Los forceps.

                Las
pinzas para extraer el feto, normalmente cuando había muerto en el útero,
empezaron a utilizarse ya en la Edad Media. Pero la forma de algunos ejemplares
que se han conservado hasta la actualidad nos hace pensar que también servían
para facilitar el parto de niños vivos.

                Se
ignora desde cuánto tiempo se conocen los fórceps, aunque tanto los franceses
como los belgas están seguros de haber sido ellos sus inventores. En ambos
países este descubrimiento se atribuye a un cirujano flamenco llamado Jean
Palfyn (1650-1730). Su fórceps estaba formado por dos cucharas unidas por una
mordaza, pero sin articulación. Nunca logró traer al mundo a ningún niño con
este instrumento sin lesionarlo. Murió tan pobre como había vivido. Sin duda
Palfyn fue el primero en publicar experiencias con los fórceps. Pero la
investigación demostraría que tal instrumento se había empleado mucho tiempo
antes.

                El
3 de julio de 1569, un médico llamado William Chamberlen llegó a Inglaterra
huyendo de la persecución desencadenada en Francia contra los hugonotes. Con el
empezó una dinastía de médicos que mantuvieron su prestigio en Londres durante
doscientos años.

                Su
prosperidad estuvo basada en un invento guardado celosamente en secreto con el
cual acortaban partos difíciles y prolongados. Para no divulgar su
descubrimiento recurrían a toda suerte de artimañas; casi siempre alquilaban un
carro cubierto en el cual se dirigían a casa de la mujer; sacaban una caja
envuelta en paños negros y mucho más grande de lo necesario, para que nadie
hiciese cábalas. El médico se encerraba con la mujer y no dejaba entrar a
nadie; como la mitad inferior del cuerpo estaba cubierta por una sabana,
siguiendo la costumbre de la época, ni siquiera la madre veía la operación,
suponiendo que tuviese ánimos para interesarse por algo que no fuese parir lo
antes posible. Al final, el médico tocaba una campana para aumentar la
expectación, guardaba sus instrumentos en la caja y dejaba entrar a la familia
para que admirasen el resultado. No hace falta decir que el doctor Chamberlen
cobraba unos considerables honorarios antes de abandonar la casa junto con su
caja.

                El
secreto de los Chamberlen eran los fórceps. Su modelo difería de los actuales
sólo en algunos detalles. Les dieron prestigio y riqueza, y no tiene nada de
extraño que protegiesen con tanto cuidado la patente, aunque su comportamiento
no fue a veces demasiado ético.

                Con
el tiempo fue filtrándose parte del secreto. Uno de los miembros de la familia
se trasladó a Holanda y vendió al menos la mitad, es decir, enseñó una de las
dos pinzas que constituyen el fórceps. Quizás Palfyn viera esta pieza y se
inspirara en ella. Pero lo cierto es que el secreto completo no se reveló hasta
1818. Los Chamberlen o Chamberlain, según la
adaptación inglesa de su apellido, habían invertido parte de su fortuna en
Essex, donde murió uno de ellos. La viuda, al restaurar la casa, construyó una
habitación secreta en el ático y guardó en ella varios recuerdos de su marido;
entre éstos había una caja con varios objetos familiares; cartas, gafas,
tazones, un ejemplar del Nuevo Testamento y tres fórceps completos. En 1818, compró
la propiedad un comerciante de vinos, quien halló la caja y la entregó a la
Real Sociedad de Londres, donde todavía se encuentra.

                Pero
para llevar a buen término un parto con fórceps no basta con el instrumento,
hace falta alguien que lo use; es obvio que los Chamberlain habían llegado a
ser maestros en este arte.



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