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MASCARILLAS El placer de camuflarse

MASCARILLAS El placer de camuflarse


Nada mejor para reparar los estragos de las fiestas y empezar el año con el mejor aspecto que recurrir a uno de los cosméticos más versátiles:  las mascarillas. Rápidas, efectivas y, sobre todo, sumamente placenteras, estas formulaciones ofrecen, con muy poca cantidad de producto, una auténtica sesión de belleza exprés.

Hidratación, calma, limpieza, relax, vitalidad…. Estas son solo algunas de las sensaciones  que se  experimentan en cuanto una mascarilla entra en contacto con la piel o el cabello. Se trata tal vez del cosmético facial más versátil que existe, ya que se comportan como auténticos “todoterreno” que proporcionan en pocos minutos los beneficios que de otra forma sólo se conseguirían tras meses de tratamientos. La piel es la principal beneficiaria de todos estos efectos, pero también operan a modo de productos milagro sobre el cabello.

Una “UVI” para las células cutáneas
“Las mascarillas son tratamientos de choque intensivos para tratar algún signo de la piel: grasa, fotoenvejecimiento, flacidez… Al estar varios minutos en contacto con la piel, los activos penetran mejor y se consiguen mejores resultados estéticos”, explica la farmacéutica y cosmetóloga Gemma Prudencio, directora de Homeosan Laboratorio.

En efecto, cada vez que se cubre la piel con una mascarilla se pone en marcha todo un proceso en cadena que tiene como resultado un resurgir de la epidermis: su textura untosa (capaz de penetrar hasta las zonas más recónditas de la piel) provoca una vasodilatación ligera y un aumento local de la temperatura, lo que sienta las bases óptimas para que la piel acceda a los principios activos contenidos en estos productos. Pero hay más ventajas a tener en cuenta: su rapidez (suponen una cura intensiva de belleza que, en aproximadamente 10 minutos, aportan a la piel todos los beneficios de un tratamiento cosmético completo); su inmediatez  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentos(son de los pocos productos en los que los resultados son francamente visibles y notorios); facilidad (resultan muy sencillas tanto de aplicar como de retirar); precio (por lo general, son bastante asequibles, teniendo en cuenta que incorporan un conjunto de sofisticados ingredientes y aportan los mismos beneficios que un tratamiento facial completo compuesto de varios productos); y plus de confort (no sólo resultan absolutamente indoloras sino que su aplicación supone todo un gesto de placer que calma no sólo la mente sino también el espíritu).

Para saber tanto el tipo de mascarilla que se necesita como la periodicidad de aplicación, es fundamental, según Gemma Prudencio, someterse a un diagnóstico personalizado: “el tipo de producto se recomienda en función de la piel del paciente y de lo que se le desee corregir. En una piel envejecida, por ejemplo, lo recomendable es aplicar una mascarilla dos veces por semana; en las pieles muy grasas, en cambio, la periodicidad indicada es de tres veces”.

Manual de uso
-Las mascarillas faciales se deben aplicar siempre sobre una piel perfectamente limpia y desmaquillada, en la que todos los poros estén libres y “receptivos” para beneficiarse así de los ingredientes activos de este producto.
-Para potenciar sus efectos, lo mejor es que la piel esté ligeramente humedecida. Para estos casos, resultan muy cómodos los sprays de agua termal, que, pulverizados sobre la cara, proporcionan el punto justo de humedad.
-Es muy importante leer las instrucciones o consejos de uso, ya que estos no son iguales en todas las mascarillas. Algunas se retiran con agua, otras se absorben, en unas basta con 5 minutos de exposición, otras requieren más tiempo…
-En cuanto a la cantidad, menos es más: el grosor de la capa de mascarilla sobre la piel debe ser de aproximadamente 2 mm y –muy importante- tiene que estar uniformemente repartida. Pasarse de cantidad puede derivar justo en lo contrario de lo que se busca, taponando en exceso los poros y restando frescura a la piel.
-La mayoría de las mascarillas se aplican con la mano, dando pequeños masajes circulares y ascendentes, desde el cuello hasta la frente. El tacto permite incrementar el efecto de vasodilatación que ya de por sí producen estos productos.
-Hay tres zonas faciales en las que no se recomienda aplicar la mascarilla: el contorno de ojos, los párpados y los labios. Se trata de zonas especialmente sensibles que pueden verse agredidas por alguno de los ingredientes contenidos en estos productos. Para la zona de los ojos hay mascarillas específicas diseñadas para activar la circulación sanguínea y reducir la hinchazón y las ojeras, y también existen productos específicos para la zona del contorno de labios.
-Para incrementar la capacidad de actuación de los ingredientes de las mascarillas (y, de paso, desprenderse de buenas dosis de estrés), nada mejor que “dejarlas hacer” mientras se toma un baño caliente en la bañera. El efecto del vapor, además de relajar, hace que los principios activos penetren mejor.

