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NUEVAS OREXIAS La adolescencia, un campo minado

NUEVAS OREXIAS La adolescencia, un campo minado

Vigorexia, ortorexia, atracones o síndrome del comedor nocturno son las manifestaciones cada vez más frecuentes de las nuevas orexias, que ponen en riesgo a uno de cada cinco jóvenes y, según los expertos, cada vez a más niños.
En España, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) llegaron en la década de los 80, casi 20 años después de su origen en el norte de Europa. Sin embargo, la incidencia ha aumentado progresivamente en los últimos 20 años, pasando de un caso nuevo a la semana en los 90 a seis en 2010. Ahora, al terrible espectro de la anorexia y la bulimia, en estos últimos años se han unido otros muchos trastornos de la conducta alimentaria, conocidos por las siglas TCA: vigorexia, ortorexia, síndrome del comedor nocturno… la mayoría con un denominador común: un trastorno obsesivo compulsivo, una tendencia a la cronificación con un gran impacto en la calidad de vida, y una preferencia por los adolescentes y cada vez más, por los niños.Se trata de trastornos complejos, de difícil manejo y de severas consecuencias físicas y psicológicas. No sólo por la propia enfermedad sino también por la falta de formación de especialistas y la mala orientación de tratamientos y recursos hace que se imponga el fracaso terapéutico, que se repitan tratamientos infructuosos y que haya pacientes que no evolucionen y sigan cronificándose. En el tratamiento normalmente participa un grupo multidisciplinar formado por psiquiatra, psicólogo, nutricionista y, además, debería incluir un pediatra o médico internista.

Cambios por asumir
“La adolescencia es el tiempo de las primeras relaciones, de los primeros fracasos sentimentales y escolares, de duelo por la pérdida de un cuerpo indiferenciado e infantilizado, de frustración ante un cuerpo que crece con un tiempo propio y no programado… Todo este aluvión se sucede a una velocidad vertiginosa y deja al frágil adolescente con una gran sensación de descontrol de los acontecimientos de su vida. Por eso, la necesidad de control aparece como intento de refrenar este huracán que el adolescente vive de forma pasiva. El drama de esta patología es que ese control se desplaza al cuerpo y se hace carne en la alimentación y su ingesta”. Así comienza el capítulo referido a la anorexia y bulimia, escrito por la doctora Mar Faya Barrios, psiquiatra del hospital del Niño Jesús y médico de familia, dentro del libro  Controversias sobre los trastornos alimentarios, editado  por el Instituto Tomás Pascual Sanz para la Nutrición y la Salud y la Fundación  Instituto de Trastornos Alimentarios.

De hecho, según las cifras aportadas en el libro, uno de cada cinco jóvenes está en riesgo de padecer un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA). Así, debido a las altas tasas de cronicidad con graves secuelas físicas, psicológicas y sociales que provocan en los pacientes, los TCA se han convertido en la tercera enfermedad “crónica” más frecuente en la adolescencia y entre las enfermedades psiquiátricas.

Los factores de la vulnerabilidad

El estudio de los trastornos de la conducta alimentaria ha puesto de manifiesto la existencia de varios factores neurobiológicos, cognitivo-emocionales y sociales que influyen en las personas provocando un incremento de la vulnerabilidad a padecer el trastorno. Así lo explica el doctor Luis Rojo Moreno, catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Valencia y especialista en la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria en el hospital Universitario La Fe de Valencia, en el capítulo dedicado a las causas y predisponibilidad de este trastorno.

Así, entre los factores generales a tener en cuenta están el ser mujer y estar en la adolescencia, un período muy significativo desde el punto de vista del desarrollo del individuo, ya que en esta etapa se dan cambios psicológicos, como es el desarrollo de la propia identidad y de la autonomía personal mediante una progresiva desvinculación de los padres.

Entre los factores biológicos, el doctor Rojo cita los cambios hormonales y corporales, con el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, así como sociales, entre los que son especialmente significativos las interacciones con los pares entre quienes el adolescente debe hacer gala y obtener validación de sus propias características personales. En esta época son frecuentes las incertidumbres personales que pueden facilitar el recurso a comportamientos para ganar seguridad y afianzarse en el propio valor: por ejemplo, si bien es cierto que algunas tienen más vulnerabilidad que otras (existen datos que confirman la existencia de trastornos alimentarios en las familias de pacientes que las padecen, así como de la existencia de una alta heredabilidad), una proporción muy alta de mujeres adolescentes realiza al menos una dieta al año sin prescripción médica. En una persona con predisposición genética, la dieta o los cambios hormonales podrían activar el efecto genético.

