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Legionella ¡¡extra, extra…!!.

Legionella ¡¡extra, extra…!!.

Como muchos
otros veranos, la Legionella vuelve a
ocupar ?la primera? de los periódicos y los titulares de los telediarios. ¿Irresponsabilidad
política o algo más complejo?

Desde 1997, año
de introducción de la Legionellosis en la lista de enfermedades de declaración
obligatoria, la incidencia de esta enfermedad ha presentado una tendencia creciente
en nuestro país: sólo en el mes de junio pasado han sido más de 20 los
afectados por el brote localizado en el Hospital Clínico de Zaragoza, donde al
parecer se produjo la contaminación en dos de las torres de refrigeración. Brotes
que se vienen repitiendo cada año y que han obligado a la Administración Sanitaria
a aprobar un Real Decreto en el año 2001, por el que se establecen los criterios
higiénico-sanitarios para la prevención y control de la esta enfermedad.

El agua, su caldo de cultivo

La bacteria Legionella
pneumophila
es la que provoca la enfermedad en el hombre, enfermedad que
fue bautizada como ?Enfermedad del Legionario? porque el primer brote tuvo
lugar en el curso de una concentración de legionarios americanos en un hotel de
Philadelfia en el año 1976. Tiene su hábitat natural en las aguas dulces y su
temperatura óptima para desarrollarse se sitúa entre los 35º y los 40º. Aunque
puede encontrarse en cualquier medio acuático natural o artificial, suele
concentrarse en los sanitarios de los baños (grifos y duchas), en los aparatos
de aire acondicionado y torres de refrigeración, en los estanques, las fuentes,
las aguas termales y en los equipos médicos productores de aerosoles (un
nebulizador infectado puede ser también una forma de trasmitir la Legionellosis).

Cómo se
transmite

El contagio de la Legionellosis se produce por el aire, mediante
la microaspiración de las partículas de agua contaminadas, sin que se haya
demostrado que exista riesgo alguno de enfermar al beber agua contaminada por Legionella. Estas gotas provienen de los
aerosoles (agua pulverizada) y una vez que los respiramos las bacterias llegan
a las vías respiratorias. Una vez allí, son absorbidas por los glóbulos
blancos, destruyéndolos (de ahí que las analíticas den un número muy bajo de
glóbulos blancos).

Los colectivos
de riesgo

La Legionellosis ataca con especial virulencia a ancianos y a
personas inmunodeprimidas (con cáncer, sida insuficiencia renal, transplantados
o personas con hepatitis, diabetes o en tratamiento con inmunosupresores), lo
que hace que su tasa de mortalidad sea más elevada que la de otras dolencias
(entre un 10 y un 15% de los casos). También es más frecuente entre aquellos
pacientes de enfermedades respiratorias crónicas como la EPOC (Enfermedad
Pulmonar Obstructiva Crónica), o en fumadores y personas alcohólicas (en
quienes es frecuente la existencia de una alteración de la barrera mucociliar
que favorece el paso desde la cavidad oral al tracto respiratorio.

Los lugares más
habituales

1.       Las torres de
refrigeración, humidificadores y aparatos de aire acondicionado comerciales o
domésticos. En el caso de las torres de refrigeración, los aerosoles son
lanzados al exterior, con la corriente de aire caliente que sale de aquéllas, y
una vez en el exterior, cuando cesa el impulso con que fueron emitidas, las
gotas de agua más pequeñas serán transportadas por el viento a mayor o menor
distancia.

2.       Los sistemas de agua
potable presentan las condiciones ideales para el desarrollo de la
bacteria en lo que respecta a temperatura, estancamiento del agua, etc. Las
duchas, los jakuzzis y las estaciones de agua termal son igualmente apreciadas
por la Legionella, así como los
complejos deportivos, escuelas, casas de recreo y residencias de ancianos.

3.       Los hospitales y el
material médico (nebulizadores, aerosoles, humidificadores, respiradores?). Los
hospitales constituyen uno de los lugares más comunes en los que suele
producirse la infección, lugar donde la bacteria se hace resistente a los
antibióticos, lo que incrementa su peligrosidad, además de que las personas
ingresadas en un centro hospitalario suelen estarlo porque su salud está
deteriorada y tienen sus defensas bajas.

4.       
Las fuentes y brazos muertos de canalizaciones.

Síntomas muy
variados

Existe una forma atenuada y
benigna
de la neumonía (conocida como Fiebre de Pontiac), análoga a un
síndrome gripal y que sin tratamiento se cura en el transcurso de 2 a 5 días,
pasando a menudo desapercibida. Las manifestaciones clínicas de la forma severa (Legionelosis o Enfermedad del
Legionario) son las propias de una neumonía viral grave acompañada, en la
mayoría de los casos, de problemas gastrointestinales y de insuficiencia renal
pasajera. Después de una incubación de 2 a 10 días aparecen los síntomas:
dolores musculares, fiebre intermitente con escalofríos (en 3 de cada 4 casos),
o fiebre constante de unos 40º y tos con expectoraciones. También son síntomas
el dolor torácico con dificultad respiratoria (disnea), piel azulada (cianosis)
y estertores. Pueden producirse también complicaciones pulmonares (abceso de
pulmón, enfisema?). Otras complicaciones pueden afectar al músculo cardíaco, al
hígado (abceso hepático), riñón (pielonefritis) o al sistema nervioso
(problemas neurológicos como confusión o amnesia, entre otros). En la mitad de
los casos tiene lugar problemas de tipo digestivo, neurológico y cardíaco
(bradicardia o ralentización del ritmo cardíaco).

El tratamiento
de elección

Para el tratamiento de la legionelosis se utilizan
antibióticos.  Las sulfamidas fueron los
primeros fármacos de este tipo que, en 1936, se mostraron útiles en la lucha
contra la enfermedad. La penicilina también se ha usado mucho, especialmente la
variante G.
Actualmente, el antibiótico de elección suele ser la eritromicina, al que se
añade eventalmente la rifampicina o una tetraciclina. El tratamiento tiene una
duración media aproximada de unas tres semanas. De todas maneras, el uso
indiscriminado de antibióticos ha provocado el nacimiento de cepas de bacterias
resistentes a estos fármacos, sobre todo en los hospitales.

Prevenir es
siempre lo mejor

Para eludir los brotes de Legionellosis es imprescindible la
revisión y mantenimiento de los circuitos y de las instalaciones de agua, en
particular de agua caliente, procediendo al lavado y esterilizado de los
depósitos de agua dos veces al año y realizando cultivos periódicos. Sobre todo
hay que vigilar los establecimientos sanitarios, balnearios, estaciones de agua
termal y demás lugares destinados a uso público. Las canalizaciones deben ser
purgadas regularmente y deben ser sometidas a tratamientos bactericidas. Los
depósitos domésticos de agua caliente deben de ser tratados igualmente. Además,
hay que evitar en la medida de lo posible la suciedad, que puede servir de
nutriente a las bacteria, así como la presencia de otros microorganismos
(bacterias y protozoos) que favorezcan su multiplicación. También hay que
evitar los materiales inadecuados (madera y productos a base de celulosa), la
corrosión y las incrustaciones, que también sirven de nutrientes (hierro,
fosfatos?) a la Legionella.  



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