Niños y adolescentes, educar en valores.

Publicado por el 01/01/2006

Lo
tienen todo y, sin embargo, cada vez incurren en actitudes y hábitos más
nocivos para su salud: drogas, alcohol, violencia? ¿Qué les pasa a los niños y
jóvenes de hoy en día? Dos psicólogos nos ayudan a descifrar las claves

¿Quién no recuerda su primer reloj, o lo
mucho que le costó conseguir aquel anhelado juguete con los ahorros de todo un
año? Los psicólogos coinciden en que la ilusión de los niños de antes no es la
misma que la de los niños de hoy en día. Todo apunta a que están sufriendo las
consecuencias de la ausencia de normas, la falta de motivación y, sobre todo,
que son víctimas de la ?cultura del consumismo?.

Dos
datos para reflexionar y un resultado

  1. CANNABIS,
    ÉXTASIS Y COCAÍNA.
    Los jóvenes españoles
    de entre 15 y 34 años (un 17 por ciento del total) se encuentran entre los
    europeos que más consumen estas sustancias, según reza el último informe
    anual del Observatorio Europeo de las Drogas y la Toxicomanía (OEDT).
  2. CONSUMISMO
    CRECIENTE.
    Asimismo, el gasto
    medio estimado por cada español para las pasadas Navidades ha sido de 915
    a 950 euros, de los cuales entre 160 y 190 se destinaron a la compra de
    juguetes y regalos, tal y como revelan datos de la Confederación Española
    de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios.
  3. RESULTADO. La conjunción de estas dos estadísticas es una realidad social
    que a su vez explica muchas de las conductas de la juventud actual
    (bullying, episodios de violencia callejera). Todo ello es el resultado de
    la falta de motivación y la ausencia de normas por las que regirse, fruto
    de los que muchos consideran la enfermedad social de nuestro tiempo: el
    consumismo.

Valores y motivación: dos
ingredientes a la baja

Tal y como comenta Bernabé Tierno, psicopedagogoy
autor de numerosas obras sobre educación infantil y juvenil,
está
comprobado que ?La ausencia de valores podría explicar gran parte de las
conductas de consumo. Nuestra sociedad ha dado paso a una especie de ?Todo
vale?, ?no pasa nada?, ?al menos hay que probar?… Los límites entre la
conducta adecuada y la que no lo es no están nada claros, y menos para los
adolescentes que tienen que probar, ante ellos mismos, ante sus padres y la
sociedad, que se están convirtiendo en personas adultas?, asegura.

Asimismo, la falta de motivación que
caracteriza a los jóvenes de hoy (acostumbrados a tener todo al instante, a
golpe de clic y a costa de un esfuerzo cero) hace que busquen novedades y
emociones fuertes en aquello que les resulta, en principio, menos accesible, y es
así como muchos comienzan sus primeros escarceos con la droga y el alcohol.

Otra circunstancia que les predispone a
adoptar actitudes adictivas es, a su vez, una de sus quejas más reiteradas: ?me
aburrro?. Las razones de esto son, en primer lugar, el hecho de tener todas sus
necesidades cubiertas, y después, el exceso de televisión, de juegos
electrónicos, etc, que va anulando su capacidad interna de admirarse y de
entretenerse.

 ?Los niños que se educan en un ambiente
consumista son tremendamente inseguros, porque tienen su seguridad puesta en
las cosas externas, y no en su persona?

Normas y límites

Sí, por favor

?Nada desconcierta más a los niños que la
ausencia de normas, y en este sentido, confundir progresismo con ausencia de normas y tradicionalismo con represión, es tan absurdo como ilógico sería
pretender poner una etiqueta a lo que debe ser, llana y claramente, una
educación basada en el sentido común. ¿Cómo podemos pensar que los niños podrían
desarrollarse, crecer, madurar, hacerse personas y vivir mejor sin estas
pautas, normas, reglas, límites o hábitos??, comenta María Jesús Álava Reyes, psicóloga y  autora del libro ?El no
también ayuda a crecer?.

Gran parte de los problemas de conducta de
los jóvenes se generan porque no existen unas pautas o límites de actuación
mediante las cuales los padres indiquen hasta dónde pueden llegar. Es muy
importante que tanto los niños como los jóvenes conozcan las consecuencias de
sus conductas, ya que su afán por conocer o por probar experiencias nuevas les
pueden conducir a situaciones extremas.

En la misma línea, Bernabé Tierno explica que
?es fundamental que el niño, ya desde los primeros años, sepa qué es
exactamente lo que se espera de él. Se ha demostrado experimentalmente que el
niño se percata de que sus padres se comportan con firmeza porque les importa,
porque le quieren de verdad. Las normas y límites le dan, por tanto, seguridad,
pero para ello deben cumplir unos requisitos: deben ser justas, sencillas y
simples, aplicadas de forma coherente; pero, sobre todo, el niño debe tener muy
claro cuáles son las consecuencias de no cumplirlas?.

Dos hábitos que hacen al consumista

  1. Falta de
    tiempo y dedicación de los padres.

    El ritmo de vida actual lleva a los padres a compensar las carencias de
    tiempo y ocio compartido con bienes materiales.
  2. La publicidad. Los efectos que la publicidad genera la idea cada vez más
    extendida de que el éxito social es equivalente a tener ciertas posesiones
    o a mostrar un tipo determinado de actitudes.


?Los
chavales empiezan por no darle valor a las cosas y terminan por no darle valor
a las personas ?