Experiencias previas y precoces: la existencia de actitudes anómalas (especialmente bajo calor emocional o rechazo por parte de uno o de ambos padres), así como la existencia de estrés crónico previo o de alguna coborbilidad psiquiátrica (fundamentalmente trastornos ansiososo o depresivos), un abuso sexual previo, y muy especialmente los trastornos de ansiedad.

Factores culturales: en países como Ghana se niegan a comer por creencias de tipo religioso, o en China el miedo a la obesidad y el malestar digestivo precipita muchos casos.

Conductas adictivas: según expone el doctor Rojo, bajo las conductas adictivas subyace la necesidad de dependencia propia de un sujeto que no se cree capaz de conseguir por sí mismo aquello a lo que aspira, y para ocultar su sensación de fracaso y mantener una imagen aceptable  de sí mismo, renuncia a intentarlo. A través de la realización reiterativa y abusiva de una conducta obtendría sensaciones agradables que sustituirían a las del mundo real y que calmarían su malestar, de forma segura e inmediata, ante las dificultades cotidianas. En definitiva, la adicción como excusa para justificar los fracasos y para no realizar ni el esfuerzo de adaptarse al resto de la vida.

1 La percepción manda, no la realidad
Vigorexia y otros trastornos de la imagen: según cita el doctor Antoni Grau Touriño, responsable de gestión del Conocimiento e Investigación del Instituto de Trastornos Alimentarios, en su capítulo dedicado a la vigorexia de este libro, se empezó a escribir sobre ella en 1993, como un trastorno relacionado con la imagen corporal, que se empezó a observar en culturistas que usaban anabolizantes. Hoy en día afecta a 1 de cada 2.000 varones, es decir, al 80% de hombres frente al 20% de las mujeres, y la edad de inicio se sitúa en la adolescencia tardía (afecta a entre el 1 y el 10% de los usuarios de gimnasio).  Según Grau Touriño, quienes sufren vigorexia poseen una percepción del propio cuerpo distorsionada que les hace verse con un tamaño muy inferior al real. Este trastorno se conoce también como anorexia inversa, ya que mientras que en la anorexia nerviosa las conductas patológicas están motivadas por un deseo de empequeñecer la silueta, en la vigorexia el fin reside en el deseo de aumentar el tamaño corporal. En estos enfermos existe una preocupación con la idea de que el propio cuerpo no está suficientemente libre de grasa y musculado, de ahí que se dediquen a hacer ejercicio durante largas horas y observen una excesiva atención a la dieta, evitando cualquier actividad que les aparte de estas dos ocupaciones, lo que les hace caer en el deterioro social, ocupacional, así como en otras áreas importantes de funcionamiento, lo que les conduce a un progresivo aislamiento social que no hace sino agravar
el cuadro. Su obsesión por incrementar su masa muscular les lleva a la ingesta de hormonas esteroideas, productos altamente tóxicos. Consumen sustancias como carnitina o creatina, favorecedoras del volumen muscular aprovechando el metabolismo, así como esteroides anabolizantes, para aumentar la masa muscular y perder grasa, prohibidos fuera del sistema sanitario, hormona del crecimiento humano, diuréticos, cafeína… Complementan su alimentación con suplementos alimentarios compuestos por proteínas extraídas del suero de leche o huevo (a veces con concentración del 90%) que se presentan como polvos, batidos o barritas. El principal colectivo de riesgo es el comprendido por fisioculturistas y deportistas en los que el desarrollo de un cuerpo fuerte y voluminoso es requisito indispensable para la práctica de dicha actividad. Investigaciones recientes estiman que un 10% de fisioculturistas estarían afectados por este trastorno.
Cómo distinguirla: estos pacientes se miran constantemente en el espejo, se sienten    delgados aunque no lo estén, emplean más de 6 horas al día en hacer ejercicio para     incrementar la musculatura, se pesan varias veces al día, se comparan con otros en el     gimnasio, sienten una necesidad compulsiva de realizar pesas para incrementar el tamaño     muscular, toman dietas ricas en proteínas e hidratos de carbono y pobres en grasa, consumen     esteroides y productos vitamínicos, hasta siete veces más que los culturistas no vigoréxicos,     abandonan las obligaciones y actividades de su vida normal, son narcisistas, solo viven para     el cuerpo, actúan con inseguridad y retraimiento social.
Las consecuencias: en hombres, ginecomastia, infertilidad, atrofia testicular, reducción     del tamñao de estos, calvicie. En mujeres, crecimiento del vello facial, crecimiento del     clítoris, redistribución de la grasa corporal hacia formas más masculinas, reducción de     mamas, pérdida de cabellos, cambios en la voz. En ambos sexos, hipertensión arterial, riesgo     de ataque al corazón, aumento del ventrículo izquierdo, acné, paralización del crecimiento,     efectos psiquiátrico con manías, agresividad, tendencias suicidas…

