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Nací en el mediterráneo.

Nací en el mediterráneo.

Decía Uslar Pietri, recientemente fallecido, que la luz, el clima, el entorno?, en definitiva la tierra en que vivimos, marca nuestro estilo de vida. Gauguin pintaba, durante su estancia en Tahití, de una forma colorista muy lejana a su etapa vivencial en Europa y a la de sus coetáneos Renoir, Pisarro, Cezanne y otros.

Lejanos aquellos tiempo, esta filosofía subsiste, aún en la época de la ultra tecnología. Internet es el sistema oscurantista de toda una forma de ser meridional. Es una ventana que se abre al exterior de una forma distante y fría mientras que, por el contrario, la ventana cálida y personal es el portón de madera que abrimos, de una forma habitual, para bendecir la llegada de un nuevo día, saludar a nuestros vecinos deseándoles un buen día o pedirle al panadero que nos suba una hogaza.

Cerca de veinte mil ventanas se abren diariamente para atender personalmente al enfermo sin que éste tenga que pulsar botón alguno. Son las Farmacias españolas, muestra del modelo mediterráneo, que atienden de una forma permanente a cuarenta millones de potenciales pacientes.

¿Cuántas veces se ha comentado, por el propio usuario y en tono jocoso, que el paciente, que ha estado como tal soportando la espera masificada de la atención médica, se convierte en “impaciente” tan sólo con atravesar el dintel de su farmacia? Este cambio de actitud, que no llega a cristalizar, tiene como fundamento la prontitud y el exquisito trato que recibe en su Farmacia.

¿Quién interpreta con responsable profesionalidad el críptico “lenguaje” de las precipitadas recetas? ¿Quién aclara pausadamente, sin prisas, posologías, formas de administración e incluso, de nuevo por la obligada celeridad médica, las indicaciones? El farmacéutico que no fija los precios y financia el Sistema de Salud arrimando el hombro para que el usuario pueda acceder sin ningún problema a su medicamento.

Es histórico, por reiterativo, el que cualquier persona afectada de un mareo, pequeña lesión o caída callejera sea atendida de primera mano en una Farmacia, donde, de una forma diligente, se le prestan los primeros auxilios y lo que es más importante, se le valora de inmediato por un cualificado profesional, la gravedad de la dolencia, para actuar en consecuencia.

Actualmente, en plena época economicista, un oscuro poder quiere acabar con un sistema inveterado que ha demostrado y demuestra, desde hace infinidad de años, que el mejor servicio sanitario que existe en nuestro país es el de la actual Farmacia. Profesionales de la misma, que invierten dinero basándose en unos stocks de específicos de alto valor dinerario, completando su asistencia sanitaria con un trato personalizado y servicios gratuitos como las guardias diurnas y nocturnas en lugares alejados de lo que, rentablemente, se denominan zonas comerciales.

Una Distribución que apoya a esta pequeña, pero polivalente empresa que es la Farmacia, permite al paciente acceder al medicamento más “raro” o caro en un mínimo espacio de tiempo.

¿Qué pasaría, por el contrario, si la sociedad española tuviese que “soportar” el modelo anglosajón? Que la asistencia farmacéutica estaría concentrada tan sólo en los lugares de mayor centralización demográfica, con u sistema de autoservicio que bajo el señuelo de competitividad y baratura de precios, daría a la larga un flaco servicio sanitario.

Estas consideraciones que está usted leyendo tienen como soporte una publicación que le ha sido ofrecida por su farmacéutico de una forma gratuita en cualquier punto de España. Por ello “Consejos de tu Farmacéutico” es una fiel muestra de lo que hemos querido dejar de manifiesto en este Editorial, que seguro será un aldabonazo al concepto personal de cada paciente, y con su lectura apoyará fervientemente, con su justa valoración, el modelo actual de Farmacia española que no es otro que el Modelo Mediterráneo.



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