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Los medicamentos. el gran hallazgo de la humanidad...

Los medicamentos. el gran hallazgo de la humanidad.

Por José Vélez, Secretario General de la Asociación
Española de Farmacéuticos de las Artes y las Letras (AEFLA)

La composición de los
satélites de Saturno, las no tan imperecederas piedras de ciertos monumentos o
paisajes naturales, el deshielo a pesar del crudo invierno de los casquetes polares, el popular ozono y tantos otros
elementos que nos acompañan en la Madre Naturaleza, han otorgado un cierto
status de vitalidad a lo que no era entendido más que como puro concepto
químico o geológico. La ecología irrumpe y pide respeto para el entorno. Está
claro que también los medicamentos forman parte de ese curioso patrimonio,
aunque últimamente no lo estén pasando ?de cine?. Nacidos para sanar, nunca para
matar, sus efectos secundarios, interacciones, mala utilización,
desabastecimiento, costo, fabricación química industrial o automedicación
provocan críticas razonadas que se esgrimen contra los fármacos y que les hacen
perder algunos puntos en el escalafón. Nada tan injusto cuando se habla de uno
de los más brillantes hallazgos de la Humanidad.

Es cierto que las medicinas
están inmersas en alguna de esas polémicas, pero no debe olvidarse que, en general,
cumplen con satisfacción los objetivos para los que fueron creadas en un
sofisticado centro de investigación o descubiertas entre las plantas y matojos
de los más recónditos campos de nuestro planeta. Curan y alivian enfermedades y
lo menos que podemos hacer es reconocer que sería maravilloso que pudieran
hacerlo así con todas y cada una de las patologías que nos rodean.

En las farmacias se
codean  especialidades tradicionales con
novedosas moléculas de última generación, fármacos alternativos como la
homeopatía y viejos remedios naturales que recuperan su uso en la actualidad.
En el fondo, todos son medicamentos y todos tratan de cumplir con su misión de
paliar o superar el dolor del paciente. Se sienten satisfechos cuando son bien
empleados porque así es más sencillo alcanzar la meta y se preocupan cuando
alguien incumple un tratamiento o se pasa de dosificación porque complica
alcanzar el objetivo marcado y con la seguridad requerida.

También cuando alguien se
automedica sin control profesional, el propio medicamento hace saltar las
alarmas y se atreve a lanzar señales e indicadores para garantizar su buena
utilización, aunque muchas veces no 
hagamos caso  o no sepamos
interpretar los mensajes que nos envía.

Más de uno pensará que estoy
equivocado o  confuso tras consumir
desordenadamente algún componente farmacológico. No es así, se lo aseguro.
Puede que se trate de una pequeña excursión por el terreno de la ciencia
ficción, pero en la farmacia creo vislumbrar una íntima satisfacción
en esa pequeña cápsula blanca cuando realmente es capaz de relajarnos, en la
tableta que vence una infección complicada o en el sobre polivitamínico
que nos da energía suficiente para toda la jornada.

Y confieso que, más de una
vez, se han llevado el guiño cómplice de mi agradecimiento.



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