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Leches infantiles. su alimentación sobre ruedas.

Leches infantiles. su alimentación sobre ruedas.

Sabemos que nuestro hijo necesita proteínas, hidratos
de carbono, minerales, vitaminas, grasas? Y que todo esto está en las leches
adaptadas. Pero, ¿en base a qué criterio elegir y cuándo cambiar a la leche de
continuación?

Tu farmacéutico te orienta

Que la leche materna es la
mejor nadie lo pone en duda. Sin embargo, tarde o temprano el biberón termina
por ocupar su lugar.Llegado este
momento, a las dudas e inquietudes de una madre primeriza se suman la amplia
variedad de leches que existen en el mercado de la alimentación infantil.
Entrar en una farmacia y volverse literalmente loca es algo muy común.
Afortunadamente, y aunque siempre se ha dicho que los niños vienen sin
instrucciones, hoy en día se sabe mucho más sobre sus necesidades y pautas
nutricionales que antes. La industria de la alimentación infantil, tu pediatra
y el consejo de tu farmacéutico te lo ponen fácil.

Pautas nutricionales

En primer lugar, conviene
distinguir tres etapas distintas que se suceden durante el primer año de vida
de tu hijo: el período lácteo, el período de transición o destete, y el período
de maduración digestiva. Durante estas tres etapas, la leche será la
protagonista indispensable de su dieta, aunque las necesidades o pautas
nutritivas vayan precisando el aporte de otro tipo de alimentos a medida que el
bebé va cumpliendo meses. Las pautas nutricionales vienen marcadas por las
recomendaciones e informes técnicos de la Organización de las Naciones Unidas para
la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Comité de Nutrición de la Academia
Europea de Pediatría y el Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de
nutrición y Gastroenterología Pediátrica (ESPGAN).

  1. Durante el período
    lácteo
    la leche, y preferiblemente materna, es el único alimento que
    debes aportar a tu bebé. Este período abarca desde el nacimiento del bebé
    hasta los cuatro-seis meses, período en que el bebé aún no está preparado
    para digerir ciertas proteínas y sus riñones no son capaces de soportar
    líquidos muy concentrados en partículas: sales minerales, glucosa? Por lo
    tanto, en este período la leche materna, o en su caso las leches de
    inicio, son las que mejor se adaptan a las necesidades nutricionales y las
    características digestivas de los lactantes.
  2. Durante el período
    de transición
    o destete, también denominado BEIKOST, tu hijo empezará
    a tomar una dieta mixta, con alimentos que al principio serán triturados y
    posteriormente troceados. Además de la leche, bien sea del pecho o de
    ?continuación?, deberás introducir alimentos no lácteos bajo las
    indicaciones del pediatra, quien pautará las cantidades y consistencia a
    fin de no alterar el ritmo de maduración digestiva y renal del bebé, y su
    progresivo desarrollo neuromuscular.
  3. El período de
    maduración digestiva
    permitirá seguir introduciendo alimentos nuevos y
    aumentando las cantidades, de manera que el niño hará comidas más
    abundantes y menos frecuentes. De todas formas, y esto vale para las tres
    etapas, todo depende del peso de tu bebé, de su ritmo de crecimiento, y
    por supuesto, de su apetito, por lo que tu pediatra es la persona ideal
    para marcarte las pautas.

Crecer a lo alto

Detrás de las leches
infantiles hay multitud de estudios, experimentos y pruebas de laboratorio que
avalan la presencia de todos los nutrientes necesarios para el correcto
desarrollo de tu bebé en cada etapa. Según la edad que tenga, o según exista o
no algún trastorno metabólico o fisiológico, tu bebé precisará de un tipo de
leche u otra. Sea cual sea la que te indique tu pediatra, existen una serie de
normas de preparación que no podrás saltarte, para evitar una sobrealimentación
o una deshidratación.

En primer lugar, y aunque las
medidas vengan estandarizadas en el etiquetado de cada leche, tu pediatra es
también quien deberá indicarte la frecuencia de las tomas y la cantidad de las
dosis, en función de la curva de crecimiento y las necesidades particulares de
tu bebé. Normalmente las leches de inicio y las de continuación se
comercializan en polvo (aunque también hay presentaciones líquidas y listas
para su uso), y su preparación se hace con agua mineral o hervida, en cuyo
último caso debe dejarse enfriar el agua para evitar que se destruyan algunas
vitaminas. Las medidas deben ajustarse al medidor incluido en los botes y en su
preparación las cucharadas deben ser rasas, a fin de evitar una
sobrealimentación o deshidratación del bebé. En cualquier caso, el etiquetado
debe incluir obligatoriamente, además de la forma de preparación, las dosis
estándar y la edad para la que están indicadas, la información nutricional y los minerales con los que se ha
enriquecido la leche. (probablemente
se añaden no solo minerales sino también vitaminas, quizá sea mejor añadir
vitaminas o hablar de nutrientes en general)

Envasadas en atmósfera protectora

Las leches comercializadas en
polvo están envasadas en atmósfera protectora. Este sistema mantiene la calidad
del producto durante más tiempo e incrementa su vida útil con respecto a otros
conservantes. Los gases más utilizados son oxígeno, nitrógeno y dióxido de
carbono, también presentes en la atmósfera, aunque en otras proporciones.

