León felipe.

León Felipe

Uno de los grandes poetas, en lengua castellana, de todos los tiempos, León Felipe, fue también licenciado en Farmacia.

Nació en Tábara (Zamora) el 11 de abril de 1884. Hijo de un notario, desde pequeño quiso ser actor. En boca de su padre ponía frases de espanto ante su vocación de cómico y el consejo de que estudiase alguna carrera universitaria seguro, como estaba, en palabras del irónico y dolorido poeta, de que era el tonto de la familia. En ese mismo camino de autocastigo e ironía, asegura que en la Universidad de Santiago de Compostela había un cartel en donde se podía leer: “padres, mandadme hijos burros; los haré boticarios”. Pese a la falta de apoyo paterno, estudió la carrera con relativa brillantez. Cursó el preparatorio en Valladolid y el resto en Madrid, con un cierto éxito; incluso amplió su estancia en la capital, durante seis años, con el pretexto de cursar el doctorado hasta la muerte de su progenitor. A causa de esa circunstancia familiar volvió a Santander y abrió su primera farmacia en la calle de San Francisco, nº 2. La amuebló amorosamente; recorrió España para elegir el botamen y se arruinó por lo manirroto que se mostraba siempre en asuntos económicos, aunque fundó una magnífica tertulia literaria de rebotica. Impulsado siempre por dificultades económicas, debidas a su incapacidad administrativa, ha de cerrarla y marchar a otra en Balmaseda (Vizcaya). A continuación ingresa en la compañía de teatro Tallaví y luego en otra de cómicos de la lengua que recorre los pueblos de España. Empieza así una vida andariega y bohemia. Para ganarse la vida regenta boticas en Villaluenga de la Sagra, Piedralaves, Arenas de San Pedro, Almonacid de Zorita?, en donde va ensartando amores, fraguando y madurando versos.

Harto de una vida cargada de incertidumbre, acepta el puesto de administrador de los hospitales de Guinea, en donde ahorró algún dinero, vivió una experiencia colonial para él insoportable, obtuvo su única condecoración, la Medalla de Muni y se embarcó por primera vez para México. Por su condición de farmacéutico logró pasar de las bodegas de tercera a la enfermería, con la misión de ayudar al médico y obtuvo una cátedra de Botánica en la universidad mexicana. En esa asignatura había obtenido una matrícula de honor y a ella dedicó unas hermosas palabras: los botánicos que tratan a las flores como la policía a los seres humanos,/ aquellos que las fichan, las retratan, las clasifican, las bautizan en latín,/y luego las aprisionan y emparedan en unos cartapacios/ que son el calabozo y el sepulcro de estos seres tan tiernos y sencillos? las llaman en latín, pero las flores no hacen caso./Ni siquiera vuelven la cabeza./ Si se las llama, en cambio,/ como las llama el viento?,/bailan orgullosas en su tallo.

Se casa en New York con Berta Gamboa y comienza a enseñar literatura, primero en la Universidad de Columbia, luego en la de Cornell. A la llegada de la República vuelve a España, aunque en 1933 da un curso de literatura en la universidad de las Vegas. En 1934 va a Panamá como agregado cultural de la embajada española. En 1936 regresa a España y lee poemas de guerra, junto a Antonio Machado, e intenta la unión de los republicanos por encima de cualquier bandería política. En marzo de 1938 se exilia en México, en donde pasa siete años. Suyos son los versos insignia del exilio: Franco, tuya es la hacienda,/la casa,/el caballo/ y la pistola./Mía es la voz antigua de la tierra./Tú te quedas con todo y me dejas desnudo y errante por el mundo?/Más yo te dejo mudo?¡mudo! Tras siete años de estancia sedentaria, recobra sus fuerzas e inicia giras por toda latinoamérica, Argentina, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, El Salvador, Panamá, Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Chile, Uruguay? alguna de ellas subvencionada por su sobrino, el torero mexicano Carlos Arruza .

En México sigue en contacto con los poetas que había conocido en la Alianza de Intelectuales Antifascistas, pero también forma parte de la tertulia de sanitarios formada por médicos y boticarios exiliados, como José Giral, Antonio Madinaveitia, Pérez Vitoria, Francisco Giral?

La poesía de León Felipe tiene que ver con la de Walt Wilmann, con la épica, con su vida errante y desgraciada, con profundos sentimientos religiosos, con altos ideales de libertad. Sus libros, durante el franquismo, eran un objeto peligroso, imposible de conseguir legalmente y fuente de disgustos con la policía política si eran descubiertos. Fueron arrinconados y vilipendiados por muchos que ahora no paran de citarle, sobre todo en las composiciones con un espíritu religioso más desbordante. Para ellos cabe recordar su verso:

Sin dioses que nos miren,

trabajamos mejor?

Detrás de ti no hay nadie. Nadie.

Ni un maestro, ni un amo, ni un patrón.

Para quienes quieren arrimarle a algún ascua partidista, este otro:

Un día, cuando el hombre sea libre, la política será una canción.

El eje del universo descansa sobre una canción, no sobre una ley.

En definitiva, un gran poeta que, como tantos otros, ejerció también la Farmacia a su manera.



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