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Los pacientes con depresión, estrés y ansiedad presentan un mayor riesgo y un peor pronóstico cardiovascular

Los pacientes con depresión, estrés y ansiedad presentan tanto un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares como un peor pronóstico en la evolución de estas patologías. Así lo ha comentado el doctor Carlos Brotons, del Grupo de Trabajo de Prevención Cardiovascular del Programa de Actividades de Prevención y Promoción de la Salud (PAPPS) de la semFYC, que ha sido el encargado de presentar las “Novedades y Controversias en las Nuevas Guías Europeas”, en el marco del V Congreso Clínico Cardiovascular, que estos días se celebra en el Centro de Convenciones de Barcelona y al que asisten más de 500 profesionales sanitarios para debatir la prevención, detección y manejo de las enfermedades cardiovasculares. El diagnóstico y manejo del síndrome coronario agudo, el ictus, la hipertensión arterial y la enfermedad tromboembólica venosa serán algunos de los temas que se abordarán durante estas jornadas.  

Se trata de un evento científico de carácter clínico y multidisciplinar que, como señala el doctor José María Lobos, coordinador del Grupo de Enfermedades Cardiovasculares de semFYC y presidente del Comité Organizador, es “un punto de encuentro para diferentes especialistas que trabajan en el área cardiovascular, tanto médicos de familia como cardiólogos, internistas, neurólogos, epidemiólogos, cirujanos vasculares y profesionales de enfermería con el fin de intercambiar experiencias y establecer pautas comunes para el abordaje global de la enfermedad cardiovascular”.

Factores psicosociales
En relación a los factores psicosociales que se incluyen en las nuevas guías europeas, y tal como comenta el doctor Brotons, “aunque ya se sabía que el estrés, la depresión y los problemas familiares y laborales están asociados a un peor pronóstico cardiovascular, lo que se añade ahora son nuevos datos en relación a la ansiedad y a lo que denominamos la personalidad tipo ’D’, de distress. Es decir, aquellos pacientes que tienen una afectividad y emociones negativas o dificultades para relacionarse socialmente, en los que se ha visto que presentan un peor pronóstico cardiovascular. En estas recomendaciones se incluyen una tabla con preguntas clave para detectar posibles problemas psicosociales y se facilitan una serie de intervenciones para mejorarlos o paliarlos. Incluso en algunas escalas, como la británica, se tiene en cuenta la clase social, ya que las personas con menos recursos tienen mayor prevalencia de factores de riesgo cardiovascular”.

Otra de las novedades es la incorporación de la categoría de pacientes con “riesgo muy alto”. En este grupo entrarían aquellos que han tenido enfermedad coronaria, ictus, enfermedad vascular periférica, diabéticos con algún otro factor de riesgo y los que sufren insuficiencia renal crónica. “Esta última se ha incluido ahora en el riesgo muy alto, ya que son pacientes con un mal pronóstico y que tienen un 10% o más de  riesgo de enfermedad cardiovascular, que los que previamente se consideraban de alto riesgo”, explica el doctor Brotons.

Asimismo, en estas últimas pautas se añade el concepto de “edad vascular”. Se trata de pacientes jóvenes, que aunque por su edad no les corresponde tener un riesgo de sufrir estas enfermedades, al tener diferentes factores de riesgo presentan el mismo riesgo cardiovascular que una persona de mayor edad. “Creemos que esta nueva calificación servirá para concienciar más a estas personas, ya que aunque tengan 40 años pueden tener una edad vascular de 60 años. Esto puede impactar más en el paciente, tener unas consecuencias positivas y hacer que cambie más fácilmente sus estilos de vida. Concretamente, en este grupo de pacientes los profesionales de AP jugamos un papel fundamental, ya que la información y sensibilización es clave, y el paciente debe aprender y ser responsable de cuidarse y de llevar unos hábitos de vida saludables”.

Falta de adherencia
Entre un 20-25% de los pacientes con riesgo cardiovascular no cumple adecuadamente con el tratamiento. En la última versión de las guías europeas se da mucha importancia al cumplimiento, sobre todo en aquellos pacientes de alto riesgo con un peor pronóstico. Entre las intervenciones que se recogen para mejorar esta situación están en reducir el número de pastillas diarias. “Hasta ahora”, comenta el doctor Brotons, “se han realizado algunos estudios con la denominada ‘polypill’ que parece mejorar la adherencia. En cualquier caso son necesarias más investigaciones que lo confirmen”.

Asimismo, durante el Congreso se abordará también la recomendación que hacen estas guías del papel de los biomarcadores inflamatorios y trombóticos y la aplicación de las técnicas de imagen en la valoración del riesgo cardiovascular en la práctica clínica real.

Otros contenidos
Entre otros contenidos del congreso destaca la mesa “Código Infarto”, en la que se presenta el modelo de actuación coordinado para las personas que sufren un síndrome coronario agudo. Según explica la doctora Amparo Mena, miembro del Comité Organizador, “con una mejor coordinación en la  atención a estos pacientes desde el inicio de los síntomas se podrían mejorar y generalizar los tratamientos de reperfusión en el infarto agudo, reduciendo la mortalidad en más de un 30%, según los datos más recientes”. 

El Código Infarto se aplica en Cataluña desde 2009, y gracias a éste se ha duplicado el número de angioplastias primarias y los tiempos de actuación se han reducido entre un 20 y un 40%. La angioplastia primaria (reabrir la arteria infartada lo antes posible) constituye el tratamiento de elección en el infarto agudo de miocardio, “sin embargo”, continúa la doctora Mena, “en muchos hospitales, áreas de salud, e incluso comunidades autónomas, este procedimiento no está disponible para una mayoría de la población. Esta heterogeneidad en los protocolos utilizados y en los recursos disponibles produce de hecho desigualdades en la atención a las personas con un  SCA, una de las primeras causas de muerte prematura en España”.

Asimismo, la llegada de los nuevos anticoagulantes orales para la prevención del ictus en pacientes con fibrilación auricular será otro de los temas que se abordarán en este encuentro. Según apunta el doctor Lobos, “en España hay unas 600.000 personas en tratamiento anticoagulante, y una proporción no inferior al 25-30% tiene problemas de accesibilidad o de control adecuado y estable con el tratamiento clásico con SintromR. Los nuevos anticoagulantes presentan igual o mayor efectividad con un menor riesgo, ya que no necesitan monitorización analítica, no interaccionan con alimentos u otros medicamentos y su efecto es predecible con una dosis similar para la mayoría de los pacientes. No obstante, se recomienda un seguimiento estrecho de estos pacientes, buscando una óptima adherencia al tratamiento; aquí el médico y la enfermera de atención primaria se enfrentan a un nuevo escenario en el que continúan teniendo un papel inequívoco, integrando estos cuidados en el control del paciente crónico”

El médico de familia en la detección precoz

Las enfermedades cardiovasculares (ECV) constituyen la primera causa de muerte en nuestro país. Por sexos, la cardiopatía isquémica es la principal causa de muerte cardiovascular en el varón (hasta un 33% de todos los casos), siendo en las mujeres las enfermedades cerebrovasculares las que ocupan este primer puesto. También el ictus es una importante causa de discapacidad. En España se producen más de 100.000 ictus por año, con un coste económico muy elevado (ingresos hospitalarios, rehabilitación, incapacidad…).



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