2. Trastornos de la conducta alimentaria (TCA):

Anorexia nerviosa. Según describe la doctora Mar Faya Barrios, psiquiatra del hospital del Niño Jesús y médico de familia, la anorexia nerviosa se caracteriza por un deseo irrefrenable por estar delgado acompañado de prácticas para conseguirlo: dieta restrictiva estricta y/o conductas purgativas (vómitos autoinducidos, uso/abuso de laxantes o diuréticos…). Estos pacientes presentan, a pesar de la delgadez, un intenso temor a ser obesos, teniendo en muchas ocasiones distorsión de su imagen corporal. La dieta, la figura y el peso se convierten en eje de su vida, llevando a cabo, además de la evitación hacia las comidas, acciones compensatorias (ejercicio físico extremo, purgas…). Respecto a este último punto, la anorexia puede ser de tipo restrictivo: durante el episodio de AN, el individuo no recurre regularmente a atracones o purgas. O de tipo purgativo: durante el episodio de AN, el individuo recurre regularmente a atracones o purgas (por ejemplo, uso excesivo de laxantes, diuréticos o enemas, provocación del vómito…).
Cómo distinguirla: las características psicológicas de la anorexia son, rigidez mental; perfeccionismo (obsesión por el detalle, del sufrimiento intolerable por los fracasos, que remite a cuestiones de índole más profunda, como la necesidad de controlar un cuerpo en un continuo cambio inevitable); sintomatología depresiva: tras la fachada de perfección hay un aislamiento llamativo, mucha tristeza que aparece de forma masiva sin explicación, inhibiciones y miedos; irritabilidad: tiene que ver con la inmadurez de un sistema psíquico que todavía no puede asumir las diferencias entre un yo y otro, por eso mismo son tan frecuentes las peleas dentro del hogar, y especialmente con la madre; inhibición sexual: todo lo sexual suele ser valorado con mucho temor; obsesión por las calorías; alexitimia y anhedonia: incapaces de reconocer sentimientos por un lado, y por otro, incapaces de disfrutar. Entre los signos físicos observables están el lanugo: dado que la temperatura corporal se ve alterada por el déficit de tejido adiposo (grasas), es muy común que aparezca una capa de vello que recubre el cuerpo para proteger del frío; sequedad en la piel; caída del cabello; pérdida de la menstruación; pérdida de peso: en ocasiones disimulada por ropas muy holgadas; signo de Russell: callosidades en los dedos provocadas por los vómitos autoinducidos.

