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Las tareas domésticas están repartidas de forma desigual para un 82% de españoles

Las tareas domésticas están repartidas de forma desigual para un 82% de españoles

Condicionamientos sociológicos, factores físicos y aspectos emocionales convierten a la población femenina en un sector aún más sensible a la fatiga social que los hombres, de hecho, las mujeres sufren un 50% más de fatiga que los hombres. Los problemas de conciliación son un factor determinante en este cansancio femenino. El 80,2% de los españoles considera que las tareas domésticas están repartidas de forma desigual. “Las mujeres vivimos en una exigencia permanente. Desde muy jóvenes sentimos una gran presión social sobre en qué debemos convertirnos y sobre cuál es la medida del éxito y todo ello nos conduce a un perfeccionismo excesivo: estamos sobrecualificadas y sin embargo pensamos que hacemos las cosas peor. El síndrome del impostor es un clásico para nosotras; mucho más que para ellos”, desgrana Cecilia Múzquiz, directora de la revista Cosmopolitan y una de los expertos que participa en el documental Kómoda, la vida sin energía que se estrenará el próximo mes de abril.

¿Afectan las diferencias físicas entre hombres y mujeres al nivel de cansancio social que sufren ambos colectivos? Para el formador y coach, Leandro Fernández Macho, hombres y mujeres muestran sensibilidades diferentes a las fuentes de estrés que afectan a ambos. “El cerebro masculino está más orientado y es más sensible a la posición de control, poder y estatus mientras que el femenino, además de a estas cuestiones, también presenta una especial sensibilidad hacia la sensación de rechazo social y exclusión. Ambas, la sensación de pérdida de control y la de exclusión, representan los grandes miedos que disparan la respuesta de estrés en la época actual. Vivimos la experiencia del estrés de forma distinta porque nuestras sensibilidades no son exactamente las mismas”.

En una sociedad tan expuesta a la aprobación social –“el nivel de exposición, el riesgo a ser excluido y de no gustar está multiplicado como nunca antes había pasado”, añade- las mujeres se exponen a una experiencia de angustia y presión por encima de sus compañeros varones.  Y todo ello cuando la brecha salarial todavía es muy ancha, en el año 2016, el salario medio bruto de las mujeres (20.131,41 euros) representó el 77,65% del salario medio de los hombres (25.924,43 euros).

Los aspectos sociales alimentan en gran medida este mayor cansancio que sufren ellas. “Cuando se crea la denominada primera conciliación para armonizar la incorporación de la mujer al mercado laboral se mantenía su total implicación en él desarrollando las tareas domésticas”, comenta José Luis Casero, presidente de ARHOE, Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles. Para Casero la clave está en la conciliación de segunda generación. “Tiene que provocar que los hombres entren en casa a asumir sus derechos y responsabilidades y asumir la corresponsabilidad en las tareas domésticas tan demonizadas y descargadas siempre injustamente en las mujeres”.

Existen también aspectos psicológicos que, en opinión de Cecilia Múzquiz, hacen más sensibles a las mujeres al fenómeno de la fatiga social. “Las expectativas que nosotras nos generamos sobre nuestro papel en la sociedad, ante nosotras y ante los demás y la carga mental que toda mujer lleva encima: además de las horas de trabajo estamos pendientes de la infraestructura doméstica, de las agendas de los niños, etcétera… esto produce un cansancio enorme”. De hecho, el tiempo dedicado a las tareas del hogar y cuidado de menores, mayores o familiares dependientes sigue desequilibrado: las mujeres les dedican 4 horas y media a estos menesteres mientras que los hombres dedican dos horas menos.





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