Para todos los gustos
El repertorio de mascarillas es amplio y está dirigido a todos los tipos de piel y necesidades específicas. Estas son las más utilizadas:
-Mascarillas hidratantes: Son las clásicas y, también,  las más populares. Están formuladas a base de ingredientes como el aloe vera, el ácido hialurónico o extractos vegetales que, además de añadir un plus de hidratación, ayudan a retener el agua. Al “rellenar” las células de la epidermis, las arrugas se alisan y la piel luce más luminosa y suave al tacto. Se presentan en dos texturas, crema y gel, y debido a la mayor riqueza de sus ingredientes, se dejan actuar sobre el rostro más tiempo que las otras. Algunas se enjuagan pero la mayoría se eliminan con la ayuda de un kleenex humedecido en agua o tónico.
-Mascarillas purificantes o limpiadoras:  Suelen contener caolín, arcillas y otros ingredientes que eliminan las impurezas que obstruyen los poros, yendo más allá de dónde llegan los productos diarios de limpieza. Mejoran y aclaran el tono de la piel casi instantáneamente. En pieles grasas se aplican por todo el rostro, mientras que en las mixtas, lo mejor es reservarla sólo a la zona T (frente, nariz, barbilla). Se suelen retirar con agua tibia y es importante aplicar inmediatamente después una hidratante ligera para reponer la película hidrolipídica.
-Mascarillas revitalizantes o de efecto lifting:  Son aquellas que rellenan la piel de sustancias hidratantes y nutritivas las cuales, además de alisar la piel, le proporcionan una invisible película tensora que “estira” los rasgos. Su efecto más evidente es que eliminan las arrugas de expresión y dan vida a las pieles más apagadas. Se pueden masajear ligeramente mientras se aplican. También pueden utilizarse como productos de belleza inmediata.
-Mascarillas relajantes o antiestrés:  Ofrecen a la vez tratamiento y camuflaje de los signos de cansancio. Contienen ingredientes que “despiertan” la actividad celular y la microcirculación. Dan nitidez a los contornos y proporcionan unos rasgos más jóvenes y descansados. Se pueden utilizar de tres formas: como tratamiento periódico, una o dos veces por semana; como producto de belleza inmediata y como base, aprovechando el efecto tensor, para que el maquillaje se mantenga durante más tiempo.
-Mascarillas multifuncionales: Se trata de productos que presentan una doble versión y pueden utilizarse tanto como hidratante normal como mascarilla hidratante para cualquier tipo de piel; la única diferencia está en aplicar una capa más gruesa y dejarla reposar durante unos minutos.
-Mascarillas “en film”: una de las formulaciones más novedosas son las de las mascarillas que se presentan adheridas a una fina película de papel que está a su vez impregnada de un producto –generalmente lifting o antiestrés-  y que se extiende de forma uniforme sobre el rostro, presionando ligeramente con los dedos para facilitar la absorción. Está
n especialmente indicadas para las pieles maduras, las que muestran signos visibles de fatiga y, también, aquellas que necesitan urgente una puesta a punto o cura intensiva. Contienen ingredientes como la soja, las algas y otros derivados marinos y vegetales que tienen la misión de estimular desde el interior la producción de todos aquellos elementos implicados en la elasticidad y la tersura (lípidos, colágeno, elastina, proteínas….) a la vez que alisan e iluminan la epidermis. Hay que dejarlas actuar entre 8 y 15 minutos, repartiendo después el producto sobrante por todo el rostro, sin aclarar.

Mascarillas capilares: reparación exprés
Son unos productos excelentes y, al igual que ocurre en el caso de las mascarillas faciales, cada vez hay más opciones en el mercado, adaptadas a cada tipo de cabello y sus necesidades. Su utilización es casi “obligatoria” en determinadas épocas del año: “Por ejemplo, después de las fiestas, durante las cuales con frecuencia se utilizan de ciertas técnicas que dañan el cabello (planchas, brushing, cardado…) o a la vuelta del verano, cuando el cabello está muy deteriorado, hay que recurrir al uso de mascarillas regeneradoras, que  faciliten el peinado y recubran la capa externa del tallo piloso, que suele estar dañado por el sol y las manipulaciones que se hacen con los peinados”, señala la doctora Rosa Ortega del Olmo, profesora de Dermatología de la Universidad de Granada y miembro de la AEDV (Academia Española de Dermatología y Venereología).

En esencia, se trata de productos acondicionadores muy ricos en ingredientes hidratantes, nutritivos y reestructurantes que, gracias a su textura densa y a la forma en la que están formulados, penetran en todas las capas y recovecos que forman la estructura capilar.  Una vez aplicados, estos ingredientes cumplen su cometido allí dónde son más necesarios, tratando en profundidad la raíz, reconstruyendo la parte exterior, la cutícula y la capa hidrolipídica, y ayudando a que el cabello refuerce sus defensas naturales. De esta forma, una vez que se enjuaga la mascarilla, los efectos son visibles:  el pelo recupera la fibra y la densidad, consiguiendo un aspecto de cuerpo y volumen. Tradicionalmente, el uso de las mascarillas ha estado asociado al tratamiento de los cabellos más secos y desvitalizados, pero en los últimos tiempos, han proliferado las distintas versiones de este producto, de forma que actualmente contamos con una mascarilla para cada necesidad capilar.

