicamentos que faciliten la acción de la insulina.

    Las glándulas suprarrenales y el cortisol

    Otra hormona, la ACTH, enviada por la hipófisis, va a suscitar en las glándulas suprarrenales, que son cápsulas en forma de coma situadas encima de los riñones, la secreción de corticosteroides como el cortisol. Éste juega un rol fundamental en el funcionamiento de nuestro organismo, asegurando su equilibrio en agua y sal, contribuyendo al metabolismo del azúcar y los lípidos, y sosteniendo la tensión arterial. Su insuficiencia, por defecto de las glándulas suprarrenales (Enfermedad de Addison), puede tener consecuencias rápidas y graves, puesto que provoca una subida vertiginosa de la tensión, seguido de un coma. El primer signo que lleva a alertar al médico es una pigmentación excesiva de la piel.

    Por el contrario, la hipersecreción de cortisol (Enfermedad de Cushing) se caracteriza por una obesidad localizada en la parte alta del cuerpo, estrías oscuras en el torso y hombros, pilosidad anormal sobre el rostro e hipertensión arterial, entre otras.

    DHEA, ¿la hormona de la juventud?

    Esta hormona natural segregada por las glándulas suprarrenales, disminuye fuertemente con la edad, lo que acentúa la secreción de estrógenos y andrógenos y acelera el envejecimiento. De ahí la idea de administrarla como suplemento desde el momento en que empieza a disminuir su secreción. Sin embargo, esta hormona excesivamente mediatizada como la hormona de la juventud, ha de tomarse con prudencia y bajo control médico, ya que aún no existen estudios e investigaciones fehacientes sobre los riesgos de pilosidad excesiva que puede conllevar, o de cáncer de mama en las mujeres y de próstata en los hombres.

    Menopausia y andropausia

    Genéticamente programados, los ovarios disminuyen considerablemente toda su actividad en los aledaños de los 50: es la menopausia. Este proceso irreversible, ordenado por la hipófisis, implica el descenso en la secreción de estrógenos y de progesterona, proceso al que van unidos, aunque con diferencias de una persona a otra, sofocos, acometidas de calor, accesos de ansiedad, depresiones y/o pérdida de la elasticidad de la piel. Pero sobre todo, se produce un aumento del riesgo cardiovascular y una desmineralización ósea (osteoporosis). Por ello y con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las mujeres, los especialistas reunidos en Madrid entre los días 12 y 14 de febrero en el V Simposium Internacional de Ginecología, Endocrinología y Menopausia (SIGEM), coinciden cada vez más en la necesidad de individualizar los tratamientos médicos de los síntomas y patologías que se desarrollan como consecuencia de la menopausia. Como tratamiento, cada vez cobra más adeptos la terapia hormonal sustitutiva (THS), cada vez más estudiada y que permite paliar los riesgos y problemas asociados a esta etapa.

    En los hombres, el descenso de la hormona testosterona fabricada por los testículos, fenómeno que se conoce como andropausia, afecta al tono muscular y óseo, a la líbido y a la erección, etc. Pero como en la menopausia, este descenso y sus consecuencias varían de un hombre a otro.

    Por qué el acné y el exceso de vello

    Las mujeres segregan también, aunque en pequeñas cantidades, hormonas masculinas por medio de los ovarios y las glándulas suprarrenales: son los andrógenos. Durante la pubertad, éstas son las responsables de los problemas de acné. Asimismo, a raíz de la menopausia, puede ocurrir que el rostro se llene de cierta vellosidad y la voz adquiera una tonalidad más grave, puesto que aunque los ovarios hayan cesado su actividad, las glándulas suprarrenales continúan produciendo andrógenos, cuyos efectos sin embargo no son compensados por las hormonas femeninas. En el caso de los hombres, los testículos también segregan hormonas femeninas (estrógenos).



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