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Matronatación, chapoteos didácticos.

Matronatación, chapoteos didácticos.

CONSEJOSNIÑOS


MATRONATACIÓN

CHAPOTEOS
DIDÁCTICOS

Si pasamos nueve meses “flotando” en el
útero materno, ¿por qué romper esa capacidad para desenvolvernos en el medio
acuático tras el nacimiento? Esta es la base que sustenta la práctica de la
matronación o actividad acuática para niños, gracias a la cua no sólo
desarrollan su psicomotricidad y adapatación al medio sino que, además,
adquieren mucha seguridad en sí mismos


La
matronatación se define como un método de aprendizaje dirigido al desarrollo de
las habilidades psicomotoras y actitudes de supervivencia de los más pequeños.
“Nosotros lo denominamos siempre actividad acuática, Lo que se pretende es
que el niño llegue a dominar este medio igual que el terrestre. Al igual que
cuando gatea, poco a poco va controlando el
terreno, aprende a defenderse y coge seguridad, los niños familiarizados con el
medio acuático van, casi sin darse cuenta, dominando el medio. El resultado de
ello es que, con poca edad, son perfectamente capaces de moverse con total
seguridad en los dos ámbitos, el terrestre y el acuático, lo que se traduce en
un desarrollo psicomotriz más rápido y certero?, explica Juan Carlos Méndez,
educador y director del Centro Baby Gim, de Madrid.

¿Por qué les beneficia?

?Los niños que practican estas actividades acuáticas son mucho más
abiertos socialmente y, además, desde el punto de vista de la psicomotricidad,
son más hábiles. En este sentido, hay que dejar claro que el objetivo no es
crear niños especiales, sino aumentar la seguridad en sí mismos”, explica
Juan Carlos Méndez. Pero, además, la natación aporta otros muchos beneficios:
incrementa la capacidad cardiovascular del niño, relaja su sistema muscular
(suelen comer y dormir mejor); fortalece el vínculo con los padres, aprenden a
flotar (con todo el componente de seguridad que ello supone); fortalece su
sistema inmune; favorece un mejor desarrollo afectivo, social, psicomotor y
cognitivo  y, debido al ambiente húmedo
en el que se desarrolla, beneficia a los niños con problemas respiratorios,
como los alérgicos y los asmáticos.

Las claves de esta técnica

-Cuánto dura:  En menores de 6 años,
unos  30 minutos, con una periodicidad de
2-3 veces por semana. A partir del año, es bueno que las clases sean más
seguidas, ya que para que tenga confianza es necesario que haya una
continuidad.

-En qué consiste: “Fundamentalmente, en provocar juegos y actividades
en el agua para que el niño compruebe hasta dónde es capaz de llegar”,
señala Juan Carlos Méndez.

-Qué material se emplea: Juguetes, túneles, colchonetas, aros de
colores…

-Qué papel juegan los padres: Su presencia hace que el niño se sienta más
seguro. Los monitores indican a los padres los ejercicios a realizar, los
cuales se basan en balanceos, cambiando el punto de apoyo, usando el material
auxiliar o en los brazos paternos; en juegos de todo tipo y en inmersiones,
realizadas de forma que no le resulten desagradables al niño ni le hagan perder
contacto con su área visual.

-Cómo evoluciona el niño: “Una de las primeras cosas que aprenden es
a controlar la respiración: saben perfectamente cuándo deben tomar aire y
cuándo no, mientras realizan desplazamientos cortos. Una vez ve que es capaz de
coordinar su respiración, sacando la cabeza para tomar aire, los
desplazamientos son mucho más prolongados”, afirma el experto.

-Qué se puede esperar. ?Es cierto que los bebés pueden meterse debajo del
agua sin demasiados problemas, e incluso realizar movimientos ?natatorios?,
pero no seetrata de la natación como tal?, explica Méndez.

La edad ideal

En cuanto a la edad en la que un niño debe iniciarse en la actividad
acuática, hay opiniones para todos los gustos. La Asociación Española de
Pediatría (AEP) dice al respecto que no existe unanimidad,  esto es, no hay una edad considerada idónea
para aprender a nadar. ?En nuestros centros (y también en las piscinas
públicas) no aconsejamos que comiencen a nadar hasta los 5-6 meses, pero esta
recomendación se basa meramente en criterios de higiene y seguridad en cuanto a
la salud del bebé?, explica Juan Carlos Méndez.

El agua y los niños ?especiales? (apoyo)

“La matronatación implica que todas las partes del cuerpo del niño
están en contacto con el agua, por lo que en aquellos que presentan alguna
descoordinación psicomotriz, ya sea de origen mecánico o psíquico, el contacto
con el agua les permite coordinar mucho mejor todo el cuerpo. Lo mismo ocurre
con los niños que tienen algún tipo de disfunción a nivel motor y presentan
lesiones que limitan algún miembro: el hecho de nadar propicia que el resto de
los músculos comiencen a funcionar, contrarrestando la lesión de la zona
afectada, lo que supone una auténtica rehabilitación”, dice el director de
Baby Gim.