La bulimia nerviosa:
según la doctora Faya Barrios, es un trastorno de la conducta alimentaria que se caracteriza por la presencia de atracones (ingesta voraz e incontrolada), seguidos de vómitos autoinducidos u otras maniobras de purgas e hiperactividad física. Comparte con la anorexia el miedo extremo a ganar peso. Suele ser un trastorno oculto que se vive con gran secretismo y ocultismo, pudiendo pasar desapercibido. En la bulimia nerviosa no se producen necesariamente alteraciones del peso, pudiéndose presentar con normopeso, sobrepeso u obesidad.
Cómo distinguirla: entre sus características psicológicas están la impulsividad como uno de los rasgos más característicos. Está muy relacionada con la dificultad para poder mantener un pensamiento y llevarlo a cabo a pesar de las contrariedades. La impulsividad es un rasgo muy peligroso, ya que es un componente presente en muchos intentos de suicidio. Muy relacionada con la baja tolerancia a la frustración y con la creencia mágica de que el acto o la actuación son más poderosos que el pensamiento; baja autoestima: que se hace patente en cada autorreproche, en cada ocasión en la que ponen a su cuerpo al servicio de seducciones pasajeras, en cada atracón, con cada vómito; sintomatología depresiva: más silenciosa que en la anorexia, por eso resulta difícil para un entorno detectar ese sufrimiento; oscilación en el humor: picos de subidón, que darán lugar a otros de bajón, que responden a una dificultad por encontrar una imagen estable y coherente con uno mismo; promiscuidad: en un intento constante por buscar la aceptación de los demás, por encontrar en el otro una respuesta que individualmente no puedan darse, rellenan un vacío interno que sólo a través de algo externo sienten que puede completarse, lo que les hace caer en una espiral de dependencia hacia los demás; consumo de otras sustancias: alcohol y otros estupefacientes para llenar un vacío. Entre sus signos físicos podemos mencionar los signos de Rusell: callos que aparecen en los nudillos, productos del roce con los dientes por cada vez que se fuerzan los vómitos; caída del cabello, caída de las uñas, de las pestañas; piel seca y quebradiza; capilares rotos en la cara por el esfuerzo, que se ven en forma de pequeñas líneas rojas; palidez; desgaste de dientes, pérdida de piezas dentales, caries, piezas dentales amarillentas; halitosis; infecciones bucales; parótidas inflamadas que provocan hinchazón a los lados de la cara; temblores; tics nerviosos (ojos); temblores en las extremidades (manos y pies); falta de potasio y sodio en la sangre, lo que provoca a su vez ataques cardíacos, infartos cerebrales y ataques epilépticos; problemas digestivos como hernia de hiato, reflujo, rotura o fisuras en el esófago, úlcera estomacal o bucal, desgarro en garganta y esófago; problemas de laringe, faringe y cuerdas vocales; complicaciones cardíacas; deshidratación; debilidad muscular; colon irritable, megacolon; dilatación y ruptura gástrica, gastritis; alteraciones genitales, óseas y renales; irregularidades menstruales; irregularidades hormonales que provocan infertilidad; descenso de la temperatura corporal e incapacidad de controlarla, etc.

3. TCA no especificados o patologías de diseño:
Respecto a los trastornos de la conducta alimentaria no especificados, según explica el doctor Antonio Villarino Marín, presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEPCA) y catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense de Madrid, suelen ser cuadros de AN y BN incompletos, bien porque estén en su inicio o en vías de resolución. En ellos se cumplen todos los criterios diagnósticos para la AN, excepto que las menstruaciones son regulares; el peso está dentro de los límites de la normalidad; Igualmente se cumplen todos los critrios para la BN, excepto los atracones y las conductas compensatorias menos de dos veces por semana o durante menos de 3 meses.

Dentro de estos TCA no especificados estarían trastornos como la ortorexia, drunkorexia-ebriorexia, diabulimia, flexitarianismo, sadorexia, síndrome del comedor nocturno, y permarexia, entre otros. En ocasiones con síntomas muy específicos: por ejemplo, la sensación de inapetencia durante toda la mañana y de gran apetito a la hora de la cena y durante la noche son señas características del síndrome del comedor nocturno. Este comportamiento es totalmente distinto a lo que se define en clínica como “trastorno por atracón” o “binge eating”, que consiste en la ingesta exagerada de alimentos, en momentos concretos y de forma inconsciente, para calmar la ansiedad.

La ortorexia consiste en una verdadera obsesión por la comida sana, hasta niveles que se deben considerar patológicos. Esta preocupación lleva a las personas a consumir alimentos de tipo orgánico, vegetal, ecológico, puro, sin ser tratados con productos artificiales ni conservantes, además de que no hayan sufrido alguna clase de condena o superstición. En muchas ocasiones suprimen la carne, la grasa y algunos grupos de alimentos que no se reemplazan correctamente por otros que puedan aportarle los mismos complementos nutricionales. El problema está en la calidad (no fertilizantes, no pesticidas, no conservantes ni colorantes…) y no en la cantidad de comida. El miedo a ser envenenado por la industria alimentaria y sus aditivos se unen a la razón espiritual de búsqueda de la comida sana. Estas personas suelen dedicar más de 3 horas al día a pensar en la dieta y cuando viajan llevan un equipo de supervivencia para solucionar su problema y planifican en exceso lo que van a comer al día siguiente. Es común en quienes padecen ortorexia que aparezca un sentimiento de culpabilidad cuando no cumple con sus convicciones dietéticas. La comida para ellos se convierte en una religión, y la transgresión es un pecado.

