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Los peligros de internet.

Los peligros de internet.

Un buen día aparece un joven
en la farmacia solicitando información sobre la vitamina P.5. Una incipiente
entrada en su cabellera puede denotar una ligera preocupación alopécica. Apenas
se percibe. Pregunta si le podemos preparar unas cápsulas de esta vitamina,
pero en una dosis a todas luces excesiva y que llama la atención. Como es
natural y sin la preceptiva prescripción médica, no es factible proseguir, pero
la curiosidad me puede e investigo el porqué de este inusitado interés.

Por toda respuesta, recibo la
seguridad de que un médico amigo suyo le proveerá de la correspondiente receta.
Me atrevo a dudarlo y, efectivamente, el referido galeno tira de
profesionalidad y recomienda algo más de precaución al intrépido paciente.

No le preocupa. Ha consultado
en internet y obtendrá el producto sin problemas, se
atreverá a preparar él mismo la fórmula y, por supuesto, no se encomendará a un
especialista o tendrá en cuenta los excipientes precisos. Soliviantado asegura
que los médicos y los farmacéuticos somos un poder económico que hay que
romper. Menos mal que internet puede con todo.

Algo nos está pasando cuando
damos crédito y cabida a estas cosas. Internet ya no es un arma de doble filo:
es el druida, el hechicero,  Merlín y el
Mago de Oz en una sola pieza y nos permite alcanzarlo
todo, aunque esté falsificado -más del 30% de los medicamentos manejados por
esta vía no llevan los principios activos que anuncian- y nadie controla su
manejo.

Si el mundo elige el capital
puro y duro, determinadas materias como la sanidad correrán doble peligro. De
vez en cuando, conviene seguir depositando nuestra confianza en los expertos
cuya trayectoria de seriedad conocemos.



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