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Miomas uterinos no tan fieros como los pintan.

Miomas uterinos no tan fieros como los pintan.

Sí, se trata de un tumor, pero es  benigno, casi siempre asintomático y en
muchas ocasiones ni siquiera requiere tratamiento. Entre un 20 y un 50 por
ciento de las mujeres en edad reproductiva lo padecen, la mayoría de las veces
sin saberlo, y no resulta doloroso, aunque sí puede llegar a ser molesto, de
ahí que sea importante mantenerlo a raya. Te contamos todo lo que debes saber si
te han diagnosticado un mioma uterino.

Técnicamente se definen como
masas anormales de tejido muscular que se sitúa en el útero y las zonas que se
localizan en torno a este órgano (ocasionalmente se presentan en el cuello
uterino). Las ?culpables? de su formación son unas células que se encuentran en
el músculo liso de la pared del útero (el miometrio). Son redondos, firmes y
elásticos y, aunque pueden presentarse ?en solitario? lo habitual es que lo
hagan en forma de miomas múltiples. También se conocen con el nombre de
fibromiomas, fibromas o leiomiomas. Desde que se forman hasta que alcanzan su
tamañao definitivo (que puede variar entre pocos milímetros y varios kilos de
peso) puede pasar mucho tiempo. Dependiendo del tipo de mioma, del tamaño o de
la zona en la que esté situado puede dar síntomas o no (algo que ocurre en el
30 por ciento de los casos), de ahí que el gran caballo de batalla de esta
patología sea su diagnóstico. Este suele producirse en la visita al ginecólogo
mediante un tacto vaginal que indica un aumento del tamaño del útero y que se
confirma con otras pruebas: la ecografía pélvica (muy fiable cuando se trata de
definir la existencia y características del mioma), el escaner, la resonancia
magnética (permite conocer exactamente la localización, el número y el tamaño
de los miomas), la histeroscopia (una buena opción para ?descubrir? miomas de
tipo  submucoso) e incluso la
laparoscopia.

La buena noticia es que los
miomas son una patología benigna, que no suele estar asociada con otras
dolencias y que, a no ser que curse con una sintomatología intensa
(hemorragias, desarreglos menstruales) o esté situado en una zona en la que
produzca molestias o dolor, no suele resultar especialmente incapacitante. ?Que
un mioma degenere en un tumor maligno es algo muy improbable. Este tipo de
tumoraciones (denominadas sarcomas) suele aparecer independientemente de la
existencia previa de un mioma en la zona y, a diferencia de éste, cuya
evolución es lenta, crecen muy rápido. Esta es la razón por la que es tan
importante el control ecográfico desde el diagnóstico, ya que el ritmo de crecimiento
es un factor determinante?, explica la doctora
María José García Rubio,
Especialista en Ginecología y Obstetricia del Instituto Ginecológico EGR, de
Madrid

Para conocerlos mejor


-Por qué y cuándo aparecen
: No está del todo claro. Se sabe que existe una
predisposición genética a padecerlos y también que tienen una influencia
hormonal. Se ha comprobado que son más frecuentes en determinadas razas como la
negra (los padecen entre 3 y 9 veces más que las mujeres de raza blanca).
Suelen presentarse en la edad reproductiva, entre los 30 y los 50 años, y están
directamente relacionados con la acción de los estrógenos. Se estima que la
mayor incidencia ocurre entre los 35 y los 49 años. Durante la menopausia
suelen disminuir su tamaño.


-Qué tipos de miomas existen
. Según su localización en el útero, se puede hablar de
miomas subserosos, que se  desarrollan
bajo la serosa (capa externa del útero);  no suelen producir reglas abundantes o
sangrados entre las menstruaciones pero, al crecer hacia fuera, pueden
ocasionar dolor en la parte baja de la espalda y, también, sensación de presión
en el bajo vientre o en todo el abdomen; miomas submucosos, que nacen y crecen
en el endometrio y si bien son los  menos
frecuentes (tan solo un 5 por ciento se corresponden a esta categoría) son los
que más problemas pueden causar; miomas transmurales, que se desarrollan en el
espesor de la pared del útero, llegando a adquirir un tamaño tal que puede
distorsionar tanto el endometrio como la superficie serosa; y miomas intramurales,
que aunque se desarrollan en el espesor de la pared del útero, no distorsionan,
o solo lo hacen moderadamente, el endometrio y la superficie serosa. Estos dos
últimos tipos son los más frecuentes y también los que producen una
sintomatología más intensa.

Cuáles son los síntomas.
Los más claros y evidentes son unas reglas excesivamente abundantes y el
sangrado entre las menstruaciones, pero hay otros que también pueden hacer
sospechar de su existencia: dolores menstruales intensos, tipo calambre; aumento
del tamaño del abdomen; sensación de plenitud o presión en el abdomen bajo;
estreñimiento crónico; dolor pélvico; dificultad, dolor o deseos frecuentes de
orinar;

dolor en la espalda, en las piernas y ciática (ya que pueden presionar
los nervios que pasan cerca de ellos); y molestias y dolor durante el acto
sexual.


-Cuándo está indicado el
tratamiento

. Por regla general, cuando el mioma es asintomático, no es necesario
operar y lo mismo ocurre con el tratamiento: sólo se prescribe la terapia
cuando haya una sintomatología clara. Para tratar el síntoma más
característico, esto es, los sangrados, se suele prescribir un tratamiento a
base de píldoras anticonceptivas y terapia de hormonas. Es importante someterse
a un tratamiento periódico (exploración ginecológica y ecografía) para
controlar el crecimiento y comprobar la posible existencia de cambios
significativos.

