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Madres trabajadoras. Nuevo curso, mejores propósit...

Madres trabajadoras. Nuevo curso, mejores propósitos.

 Jefe de Servicio Unidad de Psiquiatría Infanto-juvenil del Hospital Gregorio MarañónEs cosa sabida: todos los años por estas fechas te propones estar más tiempo con los niños, no gritarles, establecerle horarios de estudio, vigilar su dieta e higiene bucodental, restringirle los tiempos de tele… Para conseguirlo y que no quede todo en “agua de borrajas”, no hay nada como organizarte. Marcar el ritmo es lo primero, mantenerlo una cuestión de tesón. Te ayudamos a conseguirlo sin desfallecer. 


 


Una actitud positiva, la clave del éxito

Cuántas veces nos han dicho: ¡tranquilízate, que tus nervios se los pasas a los niños! Y al igual que los nervios, todo lo demás. En la serenidad y la calma es donde reina la razón y se abre el corazón a las confidencias. Pasarte la vida chillándoles solo provocará que se aparten de tu lado. Igualmente, una actitud alegre y positiva los hará más comprensivos, más autosuficientes y más seguros de sí mismos. En definitiva, les ayudará a construir una autoestima fuerte, fundamental para progresar en la vida. Pero ¿cómo fomentarla sin ejemplo? Los niños son grandes imitadores, y desde su más tierna infancia aprenden lo que perciben. Por lo tanto, recuerda siempre que la educación científica y moral sólo será íntegra con el ejemplo positivo, concreto y personal de los padres y maestros.

 


Amor, Autoridad y Diálogo


Las tres palabras mágicas

En este sentido se manifiesta también la doctora María Jesús Mardomingo Sanz, jefe de Servicio de la Unidad de Psiquiatría del Niño y el Adolescente del Hospital Gregorio Marañón de Madridy presidenta de la Asociación Española de Psiquiatría Infanto-juvenil (AEPIJ), quien considera que las actitudes positivas y la seguridad que se le transmiten al niño son fundamentales a la hora de educarles. Según la doctora Mardomingo, “todos queremos que los niños tengan una vida feliz, que se sientan a gusto y confortados, y que construyan una buena imagen de sí mismos llena de autoconfianza”. Para ello, son fundamentales tres cosas: Amor y Afecto, incondicional y completo; Autoridad y buen criterio de los padres, que a los niños les da una estabilidad y confort enormes; y Diálogo, porque la educación se tiene que adaptar a la edad, algo obvio, y con los hijos hay que dialogar, hay que saber escucharles. Según la doctora Mardomingo, comunicarte con tus hijos facilitará la comunicación en la familia, con lo que habrás ganado un amplio margen para el día de mañana en que puedan surgir complicaciones. Ser su confidente ahora te permitirá acercarte a sus problemas más adelante.


 


Educar desde la lactancia

En palabras de la doctora Mardomingo Sanz, la educación de los hijos comienza con la lactancia. Los padres, ya desde el primer año de vida del niño, deben empezar a transmitir a los hijos los valores que consideran fundamentales para la educación del niño, y las pautas de conducta concretas que consideran fundamentales para su educación. Cuando un niño tiene problemas de comportamiento, siempre se le puede ayudar y mejorar, pero está claro que cuando se empieza a intervenir prematuramente, cambia el pronóstico por completo, e incluso la evolución de una posible enfermedad psiquiátrica.



 


Márcale horarios

Según nos explica María Jesús, para que el orden familiar exista, es fundamental organizarse y decir que no a tiempo cuando hay que decirlo… El orden y las normas son esenciales. Por ello, marcar un horario de estudios y de juegos, es vital en el aprendizaje del niño. Igualmente, conviene marcarle tiempos para ver la televisión e Internet. Los niños tienen que aprender a tolerar la frustración, a que no todo es como ellos quisieran, porque de hecho la vida no siempre está hecha a nuestro gusto. Es fundamental que aprendan el valor del no y aceptarlo. Con ello aprenden que la vida plantea dificultades e inconvenientes. De no asimilar la frustración desde  pequeños, acaban sin fortaleza interior y sin preparación para la vida. Todo se convierte en problemas que no saben resolver. Por eso hay que prepararles y darles estabilidad emocional, que se adquiere sabiendo que hay alguien te va a decir que no.

 


No los cargues de extraescolares

Por otra parte, la doctora Mardomingo insiste en que hay que evitar que las actividades extraescolares vengan a ser actividades de relleno destinadas a suplir el tiempo que los padres ya no pueden dedicar a sus hijos por el trabajo. No deben ser un relleno del horario, sino algo dirigido a algún objetivo. Hay que darle sentido y significado. Dejar tiempo de descanso, de juego, de silencio y de reflexión a los niños es muy importante para su madurez.

