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Lumbalgia. pautas para no doblarte.

Lumbalgia. pautas para no doblarte.

Un 80 por ciento de la población padece en su espalda
el “latigazo” de la lumbalgia en algún momento de su vida. Esta
patología, que suele aparecer de repente, tiene un tratamiento definido y
eficaz, pero sobre todo, puede prevenirse tan solo con adoptar unos sencillos
hábitos

La lumbalgia es un dolor
agudo y bien localizado en la región lumbar o parte inferior de la espalda, causado,
la mayoría de las veces, por un movimiento giratorio repentino e incontrolado
del tronco, por forzar la espalda al levantar un objeto pesado o por pasar
mucho tiempo en la misma postura. Se estima que esta dolencia afecta a un 80
por ciento de la población en algún momento de su vida y la padecen de forma
crónica uno de cada cuatro adultos en las sociedades occidentales, siendo la
segunda causa de baja laboral.

Suele aparecer de repente,
siendo el dolor, la rigidez y la contractura en la zona lumbar sus primeros
síntomas. Su remisión también es espontánea: el 40 por ciento de los pacientes
ven reducir el dolor en una semana; el 65-80 por ciento en unas tres semanas, y
el 90 por ciento en dos meses.

Por qué se produce

Aunque se sabe que la
región lumbar es especialmente vulnerable a determinados movimientos y
posturas, éstas no son siempre las únicas causas de su aparición. De hecho, en
la mayoría de los pacientes se desconoce el origen de la lumbalgia. Puede estar
producida por algo tan sencillo como una mala postura mantenida, pero también
puede tener su causa en otras patologías, como infecciones, artrosis, lesiones
discales, tumores, inflamaciones o patologías reumáticas. A esto hay que añadir
que, en otros casos, existen dolores que se manifiestan como lumbalgias, pero
que tienen su origen en otro aparato o sistema que no tiene nada que ver con la
columna vertebral. Se trata de los llamados dolores referidos que se deben a
otras patologías como cólico nefrítico o biliar, contracciones del embarazo,
cistitis, pancreatitis e incluso dolores menstruales. En todo caso, es
conveniente consultar al especialista al primer síntoma de dolor.

Calor, analgesia y un
poco de ejercicio

Aunque el tratamiento
específico dependerá de la causa de la lumbalgia, los tratamientos más utilizados
son los siguientes:

  1. Calor local: es el tratamiento más tradicional y “casero” para
    calmar el dolor, ya que relaja los músculos, alivia la tensión de las
    terminaciones nerviosas y activa el flujo sanguíneo. Los métodos de
    aplicación son diversos: bolsa de agua caliente, esterilla o manta
    eléctrica, lámpara de rayos infrarrojos (se aplica sobre la zona afectada,
    penetrando el calor sólo hasta dos centímetros de profundidad), baños
    calientes o chorros de agua caliente en la ducha.
  2. Fármacos:
    se suelen recomendar analgésicos (paracetamol y codeína) y antiinflamatorios, así como sedantes y relajantes
    musculares, aunque pocas medicaciones han demostrado ser tan efectivas
    como el ácido acetilsalicílico.
  3. Vitaminas:
    las del grupo B, sobre todo la B6, han demostrado ser muy efectivas en el
    tratamiento y prevención de las lumbalgias, ya que protegen y refuerzan la
    raíz nerviosa. No actúan como analgésico o antiinflamatorio,
    sino que su efecto es a medio plazo, de ahí que haya que consumirlas en un
    periodo de una a dos semanas tras la aparición del dolor.
  4. Ejercicio:
    se ha comprobado que la realización de ejercicios isométricos (que
    implican un aumento de la presión abdominal) alivia notablemente el dolor.
    Esta es una tabla tipo: apoyar
    la espalda con dos o tres almohadas en forma de cuña por debajo de la
    cabeza y los hombros y otra almohada debajo de las rodillas. En esta
    posición, contraer los músculos abdominales, mantener y relajar. Hacer lo
    mismo con los glúteos y, por último, combinar ambos tipos de
    contracciones, para producir una flexión de la pelvis con flexión de la
    columna vertebral.
  5. Corsés:
    disminuyen la presión intradiscal y mantienen
    los músculos en reposo cuando el paciente está de pie mediante dos
    mecanismos biomecánicos: descargando la presión vertebral o aumentando la
    presión intraabdominal. No debe usarse más de un
    mes.
  6. Infiltraciones: se aplican en los dolores más rebeldes. Se trata de inyectar antiinflamatorios potentes, como los corticoides
    asociados a un anestésico, en el canal raquídeo lumbar, para reducir la
    inflamación en la raíz nerviosa.
  7. Mesoterapia: consiste en la aplicación de múltiples inyecciones subcutáneas
    con sustancias antiinflamatorias y analgésicas
    en la región dolorida con la ayuda de agujas cortas y finas.
  8. Electroterapia: se trata de difundir una corriente eléctrica a lo largo del
    nervio ciático mediante electrodos. Resulta muy útil cuando es imposible
    practicar un masaje debido al dolor.

