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Niños hiperactivos y exámenes finales.

Niños hiperactivos y exámenes finales.

Si ya de por sí la época de fin de curso pone en solfa a cualquier estudiante en aquellos que tienen algún problema añadido, la situación puede desencadenar una auténtica crisis. Tal es el caso de los niños hiperactivos. Te enseñamos las pautas para salvar el curso, mejorar las notas y disfrutar de un verano sin libros de texto en el horizonte.

Llegadas estas fechas, la palabra agobio se convierte en una de las más pronunciadas por los niños y jóvenes en edad escolar. Y es que al desgaste propio de muchos meses de clases se une la necesidad en muchos casos de hacer en unos días el esfuerzo que se debían haber dosificado a lo largo del curso; de tener que jugárselo todo a una carta o de mejorar las notas obtenidas en las evaluaciones anteriores. Tal y como explica el psicopedadogo Bernabé Tierno, la fórmula del atracón a última hora no sirve prácticamente para nada. La clave del éxito se encuentra en la correcta planificación, en la dosificación del esfuerzo y en llevar unos hábitos de vida lo más saludables posible.

Cuando la dificultad es mayor

Por regla general, el final de curso es una época especialmente estresante para todos los estudiantes, pero la cosa se puede poner especialmente cuesta arriba en aquellos casos en los que el niño o el joven está pasando por una situación personal difícil o cuando padece algún problema que afecta a su capacidad de atención y concentración. Tal es el caso el llamado Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es uno de los problemas psiquiátricos de mayor prevalencia en la infancia (se estima que afecta a entre un 3 y un 6 por ciento de la población infanto-juvenil). Una de sus principales consecuencias es el aumento del riesgo de fracaso escolar, tal y como pusieron de manifiesto los expertos participantes en el II Congreso Internacional Multidisciplinar sobre el Trastorno por Déficit de Atención, celebrado recientemente en Madrid. La principal dificultad a la que se tienen que enfrentar los niños que padecen este trastorno es la falta de diagnóstico. Según el doctor Javier San Sebastián, jefe de la Unidad de Psiquiatría Infanto-Juvenil del Hospital Ramón y Cajal de Madrid y presidente del Comité Organizador de este congreso, el TDAH sigue tratándose de forma inadecuada, y en parte esto ocurre porque en España los padres son muy permisivos para con la inquietud de los chavales, a la que consideran un rasgo propio de la infancia, y hasta que el niño no tiene que sujetarse a una normativa, lo que suele ocurrir cuando llega al colegio y tiene que estarse quieto (no hablar, ni levantarse a su antojo), no se detecta el problema.

¿Vago, inquieto o hiperactivo?

Es precisamente en la etapa escolar en general, y al enfrentarse a los exámenes en particular cuando las señales que alertan de que el niño no es simplemente un trasto sino que puede padecer este trastorno se hacen más evidentes. La  psicóloga Laura García Agustín, directora del centro Clavesalud, de Madrid, y autora de varios libros sobre educación infantil, explica cuáles son los síntomas que ni los padres ni los profesores deben pasar por alto:

– Le cuesta prestar atención a los detalles. Suele tener errores por descuido y su trabajo en el colegio tiende a  ser desordenado y poco cuidadoso.

– Tiene dificultades para mantener la atención, incluso cuando juega.

– Le cuesta mucho escuchar cuando se le habla directamente (es como si estuviera pensando en otra cosa o como si no oyera).

– No finaliza las tareas escolares; cambia frecuentemente de actividad sin terminar la anterior.

– No sigue instrucciones ni órdenes.

– Presenta dificultad para organizar sus tareas y actividades.

– Evita situaciones que le exigen concentración y tiempo, por ejemplo, las tareas de papel y   lápiz.

– Suele perder objetos necesarios para las tareas o actividades escolares: los deberes propuestos en el cole, juguetes, lápices, libros, etc, y tiende a no cuidar el material.

– Se distrae con facilidad ante cosas sin importancia. Es habitual que deje la tarea que está haciendo para atender a ruidos u otras circunstancias que suelen pasar desapercibidas para otros niños (una conversación lejana, el ruido de un coche…).

La falta de atención que le caracteriza le provoca serios problemas de aprendizaje, a pesar de que su capacidad intelectual sea normal o incluso superior a la media. Su vocabulario es muy limitado, le cuesta expresarse y no lee bien; su escritura es torpe, tiene tachones, faltas de ortografías, confunde conceptos….; su respuesta es muy variable: un día hacen la tarea bien y otros no (a pesar de saber realizarla perfectamente); no coordina bien los moviemientos (retraso psicomotor)… Como consecuencia, suelen tener un alto índice de fracaso escolar, y es precisamente este dato lo que hace que muchos padres se planteen que hay un problema, explica Laura García Agustín.

