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Más riesgo de pubertad precoz en niñas adoptadas....

Más riesgo de pubertad precoz en niñas adoptadas.

Sobre todo en las que la adopción se produjo antes de
los 2 años de edad

Según los resultados de
varios estudios, las niñas adoptadas presentan hasta 20 veces mayor riesgo de
presentar pubertad precoz. Así se ha afirmado en el III Symposium Ferring
Pubertad Precoz Central celebrado en Madrid
, que reunió a los principales
expertos en la materia de nuestro país. “España es el primer país en el
mundo en adopción internacional”, asegura el doctor Esteban Mayayo, del Hospital Miguel Servet de Zaragoza. Según Mayayo,
el 50% proviene de China. Así, entre los años 1996 y 2005 se adoptaron cerca de
30.000 niños. En este colectivo, varios estudios han mostrado que el riesgo de
aparición de pubertad precoz es entre 10 y 20 veces mayor que en la población
nativa, sobre todo si la adopción se produce cuando los niños/as tienen más de
dos años. Según este experto, el mecanismo de la pubertad precoz no está
totalmente aclarado. “Además, de los factores genéticos comunes para la
población general, los factores ambientales pueden desempeñar un importante
papel, en especial los relacionados con la nutrición. Por la importancia de
este trastorno, la Sociedad Española de
Endocrinología Pediátrica
va a poner en marcha un registro epidemiológico
sobre este trastorno, una iniciativa pionera en nuestro país, ya que mediante
un diagnóstico precoz y la adopción de tratamientos adecuados con análogos de
la GnRH se puede lograr que su talla mejore de forma significativa.
Estos tratamientos, según el doctor
Rafael Yturriaga, jefe del servicio de Pediatría del
Hospital Ramón y Cajal de Madrid
logran la
regresión de los caracteres sexuales secundarios y mejora la predicción de la
talla en el adulto, “es decir, evita que una niña de 7 años tenga un
cuerpo de mujer”. Los principales síntomas en el sexo femenino es el
aumento de las mamas con posterior aparición de vello púbico
o axilar y, más adelante, la llegada de la primera
menstruación. En el caso de los niños, el primer signo es el aumento del
volumen de los testículos antes de los 9 años y posterior incremento del tamaño
del pene con presencia de vello púbico y facial.



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