 


Psiquiatría infantil


Una especialidad en auge

Según la doctora Mardomingo, actualmente sabemos que la mitad de los trastornos psiquiátricos de la población general comienzan en la infancia y llegan a la vida adulta. Sin embargo, España es el único país Europeo junto a Lituania, Malta y Eslovaquia que no cuenta con especialistas en psiquiatría infanto-juvenil, por lo que el tratamiento de estos pacientes se ve agravada por la falta de facultativos y centros especializados. De ahí que recientemente muchos padres hayan recogido firmas para demandar la creación de esta especialidad al nuevo ministro de Sanidad, Bernat Soria. “Desde nuestra asociación trabajamos incansablemente para que la psiquiatría infantil y juvenil constituya toda una especialidad médica”, nos aclara Mardomingo. “El hecho de que hasta el momento no se haya constituido como tal se ha debido a que los trastornos psiquiátricos de los niños y adolescentes no eran considerados problemas reales, sino problemas sin importancia y fuera de la esfera real, sin peso frente a otros problemas de la población general. Ahora sabemos que algunos trastornos se podrían prevenir, mientras que otros, al diagnosticarlos y tratarlos pronto, tendrían una evolución completamente distinta  e incluso podrían llegar a curarse. Incluso en el grupo de los que no se curarían, al menos conseguiríamos una calidad de vida mucho mejor, con lo que habría menos morbilidad psiquiátrica en la vida adulta y menos secuelas. Por lo tanto, la ausencia de una especialidad de psiquiatría infanto-juvenil no solo es un error solamente desde un punto de vista científico, sino también desde el punto de vista de la gestión y del ahorro económico”, nos asegura.

 


Qué signos pueden alertar a los padres

Según la doctora Mardomingo, cuando un padre se da cuenta de que su hijo tiene obsesiones o tiene rituales, nota un cambio de carácter o de personalidad continuado en el tiempo (1 o 2 semanas), cuando de alegre, juguetón y sociable se ha vuelto todo lo contrario, o si se aísla y está triste, deja de hablar o de comer, llora o duerme mal por las noches, debe llevarlo inmediatamente al psiquiatra, quien trabajará en sintonía con el psicólogo infantil.

 


Los trastornos más frecuentes

Según Mardomingo, los motivos de consulta más frecuentes son en primer lugar los problemas de comportamiento en casa y en el colegio, entre los que cobran especial relieve la hiperactividad, con unas tasas de prevalencia en torno al 5%. En segundo lugar, también muy numerosos, estarían los trastornos de ansiedad, muy frecuentes en la adolescencia, la fobia social y otros relacionados. En tercer lugar, los problemas de la alimentación, sobre todo en la adolescencia, y luego la depresión, que en la infancia afecta por igual a ambos sexos, pero que en la adolescencia afecta en una proporción de un niño por cada dos niñas, de modo que a partir de la adolescencia, ésta será la pauta que rija la vida adulta de no tratarla a tiempo.

La explicación al auge de todos estos trastornos podría estribar, según la doctora Mardomingo, en la cantidad de cambios de la sociedad actual, los nuevos modos de vida, los cambios en la estructura familiar, las noticias terribles que ven, los agobios de los padres en el trabajo, las prisas… todo lo cual les genera un alto grado de incertidumbre. La sociedad actual no invita a la cordura, no vivimos un mundo sosegado y pacífico, sino que se perciben muchas amenazas que aterran y llenan a los niños de incertidumbre.

 


¿Y cómo remediarlo?

Según la doctora Mardomingo, los médicos sabemos que las enfermedades psiquiátricas, por un lado, en su etiología, en los mecanismos por que aparecen, tienen un elevado componente genético, es decir, que ya hay personas que nacen con una vulnerabilidad o predisposición para sufrir determinadas enfermedades psiquiátricas como por ejemplo una depresión, una esquizofrenia o un autismo o un problema de conducta. Para que esa predisposición genética se convierta en un síntoma, y por tanto en cuadro clínico que indique un trastorno de tipo psiquiátrico, los factores ambientales tienen un papel fundamental, y en el caso de los trastornos de conducta, son fundamentales para el diagnóstico y para la evolución. Cuando el medioambiente es favorable, cuando hay armonía familiar y pautas educativas coherentes, la evolución es mucho mejor. En caso de no ser así, sobre todo en el caso de los trastornos afectivos, la evolución es mucho peor. En palabras de la doctora Mardomingo, “es muy curioso destacar que el nivel cultural y educativo de los padres, no tanto como el nivel económico, juega muy a favor de los niños con problemas: de hecho, hoy en día, nos encontramos con padres que tienen muchos medios económicos, pero que han dado una educación desastrosa a sus hijos.

Por lo tanto, una vida sana para los niños implicaría, además de una buena dotación genética, suerte (si una madre muere cuando el niño tiene 3 años, o un padre que acaba en la cárcel), y un medio familiar en el que se respiere diálogo, cariño y cordura.



