Los anestésicos.

Nuestros antepasados
probablemente tenían mayor resistencia al dolor que nosotros. No obstante,
buscaban medios de aliviarlo, tanto en el tratamiento de enfermedades como en
las operaciones. Tal vez el analgésico más primitivo fue el alcohol, que se descubrió
hace mucho y que casi todos los pueblos fabrican de un modo u otro.

Las drogas analgésicas más
antiguas que se conocen son el opio chino, el hachís o cáñamo indio y la
mandrágora, que se extrae de la planta del mismo nombre. Los chinos conocen el
opio desde hace varios miles de años, aunque al principio no lo usaron como analgésico.
Este retraso se debió posiblemente a una peculiar diferencia racial en lo
relativo a la sensibilidad a los efectos farmacológicos del opio; los blancos
tienden a experimentar los efectos adormecedores y analgésicos de la droga,
mientras que los chinos y otros pueblos asiáticos reaccionan más bien con
euforia y alucinaciones. Un chino que masca o fuma opio puede encontrarse
pronto rodeado de bellas doncellas en el paraíso.

Sabemos que las propiedades analgésicas
del opio fueron utilizadas en Europa bastante pronto. Esta droga ya era
utilizada al menos desde el año 700 AC., cuando el poeta griego Homero compuso
sus obras la Iliada y la Odisea. En la Odisea, Helena da a sus invitados un
jugo mágico para calmar el dolor, la cólera y olvidar los males, llamado nepenthes, cuyo carácter mágico es indudable. En
la actualidad se cree mayoritariamente que seria una mezcla de vino y solución
acuosa o alcohólica de opio. Según relata la Odisea:

?Al manjar que delante tenían las manos
lanzaban cuando Helena, nacida de Zeus, pensó en otra cosa y el vino que
estaban bebiendo les puso una droga, gran remedio de hiel y dolores y alivio de
males; bebería lo cualquiera disuelto en colmada vasija y quedara por todo
aquel día curado de llantos aunque en él le acaeciera perder a su padre y su
madre o cayera el hermano o el hijo querido delante de sus ojos, herido de
muerte por mano enemiga. La nacida de Zeus guardaba estos sabios remedios: se
los dio Polidamna, la esposa de Ton el de Egipto??

En cuanto a la mandrágora, el
más importante autor de la antiguedas, Dioscorides, dio normas para la
preparación de la mandrágora como anestésico:

?Hervir las raíces en una tercera parte de vino;
conservar el jugo resultante. De este se debe administrar un kyathos (
unos 5 ml.) para
inducir la insensibilidad antes de cortar o cauterizar?

Cabe suponer que nuestros
primitivos antecesores usaron tales infusiones internamente como anestesia
general, aunque no hay pruebas materiales de ello. En cambio, los hechos están
más claros en lo relativo a la anestesia local, que tiene miles de años de
antigüedad, al menos en Sudamérica. Los indios del Perú, Bolivia y la cuenca
del Amazonas conocían bien los efectos farmacológicos de las hojas de coca, que
mascaban por placer y para intoxicarse. Cuando un sacerdote inca trepanaba, se
sentaba sobre el paciente, sujetando la cabeza firmemente entre las rodillas.
Mientras realizaba el corte, se fortificaba mascando coca, y aliviaba al
paciente escupiendo abundantemente en la herida. Método que efectivamente
induce a la anestesia local.

Un síntoma común en diversas
alteraciones dolorosas es la inflamación local. Los pueblos primitivos creían
fácilmente que en un punto hinchado vivía un espíritu maligno, y que desaparecía
si se liberaba al espíritu, opinión que no carecía de fundamento. No podían
dejar de observar que los dolores desaparecían cuando bajaba la hinchazón,
cuando salía el pus del grano reventado, o cuando se dispersaba el acumulo de
sangre. Por tanto, eliminar un demonio que causaba dolor era un modo razonable
de curar tales enfermedades.

El método más sencillo era
succionar el espíritu maligno. Todavía se practica entre los habitantes de Méjico
y de Australia. Succionar las llagas, las mordeduras de animales y las
picaduras de insectos, con tanta energía que dejan moraduras en torno al foco
de dolor. Otro método se llama escarificación: se rasca enérgicamente la piel
intacta de la hinchazón con una concha, un trozo de pedernal o una espina de
pescado. En muchos lugares para eliminar estos acumulos de sangre que producían
dolor, se utilizaban sanguijuelas, cuyo uso ha perdurado hasta tiempos
recientes.



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