Las leches 1 ó de de inicio

Son los preparados para
lactantes de entre 0 y 4-6 meses, período en el que la leche es la única fuente
de alimentación del bebé. La leche de vaca que se utiliza para su elaboración
pasa por una serie de modificaciones para adecuarla a las necesidades del
recién nacido. Estos cambios se basan en disminuir la concentración de
proteínas, sustituir parte de la grasa láctea por grasa vegetal (yo creo que no se sustituye en el 100% de los casos pero
no estoy segura) y adicionar lactosa (azúcar) y vitaminas. Según el
fabricante, estas leches suelen enriquecerse con otros nutrientes como
nucleótidos (que mejoran la respuesta inmune y el desarrollo intestinal),
taurina (que colabora en el desarrollo de la función visual y en la maduración
del sistema nervioso central), y  carnitina (que colabora en el desarrollo cerebral, en la
maduración del sistema nervioso central y en la composición de las membranas
celulares).

Para cuándo las leches 2 ó de continuación

Desde 1990, la OMS
(Organización Mundial de la Salud) recomienda el uso de preparados de
continuación (o preferentemente leche materna), en lugar de leche de vaca en
lactantes de entre 4 y 12 meses, y niños de corta edad (de 1 a 3 años). En esta
etapa y aunque la leche de continuación forme parte de una alimentación mixta,
la ingesta de leche diaria debe mantenerse en 500 ml. Estos preparados se
pueden elaborar a partir de dos fuentes proteicas: sólo proteínas de soja, sólo
proteínas de leche de vaca o una mezcla de ambas. Los cambios por los que pasan
estos preparados de continuación consisten en disminuir la concentración de
proteínas, sustituir parte de la grasa láctea por grasa vegetal, añadir
lactosa, vitaminas, sales minerales, ciertos aminoácidos y otras sustancias
nitrogenadas. Al igual que en las leches de inicio, queda en manos de los
fabricantes añadir nutrientes como nucleótidos, taurina o carnitina.
Estas fórmulas adaptadas normalmente tienen composiciones similares en
proteínas, carbohidratos y grasas, y las diferencias surgen en vitaminas y
ácido laúrico, mirístico y
ácidos grasos trans, que por ser saturados resultan menos saludables (los trans
no son saturados son insaturados pero con una configuración espacial más rigida que hace que se comporten como saturados).

Leches especiales

Dentro de esta categoría se
incluyen las preparaciones específicamente diseñadas para cubrir las
necesidades nutritivas de los lactantes y niños con algún trastorno fisiológico
o metabólico para absorber, digerir o metabolizar
determinadas sustancias. Estas leches aportan al niño la energía, vitaminas y
minerales suficientes para su desarrollo. Su elaboración se hace a partir de
las leches infantiles a las que se realizan modificaciones específicas para
cada caso.

