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Los geriatras defienden la necesidad de un manejo integral de los ancianos con diabetes

El anciano con Diabetes Mellitus tipo 2 supone un auténtico reto clínico. No solo por su prevalencia, alrededor del 25%-30%, sino por una serie de características que lo hacen diferente a otros pacientes con diabetes. “En las personas mayores con esta enfermedad concurren con mucha frecuencia la comorbilidad, la polifarmacia, el riesgo de efectos secundarios y, lo más importante, la prominencia de la calidad de vida sobre la cantidad de vida”, explica el doctor Leocadio Rodríguez Mañas, jefe del Servicio de Geriatría del Hospital Universitario de Getafe y expresidente de la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG).

 
Se estima que en nuestro país hay 3,5 millones de personas con diabetes y más de la mitad es mayor de 65 años. De hecho, esta enfermedad es 100 veces más frecuente en estas edades que en menores de 18 años. Es, hoy por hoy, una de las patologías más incapacitantes en el anciano. Tal y como asegura el doctor Rodríguez Mañas, “la diabetes en el mayor nada tiene que ver con la del adulto. Podemos hablar incluso de una patología diferente, porque se asienta en un organismo envejecido, por sus diferentes manifestaciones y por el hecho de que los enfermos suelen padecer otras enfermedades y recibir múltiples tratamientos. Además, los objetivos que nos marcamos deben lograrse en un plazo más limitado de tiempo”.
 
Fragilidad y enfermedades crónicas
El envejecimiento patológico se acompaña de fragilidad y enfermedades crónicas que conducen a discapacidad y menoscabo de la independencia funcional de los adultos mayores, con resultados adversos para su salud. Ambos procesos pueden cursar independientes, paralelos o combinar sus efectos, lo que tiene implicaciones en patogenia, curso y pronóstico. “Disminución de la fuerza, sensación de cansancio, pérdida de peso involuntaria, enlentecimiento e inactividad son las manifestaciones más frecuentes de la fragilidad. A esto hay que añadir, en algunos casos, aislamiento social, deterioro cognitivo y depresión”, comenta este experto.
 
La relación entre fragilidad y enfermedades crónicas es compleja, pues las segundas pueden contribuir como factor causal o precipitante del síndrome frágil, a la vez que éste puede condicionar complicaciones a las primeras. En palabras del doctor Rodríguez Mañas, “muchas patologías crónicas, como la hipertensión, la enfermedad renal y la diabetes mellitus, aumentan su prevalencia con la edad. De esta forma, muchos ancianos frágiles son además hipertensos o diabéticos”.
 
Estrategias terapéuticas
Durante la V Reunión Nacional de la SEMEG se presentaron las Guías Europeas de Diabetes en Mayores, cuyo objetivo es mejorar el abordaje de esta enfermedad. Entre las recomendaciones destacan la práctica de ejercicio, la nutrición y la educación diabética, todos ellos factores imprescindibles en el tratamiento de la diabetes en personas mayores. “La diabetes en el mayor está asociada tanto al propio envejecimiento como al estilo de vida, en especial al sedentarismo y a la nutrición inadecuada durante la edad adulta”, comenta el geriatra.
 
Para investigar sobre esta relación, en 2011 se puso en marcha un estudio europeo de intervención multifactorial en pacientes ancianos con diabetes (MID-FRAIL), financiado por la Unión Europea en el contexto del 7º Programa Marco de Investigación en Salud y coordinado desde el Servicio de Geriatría y la Fundación de Investigación del Hospital Universitario de Getafe en Madrid. Según Rodríguez Mañas, “este trabajo investigará, entre otros aspectos, la aportación de nuevos objetivos clínicos (glucemia y presión arterial) adaptados a los ancianos, así como del ejercicio físico y de la educación diabetológica de forma conjunta en ancianos frágiles y prefrágiles con diabetes. Así confirmaremos si realmente una intervención multifactorial, que incluya la actividad física, puede retrasar en ancianos con diabetes la aparición de la discapacidad”.
 
Beneficios del ejercicio físico

Existe evidencia científica sobre la hipótesis que afirma que la práctica de deporte favorece el desarrollo de masa muscular y, por tanto, incide en la mayor autonomía funcional, “pero todavía hay que demostrar esa relación directa entre actividad física y prevención de la discapacidad en ancianos con diabetes. De igual forma, hay pocos programas de educación dirigidos a mayores y este estudio permitirá confirmar el papel que pueden desempeñar en la prevención”, concluye el geriatra.


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