Piden
y ? se les dá

?Los niños aprenden que insistiendo, o con un
poco de ?temperamento?, terminan consiguiendo lo que ven en la tele, en el
amigo del colegio o en la tienda de la esquina, explica la psicóloga María
Jesús Álava Reyes. Una vez que han aprendido a pedir y a obtener rápidamente su
recompensa, esto no les produce especial deleite, por lo que entran en una
espiral de la que no saben salir, y cada vez piden cosas más complicadas, más
caras, más peligrosas. Esta dinámica consumista sienta las bases de muchas de
las conductas peligrosas, adictivas y violentas de la preadolescencia y
adolescencia. Ya no solamente piden artículos de ocio o ropa, también piden
jugar todos los días con el ordenador, y con unos juegos extremadamente
violentos. Piden ver la tele el tiempo que les apetece, que les lleven a
determinados sitios, que no les manden cosas, que no les pongan normas… que
los adultos, simplemente, se limiten a proporcionarles lo que ellos reclaman.?,
señala la experta.

7 pautas para los padres

  1. Incúlcales desde pequeños un estilo de vida. Tal y como explica María Jesús Álava, el consumismo no es una
    tendencia que se resuelva quitándoles todos los estímulos, ?sino que más
    bien se trata de inculcarles un estilo de vida, una escala de valores, un
    nuevo modelo que permita a todos los miembros de la familia volver a
    disfrutar de las cosas sencillas?.
  2. Enséñales a vivir con la frustración. Es importante que el niño tome pronto conciencia de que no
    puede tener todo lo que desea. La frustración tiene que ver con la
    maduración, y es necesario que aprenda a vivir con ella, para evitar que
    se venga abajo ante el menor obstáculo o dificultad o cuando no consiga lo
    que quiere.
  3. Dales ejemplo. Las pautas de
    actuación observadas en los padres son el primer vehículo de aprendizaje.
    ?La mejor forma de evitar que adquiera hábitos consumistas es que el niño
    vea que sus padres no son compradores compulsivos, que dan valor a las
    cosas y a su conservación; que son respetuosos con el medio ambiente; que
    no se llenan de objetos superfluos, etc. … y, sobre todo, que éstos les
    enseñen lo que tienen más valor, lo que no se puede comprar: la ilusión,
    el tiempo, la dedicación….?.
  4. Hay que ser padres, no ?colegas?.
    Tal y como explica la psicóloga, ?los adultos ocupan un papel en la vida
    de los niños: el de adultos, y pocas cosas les confunden tanto como ver a
    un adulto comportándose como él. Los padres deben desempeñar su rol,
    aunque a veces les cueste, ya que es la única forma de que sirvan como
    referencia válida?.
  5. No les sobreprotejas.
    Es importante que los padres estén siempre a su lado para apoyarlos y
    orientarlos, pero no para asfixiarlos. Niños y jóvenes tienen que vivir
    sus pequeñas ?crisis?, y éstas serán las que les permitan generar sus
    propios recursos, sus propias habilidades y sus propias salidas.
  6. Nunca bajes la guardia.
    María Jesús Álava recomienda la observación constante de los hijos para
    detectar cualquier indicio de conducta anómala. ?Unos ojos rojos, por
    ejemplo, son signo inequívoco de que el joven ha estado bebiendo o ha
    tomado cualquier otra sustancia. No hay que olvidar que los jóvenes suelen
    decir a su manera, pero con bastante claridad, que algo no está
    funcionando bien, y que necesitan la actuación de los padres, no su
    huída?.
  7. Ayúdales a motivarse.
    Los padres deben hacerle ver a los jóvenes que valoran el aprendizaje y el
    trabajo intenso más que las notas; ofrecerles oportunidades para destacar
    y ser útiles; ayudarles a buscar sus puntos fuertes y desarrollarlos; y
    enseñarles a mantener expectativas realistas.

Drogas y alcohol: señales de alerta

Si notas cambios en el comportamiento de tu
hijo o en su forma física, mantente alerta. El consumo de drogas o alcohol da
la cara de la siguiente manera:

  • Fatiga y cansancio. Problemas para dormir, ojos enrojecidos y sin
    brillo, tos persistente y malestar inespecífico frecuente. Le cuesta mucho
    trabajo levantarse por las mañanas e iniciar la jornada.
  • Cambios en la personalidad, alteraciones repentinas de humor e
    irritabilidad.
  • Actitudes contestatarias con los padres, con quienes empieza a
    evitar mantener conversaciones, por miedo a ser descubierto
  • Conductas irresponsables, retraimiento y falta general de interés.
  • Poco amor propio y baja autoestima.
  • Estados depresivos frecuentes.
  • Interés escolar decreciente, actitud negativa, calificaciones
    bajas, ausencias frecuentes, problemas de disciplina.
  • Cambios de amistades, transformación radical en la forma de vestir,
    de expresarse y en la apariencia física.

Las adicciones

¿Se pueden prevenir?

Desde pequeños, hay que advertir a los hijos de
los peligros de determinadas actitudes y, sobre todo, fomentarles una
autoestima lo suficientemente sólida como para que no tengan que buscar la
autoafirmación mediante la ingesta de sustancias. Es vital reforzar su
personalidad para evitar que ésta se diluya cuando se encuentre formando parte
de un grupo de amigos. Desde pequeños hay que mantener con los niños un diálogo
abierto y positivo que incite a la confianza, de manera que pueda acudir a sus
padres cuando le asalten los problemas. También es fundamental inculcarles
valores y fomentar en ellos el deporte y actividades de ocio sano. Adiestrarles
a la hora de decir que ?no? será vital cuando se les ofrezca la oportunidad de
consumir alguna sustancia de consumo.