Miomas, embarazo e
infertilidad: ¿hay relación?

La predisposición a padecer un mioma es mayor en el embarazo y, de
hecho, se diagnostica en entre el 4 y el 5 por ciento de las gestantes. La
razón hay que buscarla en la estrecha dependencia que tiene esta patología con
el juego hormonal. En el 80 por ciento de los casos, los miomas gestacionales
no producen problemas ni a la madre ni al feto, manteniéndose estables y
tendiendo a desaparecer. No se aconseja someterlos a ningún tipo de
tratamiento. En algunos casos, sin embargo, la aparición de estos miomas puede
tener algún tipo de consecuencias como abortos espontáneos o partos pretérmino.

En cuanto a la relación entre miomas y esterilidad, no está claramente
demostrada. Hay indicios de que los submucosos y los intramulares (que afectan
a la cavidad uterina) podrían disminuir las posibilidades de conseguir la
gestación, aunque esta probabilidad se reduce si los miomas se someten a
tratamiento previo. De todas formas, y tal y como afirma la doctora García
Rubio, ?es muy raro que un mioma afecte 
la fertilidad de la mujer. De hecho, más que dificultar la concepción,
lo que pueden producir son abortos, cuando se trata de miomas submucosos,
debido a que el saco gestacional se puede implantar en el mioma, en vez de
hacerlo en un endometrio sano y normal, nutriéndose de él, lo que incrementa
las posibilidades de que el embarazo se interrumpa prematuramente?.

Teniendo en cuenta esto, es importante que toda mujer que tenga previsto
un embarazo en un futuro inmediato se someta a una revisión ginecológica previa
con el fin de descartar la presencia de un mioma y, en caso de que éste se haya
desarrollado, someterlo al tratamiento oportuno.

Al quirófano: cuándo y cómo

Si los miomas crecen, se hacen excesivamente grandes y producen una
sintomatología muy acusada que no remite con el tratamiento farmacológico se
puede proceder al tratamiento quirúrgico. Las técnicas que se emplean
habitualmente son:

Histeroscopia quirúrgica: Consiste en introducir una pequeña
cámara (histeroscopio) dentro del útero, para extirpar el mioma. Se realiza con
anestesia y está indicada en miomas pequeños e intramurales.

Miomectomía. Consiste en la extirpación del mioma, preservando
el útero. Se puede realizar por laparoscopia o vía vaginal (sin necesidad de
abrir el abdomen) o por laparotomía (se produce la apertura de la pared
abdominal), dependiendo del tamaño del mioma, su localización y otras
circunstancias. Con esta técnica se aseguran tanto la fertilidad como el
mantenimiento de la menstruación.

-Histerectomía. Se procede, por vía laparoscópica o por laparotomía,
a la extirpación tanto de los miomas como del útero.

La elección de una u otra dependerá de las características de la
paciente (si desea tener hijos, si quiere conservar la menstruación), de su
localización, de la sintomatología yde las peculiaridades del mioma.

La embolización

Hay una técnica, la embolización, que se ha ido posicionando poco a poco
en los últimos tiempos como una alternativa muy eficaz para el tratamiento de
los miomas, y que ha demostrado especialmente eficaz en los casos de los
intramurales y transmurales (asociados a la presencia de hemorragias), sobre
todo cuando éstos crecen y las alteraciones que producen son más importantes.
La técnica  consiste básicamente en lo
siguiente: a través de un cateterismo arterial se inyecta una solución con
partículas o microesferas en las arterias del útero. La misión de estas
partículas es bloquear el acceso de la sangre a los miomas como consecuencia de
lo cual, estos dejan de ?nutrirse?, se desvitalizan y se convierten en quistes
que, con el tiempo, van disminuyendo.

?Esta técnica no se aplica en las primeras fases del tratamiento, sino
que está reservada para aquellos casos en los que, por su ubicación, es muy
difícil acceder a los miomas o también cuando se desea un embarazo rápidamente
y se quiere evitar una extirpación deñ útero?, comenta la experta.

Frente a otras técnicas, la embolización presenta la ventaja de que
actúa directamente sobre los miomas, respetando el resto del útero. La
introducción del catéter es percutánea, por lo que se trata de una técnica
mínimamente invasiva, que permite tratar de una sola vez todos los miomas
existentes, cuya duración oscila entre una y dos horas, aproximadamente; que se
realiza bajo anestesia local y sedación y precisa un ingreso hospitalario de 24
horas. Su efectividad en cuanto a la reducción de los síntomas se situa entre
el 87 y el 95 por ciento.

Soja y probióticos para
aliviar los síntomas

Aunque es muy raro que se presenten miomas en la menopausia, ya que
durante esta etapa la producción hormonal desciende ?de hecho, en muchas
ocasiones, al retirarse la menstruación los miomas reducen su tamaño e incluso
llegan a desaparecer-, sí que es cierto que se pueden exacerbar los síntomas de
los miomas existentes, especialmente los sangrados. Una buena alternativa para
aliviarlos puede ser consumir extracto de soja con prebióticos, según se
desprende de las conclusiones preliminares de 
un estudio realizado por los laboratorios Rottapharm y avalado por la Sociedad Española
de Ginecología y Obstetricia (SEGO) y la Asociación
Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM).

Según los autores de la investigación, presentada durante el XXIX Congreso
Nacional de la Sego, el 75 por ciento de las mujeres que consumen
fitoestrógenos combinados con prebióticos en el climaterio notan una clara
mejoría en la sintomatología. La razón parece estar en el hecho de que los
prebióticos mejoran las condiciones de la flora intestinal y, por tanto,
favorecen una mejor absorción de los extractos de soja, con todos los
beneficios que ello conlleva.



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