 



 


Raciones razonables


Que no coman con los ojos

El 14% de los españoles entre 2 y 24 años padece obesidad, y en apenas dos décadas se ha triplicado el número de niños obesos. Estos datos tienen su explicación en los nuevos patrones alimentarios de hoy en día, regidos por una alimentación con una alta densidad energética, compuesta por platos más fáciles de preparar y consumir. Todo induce a su consumo: la falta de tiempo para comer, la disgregación familiar a la hora de las comidas (padres que comen en el trabajo, niños que comen en el colegio…), la pérdida progresiva de la cultura culinaria, junto a las modas importadas desde EEUU (país inventor de la comida rápida y las versiones gigantes de los alimentos), propician el consumo de comida basura y el negocio de los establecimientos que la ofrecen. Y si te dijéramos que los azúcares, las grasas y las calorías en exceso son malos en cualquier dieta, te escandalizaría saber en qué medida las versiones gigantes de los alimentos, que incluyen estos ingredientes por partida doble, se han asentado en las cadenas de comida rápida. Y no solo en las cadenas de comida rápida: cada vez es más frecuente ver en los estantes de los supermercados maxi-yogures, maxi-salchichas, maxi-batidos, o maxi-galletas, que alejados de los patrones alimentarios considerados sanos por los expertos, incentivan la desproporción en el comer y propician la obesidad. Del mismo modo, a la hora de comer, tendemos a llenar en exceso los platos sin delimitar las raciones. La frase ¿se puede repetir?, casi siempre está asociada a platos que incluyen macarrones, hamburguesas, patatas fritas… Rara vez te piden repetir si de lo que se trata es de repetir verduras o ensalada. Por eso, aunque te pidan más, mantente firme y evitarás que se ensanche el estómago de los niños. Los expertos y nutricionistas inciden en la importancia de servir raciones saludables.

 


Televisión: el código PAOS


Un poco de tranquilidad








Cuando planifiques el año, no te olvides de que ver la televisión sin ton ni son es algo muy perjudicial para los más pequeños. Según datos oficiales, los niños españoles ven una media de 2 horas y 30 minutos diarios de televisión, lo que
supone que, durante este periodo, ven unos 54 anuncios, con la carga psicológica que ello implica por la intencionalidad que de por sí guarda la publicidad. En este sentido y ante la necesidad de proteger a los niños frente a la publicidad ha impulsado a la Agencia española de Seguridad Alimentaria (AESA) a elaborar, junto a la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), un Código de autorregulación de la publicidad de alimentos y bebidas dirigida a menores (Código PAOS) que pretende  reducir la presión comercial sobre los menores de 12 años. Entre otros, destaca el compromiso de los anunciantes de que los anuncios no incitarán a los niños a que soliciten la compra los productos anunciados. La publicidad tampoco explotará la  especial confianza de los menores en sus padres, en profesores o en personajes próximos al público infantil. Como regla general, los mensajes publicitarios no deberán promover hábitos alimentarios poco saludables o fomentar estilos de vida sedentarios. Asimismo, ningún producto podrá presentarse como sustitutivo de las comidas principales.

 


Consejos de la Asociación Española de Pediatría

  • Por su parte, la Asociación Española de Pediatría desaconseja las bebidas azucaradas y refrescos, que nada aportan a la dieta, salvo calorías y azúcares añadidos. Por el contrario, aconseja beber solo AGUA.
  • Asimismo promueve el consumo de verduras, legumbres y frutas, limitar la administración de grasas, mantequillas, pizzas, bollería industrial, redescubrir la dieta mediterránea, y promocionar el ejercicio físico, las actividades deportivas, y el juego al aire libre en todos los niños, independientemente de sus habilidades.
  • También recuerda que un niño obeso expone a su organismo durante más tiempo a enfermedades cardiovasculares y a hipercolesterolemia, al desarrollo de ciertos tumores, a alteraciones endocrinas y a la sobrecarga en el sistema osteoarticular, entre otros problemas.



 


Más ejercicio: otra recomendación fundamental

Dos de cada tres niños en edad escolar tienen una baja actividad física extraescolar; esto es, practican menos de una hora al día de cualquier tipo de actividad física. Por lo tanto, además de vigilar su alimentación, la AEP recomienda que los niños realicen ejercicio a diario, ya que las condiciones sociales y laborales de las que hablamos también han disparado el sedentarismo y en la mayoría de los casos hemos sustituido la actividad física y el deporte por un aumento extraordinario del tiempo dedicado al entretenimiento pasivo, como los ordenadores, las videoconsolas y la televisión. De hecho, según las estadísticas, los chicos españoles pasan una media de 2 horas y 30 minutos al día viendo televisión, convirtiéndose, después de los británicos, en los más teleadictos de la Unión Europea. A esto hay que sumarle media hora adicional jugando con el ordenador o la consola de videojuegos.



 



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