Niños hiperactivos.

?No presta atención en el colegio, nunca
acaba las tareas que empieza y no obedece en casa?. Este comportamiento obedece
a un trastorno infantil capaz de acabar con la paciencia del santo Job, y que
no siempre se diagnostica adecuadamente

Las estadísticas reflejan que los niños son más propensos a sufrir esta
alteración en su comportamiento que las niñas. Así, alrededor de 8 de cada 100 niños
padecen hiperactividad, frente a 2 de cada 100 niñas. El problema puede
aparecer ya desde los primeros días de vida y no se supera con la edad, ya que
sus efectos perduran al llegar a la edad adulta. Aún así, el diagnóstico
prematuro y el tratamiento adecuado permiten un desarrollo normal del
individuo.

Niños y padres sin descanso

La Sociedad Española
de Pediatría lo define como un trastorno de la conducta en el que el niño no
para de moverse, lo toca todo, cambia de postura constantemente, se distrae con
el vuelo de una mosca y, todo ello en detrimento del rendimiento escolar. Un
trastorno que puede estar asociado o no a trastornos del lenguaje. Los padres
con hijos hiperactivos se enfrentan a niños especialmente problemáticos,
inquietos, nerviosos e insensibles a los castigos. A pesar de tener un coeficiente
intelectual normal, no logran mantener la atención sobre un mismo tema durante
mucho tiempo, por lo que son grandes protagonistas del fracaso escolar. Una
nota curiosa es que la hiperactividad se pone de manifiesto con mayor claridad
en presencia de personas con las que los niños no tienen una relación muy
estrecha, mientras que se tranquilizan cuando están solos.

Causas desconocidas

Es difícil concretar el origen de esta enfermedad, recogiendo una gran
diversidad de motivos, que van desde una mala práctica en el momento del parto
hasta posibles incidencias durante el período prenatal. Tampoco hay que
descartar factores genéticos: el 40 % de estos niños tienen un padre que padece
el mismo problema, aunque hasta el momento no se haya descubierto el gen o los genes
que pueden provocar este trastorno.

Recientemente, desde la Sociedad Española de Neumología y Cirugía
Torácica (SEPAR), se ha apuntado a la apnea del sueño como responsable de una
gran parte de los problemas de crecimiento en los niños, de hiperactividad, de falta
de atención y de mal comportamiento. El doctor Joaquín Durán, neumólogo
especialista en trastornos del sueño y miembro de esta sociedad, afirma que la
somnolencia que en los adultos produce la apnea del sueño, en los pequeños
puede no mostrarse o incluso presentarse en forma de hiperactividad o mala
reacción en el colegio. Si el ronquido aislado puede afectar a un promedio del
12 % de los niños, cuando viene acompañado de esfuerzo para respirar conviene
siempre consultar al especialista.

Los efectos de la televisión

A pesar del desconocimiento que existe sobre el tema, los expertos han llegado
a un consenso a la hora de señalar que se trata de una interacción en la que
intervienen elementos biológicos, psicológicos y ambientales. Recientemente, se
ha dado a conocer un estudio estadounidense que pone de manifiesto la
influencia negativa que sobre niños de hasta tres años, tiene el abuso de la
televisión. Así, cada hora en la que los preescolares están expuestos a este
medio de comunicación incrementa, en un 10 por ciento, el riesgo de padecer
problemas de atención por hiperactividad.

Los datos son realmente alarmantes. Según este estudio, los niños de un
año ven la televisión durante más de dos horas al día, mientras que los de tres
lo hacen durante tres horas y media. Incluso, algunos pequeños llegan a pasar
doce horas frente al televisor. El peligro reside, principalmente, en que en
este tramo de edad, el cerebro está aún en fase de desarrollo, por lo que las
influencias externas sobre él se acentúan.

Los síntomas de la hiperactividad, según exponen pediatras y
neurólogos, provocada por la permanencia ante el aparato receptor no aparecen
hasta alrededor de los siete años. Así, es imposible realizar un diagnóstico a
tiempo y, por lo tanto, no se puede establecer ningún tipo de tratamiento.

Las pautas de comportamiento

Durante la infancia, el mundo del niño se reduce principalmente a su
casa y a su colegio. Por lo tanto, la función de padres y profesores a la hora
de tratar la hiperactividad es imprescindible, ya que sin su ayuda, el
desarrollo normal de los pequeños se convertiría en una ardua labor.

  1. En primer lugar, los progenitores deben
    comunicar a los responsables del centro educativo la existencia del
    trastorno, de forma que se pueda establecer una estrategia común. Además,
    las horas que pasa en casa deben estar marcadas por la rutina, debiendo
    plantearse las tareas diarias siempre en el mismo momento y del mismo
    modo.
  2. También es importante poner de
    manifiesto las cosas que hacen bien con el fin de alimentar la seguridad
    en sí mismos.
  3. Si no se toman las medidas adecuadas, un
    niño hiperactivo dentro del aula puede provocar situaciones de tensión con
    otros compañeros y con el profesor. Para evitarlo, éste debe ponerle las
    mismas tareas que al resto de los escolares, aunque con pequeños descansos
    cada cierto tiempo de trabajo. El niño no puede permanecer sentado durante
    un rato largo, por lo que resulta conveniente permitir que se levante del
    asiento, eso sí, dejando muy claro que no puede molestar a los demás.
  4. Por último, es aconsejable darle ciertas
    tareas de responsabilidad dentro de la organización de la clase, para que
    se sienta más útil.

Un tratamiento combinado

La llegada de un niño hiperactivo puede provocar una enorme sensación
de frustración en los padres, que se sienten incapaces de desarrollar con él
ningún tipo de tarea educativa. Generalmente, se suele reñir al pequeño, lo que
puede provocarle una baja autoestima, que terminará acentuando el trastorno.
Ante las sospechas de que pueda padecer esta enfermedad, lo más recomendable es
acudir al especialista para que determine las pautas a seguir.

El
tratamiento puede llegar a constar de tres partes, farmacológica
y psicoterapéutica y cognitiva.
En el primero de los casos, se suelen administrar
estimulantes que aumenten la capacidad de concentración, e incluso sedantes
cuando el niño muestre rasgos psicóticos. En el ámbito psicoterapéutico se debe
intentar mejorar el ambiente familiar y escolar, para lograr la integración del
niño, al tiempo que se le deben aplicar técnicas de modificación de su
conducta. En último lugar, el tratamiento cognitivo exige la realización de
tareas con las que se aprende a planificar los actos y a mejorar el lenguaje
interno.

Los síntomas según la edad

v      De
0 a 2 años.
Alteraciones en
el ritmo del sueño y de la alimentación, resistencia a los cuidados habituales
e irritabilidad acusada.

v      De
2 a 3 años.
Escasa
conciencia de la sensación de peligro, exagerada actividad motora y
dificultades en el lenguaje.

v      De
4 a 5 años.
Problemas de
adaptación social y desobediencia.

v      Desde
los 6 años.
Impulsividad,
déficit de atención, comportamientos antisociales y fracaso escolar.

Según un estudio realizado por
investigadores de la Universidad de Regensburg (Alemania), las personas con
síntomas persistentes de trastorno de hiperactividad y atención en la edad
adulta presentan mayor riesgo de desarrollar trastornos relacionados con el
abuso de alcohol



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