Los profesores, pieza clave

Los expertos participantes en el congreso internacional sobre esta dolencia coincidieron en afirmar que a pesar de que los profesores conocen cada vez mejor el problema, todavía el nivel de detección de este trastorno en los colegios es deficiente, y estos alumnos suelen ser tachados de indisciplinados. El papel del educador en estos casos es determinante, ya que de que comprenda y asimile el trastorno del niño dependerá que favorezca la integración de este y minimice el riesgo de fracaso escolar, señala Laura García Agustín, quien describe cuáles son las pautas que debería adoptar un profesional que tiene un alumno con estas características en su clase: sentarle en el lugar adecuado, lejos de estímulos; darle órdenes simples y breves, estableciendo un contacto visual con él; hacerle encargos una vez que haya realizado el anterior, y no permitirle que deje las cosas a medio hacer; pedirle las cosas de una en una; alternar el trabajo de pupitre con otras actividades que le permitan levantarse y moverse un poco; enseñarle y obligarle a mantener el orden en su mesa, y felicitarle por ello; hacer concesiones especiales (darle más tiempo en los exámenes, indicarle cuándo se está equivocando por un descuido); darle ánimos continuamente y premiar las conductas positivas…

Los padres también deben poner en marcha un plan de actuación estableciendo normas claras y bien definidas; dándole órdenes cortas y de una en una; propiciar un ambiente ordenado y muy organizado, sereno y sin gritos; no dejarse manipular por sus caprichos; cumplir siempre los castigos y las recompensas ante sus acciones; darle pequeñas responsabilidades; aceptarle tal como es, sin juzgarle ni etiquetarle; reforzar sus puntos fuertes y sus facultades y, sobre todo, no perder de vista que el manejo de este problema es una cuestión de tiempo y constancia, comenta la experta.

Plan de acción para hincar codos

Todos los estudiantes, tengan o no un problema de hiperactividad, deben adoptar en esta época del año una serie de hábitos y estrategias que facilitan su rendimiento y evitan que el fin de curso se convierta en una época especialmente traumática. Estos son algunos de los consejos que el psicopedagogo Bernabé Tierno ofrece en su libro Guía para salvar el curso:

1-Dormir bien: El tiempo aconsejado oscila entre las 8 y las 10 horas, dependiendo del alumno. Para favorecer el sueño, lo mejor es no irse a la cama después de las 11 de la noche; restringir las horas de televisión; mantener el dormitorio limpio y aireado; pasear o jugar durante unos minutos antes de acostarse, para distraerse y liberar la presión diaria…

  • Pauta práctica: Para controlar la ansiedad previa a los exámenes, Tierno recomienda lo siguiente: Relájate y elige la hora en la que deseas despertarte de una manera natural. Dite a ti mismo que te despertarás a la hora elegida y que estarás completamente relajado y descansado. De esta forma, podrás ejercer el control sobre tu estado de ánimo.


2-Fijar un horario
. En todas las edades y etapas, es importante que el tiempo de estudio se encuadre dentro de un horario definido en función del grado de dificultad de la asignatura, el nivel de rendimiento, las horas más apropiadas para estudiar, y las características personales.

  • Pauta práctica: Para conseguir el máximo rendimiento en una materia en el menor tiempo posible, Bernabé Tierno aconseja poner en práctica los siguientes trucos: retirar de la mesa de trabajo todo lo que estorbe; hacer un cálculo aproximado del tiempo que va a llevar aprender cada lección; comenzar con los trabajos más difíciles y dejar los fáciles para el final; y utilizar el tiempo de espera para repasar definiciones, conceptos, etc.


3-Combatir el miedo escénico.
Tal y como afirma el experto, la ansiedad puede echar por la borda todo el esfuerzo y sacrificio previos al examen, de ahí que sea importante afrontar la situación con tranquilidad y autoconfianza. La fijación de conceptos y el ensayo de los exámenes son buenas estrategias. No hay una fórmula más eficaz de reducir los niveles de ansiedad en las fechas previas a los exámenes que realizar evaluaciones simuladas en casa, es decir, pequeños exámenes similares a las pruebas reales. Ello permite controlar lo que ya se sabe, descubrir dudas o puntos en los que se puede profundizar y detectar los fallos sistemáticos, señala Bernabé Tierno.