Reparadoras, voluminizadoras, anti-frizz….
-Reparadoras e hidratantes. Siguen siendo las más utilizadas y están formuladas para reparar los estragos que los distintos factores mecánicos, ambientales un orgánicos han producido sobre el cabello: falta de brillo, puntas abiertas y un aspecto seco y estropajoso. Las versiones actuales combinan, junto al ingrediente estrella –la manteca de karité- otros de reconocidas propiedades reparadoras, como el germen de trigo, la miel, distintos aceites  y la vitamina E (una de las sustancias más potentes frente a la acción de los radicales libres, por lo que evita que el cabello “envejezca” antes de tiempo). Su principal objetivo es reforzar la nutrición del cabello, regenerando el tallo capilar y haciendo que éste recupere el brillo y la flexibilidad. Su tiempo de actuación va de los 5 a los 10 minutos, y, debido a que suelen ser muy densas, hay que aclararlas muy bien, evitando emulsionar el producto.

-Protectoras del color. Están específicamente adaptadas a las necesidades de  los cabellos teñidos y con mechas y cumplen un doble cometido: por un lado, aportan los nutrientes necesarios para paliar los efectos negativos de la coloración y, por otro, mantienen el tono durante más tiempo, evitando que éste se oxide y decolore. Para ello, incluyen ingredientes como los polímeros ionizados (sustancias que tejen una especie de red o malla alrededor de cada fibra capilar, “reteniendo” el color); filtros protectores, que presevan de la acción decolorante de los rayos del sol; y vitaminas antioxidantes, que refuerzan al cabello frente a los radicales libres. Su uso es clave durante el verano, ya que el efecto del sol es especialmente agresivo para los pigmentos de la coloración. Una de sus principales bazas es su textura ligera y su tiempo de aplicación: con un minuto basta.

-Voluminizadoras. Las mascarillas específicas para dar volumen están elaboradas a base de polímeros voluminizadores y otros activos que actúan sobre la estructura capilar, “engordándola” y haciéndola más flexible, de forma que el conjunto cobra cuerpo y las raíces se despegan del cuero cabelludo. Es mejor aplicar más cantidad de producto en largos y puntas que en la raíz. Su tiempo aproximado de actuación es de 5 minutos.

-“Disciplinadoras”. En esta categoría se encuadran las mascarillas de más reciente aparición y que tienen un objetivo común: disciplinar el cabello. Son, entre otras, las  potenciadoras de rizos, las anti-frizz y las alisadoras. Incluyen ingredientes (microaceites nutritivos, ceramidas  y vitaminas nutritivas) que envuelven la fibra capilar  preservándola de la humedad. De esta forma, el cabello queda dócil y manejable. Todas comparten una textura ultraligera y un tiempo mínimo de exposición: un minuto.

Así hay que aplicarlas
-Lo primero es elegir aquella que se adapte a las peculiaridades de cada tipo de pelo y, al igual que en el caso de las faciales, “leer la etiqueta” y tener en cuenta factores como los tiempos de exposición o la forma de aclarado.
-Por lo general, se aplican siempre sobre el cabello limpio y muy bien enjuagado. Es importante que tanto el champú como la mascarilla como otros productos que se vayan a emplear (los de styling, por ejemplo) pertenezcan a la misma “familia”, esto es, estén adaptados al tipo de cabello a tratar.
– Si el pelo está muy dañado, antes de la mascarilla se puede aplicar un poco de acondicionador en las puntas, enjuagándolo muy bien después.
-Después del lavado, y con el cabello húmedo, se elimina el exceso de agua con una toalla, presionando ligeramente, sin frotar, se extiende el producto de forma uniforme, mecha a mecha, incidiendo más en medios y puntas, con un movimiento descendente, que permite cerrar la cutícula. En los largos, se puede recurrir al peine para repartir el producto, siempre que éste sea de púas anchas, separadas y con las puntas redondas. -Una vez pasado el tiempo indicado de exposición, se debe enjuagar abundantemente: dejar “restos” no sólo no aporta beneficios extra al cabello sino que le restan brillo y cuerpo y lo apelmazan.
-Respecto a la periodicidad con la que se deben aplicar estos productos, la norma general es de una-dos veces por semana. Una frecuencia mayor (nunca debe ser menor) depende de las características de cada cabello y las condiciones en que éste se encuentre.
-En los casos en los que el cabello esté muy deteriorado o haya sido sometido a un tratamiento muy agresivo (moldeado, decoloración, derizado…), se puede potenciar el efecto de la mascarilla aportando calor local, envolviendo la cabeza en un film de plástico o una tolla húmeda mientras actúa el producto.
 Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentos



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