En el caso de los niños con Síndrome de Down, al comenzar la matronatación
desde muy pequeños pueden alcanzar unos índices muy buenos en relación al
control respiratorio y la capacidad para flotar y avanzar. Para ellos supone
una oportunidad estupenda de jugar. Respecto a otros niños, pueden tener más
dificultades para aprender a zambullirse, saltar y bucear, “pero con el
tiempo -comenta Méndez-  llegan a ser
unos estupendos nadadores y consiguen una coordinación perfecta”.

Matronatación en la bañera (apoyo)

Según Juan Carlos Méndez, la actividad acuática como tal podría iniciarse
casi desde el momento en que el niño nace. ?Por eso recomendamos a los padres
que el baño diario se convierta en una clase de natación?. Estos son algunos
consejos recogidos en el libro ¿Jugamos a nadar?, editado por Baby Gim, para iniciar
a los bebés en el ?arte de Johnny Weissmuller?:

-Hay que intentar que el baño se desarrolle en un ambiente lo más
tranquilo posible y con una temperatura agradable, no muy diferente de la del
agua, que debe estar a unos 34ºC.

-Antes de hacer la primera ?inmersión? se debe dejar ir cayendo agua al
niño por la cabeza, para así observar sus reacciones y que se vaya
acostumbrando al contacto de la misma con la cara.

-Para realizar la inmersión hay que estar frente a frente con el niño, en
una posición que resulte cómoda y que permita hacer con soltura todos los
movimientos . En este sentido, suelen ser más cómodas las bañeras de tijera o
mueble.

-Con el bebé cogido por las axilas y mirándolo cara a cara, se le explica
que se le va a meter la cabeza bajo el agua, contando hasta tres y haciendo
suaves amagos. A la de tres, se sopla y se le salpica la cara, y cuando se nota
que ha inspirado y mantiene la respiración, se le tumba hacia delante dejando
que hunda la cara en el agua, desplazándolo un poco hacia delante. Se le saca
enseguida, pero no con un movimiento brusco, sino poniendo sólo al aire la
boca, la nariz y las vías respiratorias. Toda esta maniobra no debe durar más
de  un par de segundos y hay que hacerla
una sola vez por baño.

-Ya en una bañera grande, se pueden practicar flotaciones y cambios de
posición. Se intruduce al niño en el agua, manteniendo en todo momento el
contacto con él, sujetándole con el brazo alrededor de todo el cuerpo. Este
apoyo se va retirando gradualmente hasta que el adulto se sienta seguro y se
sienta que el niño también lo está; entonces se le sujeta apenas con la palma
de la mano detrás de la nuca. Hay que mantener en todo momento el contacto
visual con él y hacerle carantoñas.

-Aprovechando la flotación, se le hacen pequeños y suaves desplazamientos,
acompasados en todas direcciones y con suaves giros del tronco en sentido
longitudinal, como si se le fuera a colocar boca abajo, pero sin llegar a
hacerlo.

-Antes de acabar el baño hay que vaciar un poco la bañera para que el niño
sienta el apoyo con el fondo pero sin que el agua deje de cubrirle, para que no
pierda temperatura. A medida que vaya sujetando la cabeza se le puede colocar
boca abajo, siempre con cuidado de que no trague agua, y dejar flotar juguetes
llamativos alrededor de él, con lo que se favorecerá tanto el seguimiento y el
enfoque visual como el control de la musculatura de cuello, espalda y brazos

“He apuntado a mis cuatro hijos” (testimonio)

María Tinturé acude varias veces a la semana al centro Baby Gim, en Madrid.
No en vano, tres de sus cuatro hijos realizan actividades acuáticas en este
centro. “Y pronto irán todos, ya que tengo un bebé de ocho meses que
empezará después del verano. A mis dos hijas mayores las apunté con más edad,
pero la pequeña, que ahora tiene dos años, empezó a realizar estas actividades
antes de cumplirlos, ya que  he podido
comprobar por sus hermanas cómo les beneficia: les ayuda a perder el miedo al
agua, pero, también, a que le tengan cierto respeto; les da mucha seguridad en
sí mismos y, sobre todo, me anima ver lo bien que se lo pasan, ya que las
clases están basadas en el juego continuo, y los monitores se las hacen muy
entretenida. Además, viéndo cómo evolucionan, estoy comprobando que es cierto
eso de que todas las cosas se aprenden mejor con menos edad: mi hija, en 15
clases no sólo flotaba… ¡buceaba!. Asimismo, permite que los padres
participen y que pasen media hora relajados y disfrutando con sus hijos; y
sin  olvidar la tranquilidad que ta da
saber que tu hijo se defiende perfectamente en un medio como es el acuático.
Yo, desde luego, lo recomiendo a todos los padres”,

 

El consejo de…

 

 

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