  • Pauta práctica. Reducir cada uno de los temas a sus ideas fundamentales en una ficha o folio. Esto proporciona en unos segundos una visión completa del tema y facilita la elaboración de un esquema mental a partir del cual se puede desarrollar perfectamente cualquier pregunta de examen.


4-Dominar la curva del olvido.
 En el siglo XIX, el psicólogo alemán Ebbinghaus decidió estudiar su capacidad para recordar y para ello se valió de listas de sílabas sin sentido: una vez aprendida la lista, evaluaba cuántas recordaba con el paso del tiempo; llegó a la conclusión de que durante los primeros días olvidaba rápidamente lo aprendido, después el olvido era más lento y continuaba decreciendo a lo largo del mes siguiente. También analizó cuánto tiempo necesitaba para volver a aprender las listas una segunda vez, constatando que en repeticiones sucesivas necesitaba menos tiempo para aprender. Si utilizamos esta información para organizar el estudio y el repaso, se puede convertir el aprendizaje en una función del recuerdo, señala Tierno.

  • Pauta práctica:  Hacer el primer repaso 24 horas después de haber estudiado el tema; realizar un segundo repaso una semana después y, en caso de que se trate de un examen final, volver a repasar un mes después de haber memorizado el tema. A medida que se va repasando, el tiempo que hay que dedicar a cada tema será menor y la fijación de conceptos mayor.


5-Hacer pausas
. El cansancio merma la capacidad de concentración y hace que se carezca de alicientes para seguir estudiando. Una de las actitudes más agotadoras es adoptar jornadas maratonianas de estudio coincidiendo con las horas previas al examen (el atracón de la víspera). No es lo mismo estudiar cuatro horas dos días seguidos que estudiar ocho en un solo día. Es fundamental incluir pequeños intervalos de descanso en la planificación del horario de estudio.

  • Pauta práctica: La mejor forma de recargar pilas es dejar de estudiar durante 5-10 minutos y dedicarlos a respirar profundamente, tomando aire por la nariz y expulsándolo fuertemente por la boca, abriendo los ojos por completo y sacando la lengua. Mientras se toma aire de nuevo, estirar los brazos y separar los dedos todo lo que se pueda. Detener la respiración por unos minutos y volver a la tarea con fuerzas renovadas.

Planificación buen nivel de atención = Máximo rendimiento

Preparar los exámenes finales no tiene por qué implicar pasarse horas encerrados estudiando y renunciar a todas las actividades que se realizan habitualmente. Se trata fundamentalmente de tener muy claro qué es lo que hay que hacer y dedicarse a ello con los cinco sentidos. Estas son algunas de las estrategias que facilitan el estudio productivo:

Estudiar siempre en el mismo lugar. De esta forma se propicia que el cuerpo se active para el estudio al sentarse en la mesa de trabajo. Por esta razón hay que evitar estudiar recostado en la cama o en el sillón, ya que el organismo asocia estas posturas con el descanso y será difícil fijar la atención.

Acordar con la familia las horas de estudio, de forma que sepan cuándo pueden contar con el estudiante e intenten no molestarle entrando en su habitación. Cerrar la puerta para evitar posibles distracciones.

Tener el teléfono a raya. En época de exámenes son más frecuentes las llamadas para solicitar apuntes o romper la monotonía del estudio. Hay que limitar al máximo estas interrupciones.

Evaluar constantemente el trabajo. Cuando te sientas cansado o con ganas de tirar la toalla, pregúntate a ti mismo si te estás exigiendo demasiado o si te mereces un sueldo por el trabajo que realizas. Si eres capaz de evaluar de una forma objetiva tu trabajo te darás cuenta de que siempre puedes rendir un poco más, poner un poco más de interés y de atención en lo que estás realizando?, señala Tierno.

Para saber más

Guía para salvar el curso. Las claves para estudiantes desmotivados e inconstantes, de Bernabé Tierno. (Ed. Booket). Muy útil y lleno de pautas prácticas para elaborar un plan de acción efectivo de cara a los exámenes.

www.feaadah.com. Página web de la Federación Española de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad, dirigida a los padres y los profesores de los niños y adolescentes afectados por este problema y que ofrece pautas muy útiles para diagnosticar el trastorno y facilitar a quienes lo padecen su integración escolar, la gestión del ocio o las relaciones sociales.



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