¿Reposo o ejercicio?

Tradicionalmente, lo
primero que se recomendaba a las personas que padecían (mala separación) dolor lumbar era reposo total en la posición de
decúbito supino, pero las investigaciones realizadas al respecto en los últimos
años han puesto en tela de juicio la eficacia de esta medida. En todas ellas se
demostró que el hecho de seguir realizando las actividades ordinarias, con los
límites permitidos por el dolor, favorece una recuperación más rápida que si se
guarda reposo. Los estudios más recientes confirman la contraindicación del
descanso en los casos de trastorno lumbar crónico, ya que éste puede favorecer
la distrofia muscular. Además, hay que tener en cuenta que el reposo favorece
la disminución de la masa ósea e incluso puede dar lugar a depresiones y
estados de ansiedad.

Prevenir, el mejor
remedio

Tanto para evitar su
aparición como para recuperarse adecuadamente de un episodio de lumbalgia es muy
importante adoptar una serie de hábitos destinados a proteger y
“mimar” esta zona:

1.       
En el trabajo: Prácticamente, todas las profesiones favorecen la
aparición de lumbalgias. Estas son las medidas más efectivas para paliar sus
efectos:

·        
Adecúa la altura de la silla para trabajar frente al
ordenador. La pantalla debe estar a la altura de los ojos.

·        
Siéntate con la
espalda totalmente apoyada en el respaldo.

·        
Asegúrate un buen
apoyo lumbar. La cadera y las piernas deben formar un ángulo recto.

·        
Al coger una
carga, flexiona las piernas y agáchate con la espalda lo más recta posible.

·        
Haz flexiones
durante un cuarto de hora tres veces por semana, para fortalecer los músculos
lumbares.

2.       
En la vida
cotidiana
: Hacer la colada, conducir,
subir y bajar pesos, llevar las bolsas de la compra? son actividades muy nocivas para la zona lumbar. Así se puede
proteger:

·        
En el coche, coge
el volante con los brazos flexionados, nunca tensos. Si la espalda no reposa
totalmente sobre el respaldo, utiliza un cojín para apoyar los riñones.

·        
Opta por un
somier firme, duerme siempre sobre la espalda y utiliza una almohada plana, que
se adapte a la forma del cuello, o una anatómica.

·        
Bebe mucha agua.
El disco intervertebral es agua en un 80 por ciento, y una buena hidratación le
ayuda a mantener su papel como amortiguador.

·        
La natación es el
ejercicio más adecuado para todo tipo de lumbalgias, ya que se realiza en un
plano horizontal y en un medio líquido, lo que favorece los movimientos.

La natación es el
ejercicio más recomendado por los expertos para todo tipo de lumbalgias

La importancia del ?chip
metal?

En los últimos años se ha
comprobado la estrecha relación existente entre los dolores lumbares crónicos y
la psicología. Se estima que aproximadamente el 25 por ciento de las personas
que acuden al médico aquejadas de un dolor lumbar presentan una patología de
origen subjetivo. En este sentido, una reciente investigación llevada a cabo
por expertos de la Universidad de Manchester (Reino Unido) ha demostrado que
estrategias como evitar ser catastrofista, convencerse de que se pueden
controlar las molestias y no rehuir la práctica de la actividad física
consiguen aliviar significativamente las molestias producidas por el lumbago.
Según los autores del estudio, las intervenciones cognitivas que disminuyen los
pensmientos negativos sobre las consecuencias del
dolor y promocionan la idea de que el propio paciente puede controlar sus
molestias son una importante pauta terapéutica, independientemente del
tratamiento médico que se esté recibiendo.



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