  1. Leche
    sin lactosa:
    son leches
    infantiles derivadas de la leche de vaca, a las que se ha sometido a un
    proceso de sustitución de la lactosa por otro tipo de hidrato de carbono.
    La leche sin lactosa está indicada en los niños que padecen algún tipo de
    intolerancia a esta sustancia, derivada de una deficiencia de la enzima
    lactasa, lo que puede deberse bien a una deficiencia genética, o a una
    diarrea crónica o aguda (gastroenteritis). Estas fórmulas deben tomarse
    durante un período determinado hasta que se recupere la actividad enzimática, ya que la lactosa es un nutriente necesario para la absorción
    del calcio y el magnesio (ayuda en la absorción de calcio y magnesio, pero no es
    imprescindible, si la persona es intolerante, no ayuda y es necesario
    limitarla en mayor o menor medida según el grado de intolerancia).
  1. Fórmulas
    antirregurgitación:
    indicada para bebés con relujo gastroesofágico, en los que el paso del alimento del
    estómago a la boca es habitual. Un 50 % de los bebés de hasta dos meses
    padecen este trastorno. Estas leches, que pueden ser de inicio o de
    continuación, tienen la característica fundamental de ser más espesas,
    reduciendo con ello el número de reflujos. Los espesantes utilizados
    suelen ser harina de semilla de algarrobo o almidón precocido, más
    frecuentemente que el arroz, de menor eficacia. (No estoy segura de los espesantes que se pueden
    utilizar, sobretodo en leches de inicio, que nunca pueden contener gluten,
    quizá sea mejor no especificar los espesantes o confirmar este tema)
  1. Fórmulas
    de soja:
    son preparados
    elaborados a partir de las proteínas vegetales de la soja y que no
    contienen lactosa. Suelen estar enriquecidas con hierro, calcio y zinc,
    así como con metionina,  L-carnitina y
    taurina para completar los nutrientes necesarios. Indicadas en niños de
    familias vegetarianas, niños con intolerancia a la lactosa y niños con
    alergia a las proteínas de la leche de vaca. Suelen utilizarse con
    frecuencia también en niños con diarreas prolongadas y en niños con
    eccemas.
  1. Fórmulas
    de proteínas modificadas:
    leches
    con proteínas predigeridas mediante hidrólisis, con lo que se facilita la
    digestión y absorción en niños alérgicos a las proteínas de la leche de
    vaca o con problemas de absorción intestinal. Se clasifican, según el
    grado de hidrólisis, en Fórmulas Hipoalergénicas o Fórmulas Hidrolizadas (F.H.), cuyas proteínas han sufrido este proceso en
    alto grado, o en Fórmulas Hipoantigénicas (H.A.), sometidas a un menor grado de hidrólisis. Las F.H. se utilizan en niños con alergia a las proteínas
    de la leche de vaca o con problemas de absorción intestinal, y tienen un
    sabor desagradable (si
    tienen sabor desagradable el niño no las aceptará), al tiempo que
    las heces presentan un aspecto y olor característicos. Las H. A. tienen
    mejor sabor y están indicadas para prevenir reacciones alérgicas derivadas
    de las proteínas de la leche de vaca en niños con antecedentes.
  1. Fórmulas
    para prematuros y recién nacidos con bajo peso:
    debido a la reserva de nutrientes escasa y a la
    función digestiva y metabólica inmadura que presentan estos niños, estas
    leches deben aportar todos los nutrientes necesarios para cubrir las
    deficiencias del tercer trimestre de gestación. Contienen una mezcla de
    grasas vegetales y lácteas y están enriquecidas con hierro.
  1. Fórmulas
    aptas en errores metabólicos:
    se
    utilizan cuando existe alguna enfermedad metabólica causada por una enzima
    deficitaria y cuyo tratamiento es únicamente dietético. Estas leches
    precisan de un estricto control médico y son específicas para cada caso
    particular.

Leches de crecimiento o junior

Son fórmulas procedentes de
la leche de vaca a la que se ha enriquecido con vitaminas y minerales, que
aseguran la absorción del calcio y refuerzan las defensas naturales del niño.
Están indicadas para niños de 1 a 3 años, y cubren el tránsito entre la leche
de continuación y la de vaca propiamente dicha. Las grasas son de origen animal
y vegetal, que aportan ácidos grasos esenciales. Los fabricantes pueden añadir
azúcar, sacarosa o miel para darle mejor sabor y aportarle más calorías. Su
presentación no difiere de la de cualquier leche de vaca embotellada o en tetra-brik (también las hay en polvo, de manera
similar a las de inicio). En esta
etapa se recomienda la ingesta de unos 500-600
mililitros de leche diarios, cantidad que puede sustituirse parcialmente por
otros lácteos sencillos como el queso, el yogur o el petit
suise, entre otros.

Y más allá, ¿entera, semidesnatada
o desnatada?

La leche que mejor reúne
todos los nutrientes y grasas necesarias para el niño hasta la adolescencia es
la entera. De hecho, según los expertos, no hay justificación para el consumo
de leche semidesnatada o desnatada en niños, a no ser
que exista indicación médica expresa. En cualquier caso, nunca debe darse leche
semidesnatada a un niño antes de los dos años.
Respecto a la leche desnatada, nunca debe darse antes de los cuatro y sólo en
caso de que exista riesgo cardiovascular o de obesidad, y siempre bajo la
supervisión del pediatra o profesional de la nutrición. Aunque la leche
desnatada conserva la misma proporción de proteínas, azúcares (lactosa) y
calcio que la entera, está desprovista de grasa, nutriente energético básico
para el buen funcionamiento y desarrollo orgánico de los más pequeños, así como
de las vitaminas disueltas en ella, llamadas liposolubles, como la vitamina A y
la D. Esta última vitamina es necesaria para la absorción del calcio y su
depósito en los huesos y se obtiene sobre todo de los lácteos enteros, pero también
gracias a la acción controlada de la luz solar sobre la piel.



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