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Más control sobre el medicamento veterinario.

Más control sobre el medicamento veterinario.

No es momento de alarmarse, pero sí de tomar medidas. Mientras los medicamentos de venta en farmacias reciben un control exhaustivo por medio de las recetas y del visto bueno del farmacéutico, los medicamentos de uso veterinario tienen una gran libertad de movimientos y cuentan con un mercado carente del necesario control. Es un negocio que mueve muchos intereses y en el que la Administración debería tomar unas medidas más exhaustivas.

La Federación Empresarial de Farmacéuticos (FEFE) ya avisó en su día del peligro que se corre con la distribución fraudulenta de medicamentos veterinarios. El peligro estriba en dos supuestos según Juan José Palacios, Director General de la Federación: “Por un lado, existe el problema de una posible medicación masiva y negligente de la ganadería nacional, con el riesgo de que los medicamentos pasen a las personas al alimentarse, y por otro, algo mucho más grave, la desviación de estos productos de animales hasta el consumo humano, muchas veces como alucinógeno”.

El hecho de que estos medicamentos llegue a manos de los ganaderos sin un previo control de la autoridad pertinente y sin los consejos necesarios de los especialistas, puede provocar una situación de riesgo potencial. Se hace necesario cambiar la actitud de caos en la que se encuentra la dispensación del medicamento veterinario que, hasta llegar a su consumidor, sigue los más tortuosos caminos desde el laboratorio hasta el ganadero. Con unos canales de distribución nada claros de los medicamentos veterinarios, la regulación, la inspección exhaustiva y el control por parte de la Administración, se hacen cada día más necesarios para este tipo de productos, que suponen un riesgo carente de la protección más adecuada.

Una posible desviación, la ketamina

Uno de los problemas mayores que trae consigo un escaso control en la fabricación o distribución de medicamentos es el de desviar su uso al consumo humano con fines recreativos. Los farmacéuticos de Barcelona han notado en los últimos meses un incremento de la demanda de productos que contienen ketamina. Este producto es uno de los anestésicos más utilizados en veterinaria, aunque también se ha utilizado en hospitales. Sin embargo, sus poderosos efectos secundarios de tipo psicológico han ido provocando que su uso quede eliminado cada vez más del uso humano, y ahora sólo se utiliza casi exclusivamente para los animales. Es por eso que, Rafael Borrás, vocal y miembro de la Comisión de Drogas del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Barcelona ve en la creciente demanda un “claro desvío del fin de esta sustancia hacia un uso para la diversión por parte de los numerosos jóvenes que han acudido a la farmacia en busca de ella”.

La ketamina es un anestésico disociativo: es decir, separa el cuerpo de la mente. La anestesia que produce es singular, ya que la persona no está dormida sino desconectada de su cuerpo y de su entorno. Sin embargo, “algunas personas utilizan el concentrado para esnifarlo o consumirlo en forma de pastillas, ya sea de manera aislada o con cocaína, por lo que el riesgo que esta droga conlleva se puede disparar”, afirma Borrás. Por lo tanto, nos encontramos con un producto de uso veterinario que sufre una desviación de su finalidad original y que provoca unos efectos devastadores en los jóvenes.

En su presentación farmacéutica es un líquido inyectable. En la calle puede encontrarse como liquido incoloro, polvo o cristales blancos, pastillas o cápsulas.

Los preparados farmacéuticos están compuestos de clorhidrato de ketamina y conservantes. Pero comprada en la calle puede estar cortada con cualquier cosa, generalmente con efedrina, cafeína, selegilina y manitol.

Los riesgos de consumir esta droga, según la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), son enormes.Desde la posibilidad de sufrir depresión respiratoria o paro cardíaco, hasta padecer trastornos de ansiedad, paranoias o flashbacks (reaparición de sus efectos sin haberla consumido), pasando por experiencias angustiosas o traumáticas que pueden hacer un daño cerebral irreversible son algunos de los posibles efectos de esta sustancia. El consumo en grandes dosis o de forma continuada, se ha asociado a largo plazo con daño cerebral y problemas de memoria, concentración o deterioro de las habilidades lingüísticas. Según Borrás, los consumidores de esta droga de forma recreativa, “no suelen quedar contentos con la experiencia e incluso lo llegan a pasar muy mal, pero aún así, su consumición está en aumento y lo peor de todo es que la mezclan con otros productos creando una mezcla explosiva”.

La capacidad de la ketamina para generar dependencia psicológica es muy alta. Con el consumo continuado se da una rápida tolerancia, llegando a desaparecer los efectos psicodélicos aunque se aumente la dosis.

En cuanto a la situación legal de la ketamina, el Centro de Documentación del Plan Nacional sobre Drogas afirma que no se encuentra fiscalizada internacionalmente como droga (es decir, no se encuentra comprendida en las listas de estupefacientes o de sustancias sicotrópicas de los convenios internacionales sobre la materia), por lo que en España tampoco se encuentra clasificada de ese modo. No obstante, el Plan Nacional sobre Drogas señala que su carácter de medicamento, hace que todo el proceso comercial de la misma se encuentre en nuestro país bajo control de la ley. Además, su carácter potencial de sustancias nocivas para la salud hace viable que, su posesión o consumo en espacios públicos, así como su venta, puedan suponer la apertura de un proceso legal.

Experiencia con ketamina

Nuestra lectora anónima tenía 20 años y estaba trabajando en Londres. La droga de moda en la capital inglesa durante esa época era la ketamina. Su ritmo de vida la llevaba de fiesta en fiesta, y en una de ellas decidió “meterse” algo de esta sustancia en el cuerpo. Al poco tiempo, su cuerpo ya no le respondía y se evadió de todo lo que la rodeaba: “yo notaba que los demás me intentaban despertar y que yo, aunque quería, no podía hablarles, simplemente notaba cómo me iba. Mi vida entera empezó a pasar por delante y solamente quería despedirme de las personas a las que amaba porque pensé que había llegado el final”. Después de un buen rato consiguió reanimarse, pero la experiencia había sido demasiado angustiosa. “Cuando todo pasó me sentí muy descentrada y noté que no era consciente de lo que había hecho. Me sentía como si hubiera vuelto de la muerte y creo que estuve bastante cerca. Lo pasé fatal”. Tras esta experiencia, la joven se volvió de Londres.



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