La potomanía es un deseo frecuente de beber gran cantidad de líquido de forma compulsiva con agradable sensación de placer. También llamada polidipsia psicognénica y es una patología mental. superar los 4 litros diarios nos puede llevar a una hiperhidratación con consecuencias grves, en especial si la igesta es en un corto perídoo. A veces puede ir asociada a la anorexia, ya que beben aga para tener la sensción de saciedad o para ser favorecidos en el peso del especialista. Tratamiento: diuréticos para controlar la posible hiponatremia, farmacológico, acompañado de ingesta limitada a 1,5 l de agua /día.

La Drunkorexia-ebriorexia responde a la tendencia de algunos jóvenes que tienen la obsesión de estar delgadas y a la vez cuando salen de marcha tienen apetencia por el alcohol: para equilibrar ambas situaciones, y conocedoras de la gran cantidad de calorías que proporciona el etanol, lo que hacen es restringir su ingesta alimenticia, en algunos casos de forma drástica. Lo habitual es dejar de comer durante horas o apenas comer durante el día para compensar las calorías ingeridas con las bebidas. A menudo durante las etapas de ingesta alcohólica tienden a comer para evitar que el alcohol les haga estragos con mayor faciildad en su organismo y toman alimentos poco aconsejables, como dulces, snacks energéticos, con lo que consiguen una mala alimentación nada cardiosaludable.

La Diabulimia es un trastorno de la conducta que se gesta en personas que han sido diagnosticadas hace poco tiempo de diabetes tipo 1, con lo que precisan tratamiento crónico con insulina. Uno de los signos comunes que preceden al diagnóstico de la diabetes es la pérdida de peso a causa del desequilibrio hormonal que se da. Tras el diagnóstico se inicia la terapia con una dieta adecuada combinada con insulina y la persona va recuperando su peso. Algunos comen más azúcar para evitar hipoglucemias, lo que le lleva a un aumento excesivo del peso. La diabulimia consiste en utilizar la condición de la disciplina alimentaria, y sobre todo, del control de la insulina que exige la diabetes para perder peso. Reducen las dosis de insulina para bajar peso de forma intencionada. El organismo no puede aprovechar todos los azúcares, tiene un menor aprovechamiento energético y en consecuencia se pierde peso. Es una situación muy peligrosa, ya que puede darse una cetoacidosis diabética, con posibilidad de un coma, además de los problemas neuropáticos correspondientes, afectaciones en los ojos, fallos renales importantes… En este trastorno no existen vómitos ni atracones, a pesar de que el nombre guarda relación con la bulimia.

El Flexitarianismo (flexible y vegetariano) se refiere a las personas que basan su alimentación en una dieta vegetariana, pero de manera ocasional y por diversas razones, consumen algunos productos de origen animal: mariscos, pescados, aves y carnes. El consumo irregular es lo que lo define como fexitariano. Aquel que haciendo una dieta vegetariana, se la salta de vez en cuando.

La Sadorexia es un trastorno alimentario de segunda generación y viene de los comportamientos anoréxico, bulímico y ortoréxico, combinados con un maltrato corporal y empleo de métodos de adelgazamiento masoquistas. Se le llama también dieta del dolor. Se emplea para llegar a una delgadez extrema, visible solo a los ojos de los demás y que puede inducir a la persona a unos acontecimientos finales de orden catastrófico. Personas con baja autoestima, deprimidas, a quienes les haya llevado a esta situación algún acontecimiento familiar, personal, social y que buscan en la sadorexia la posible salida. Se busca la perfección dentro de un mundo de imperfección, pretendiendo alcanzar lo imposible, y en ocasiones llevándoles incluso a la muerte. Es el grado más extremo de la anorexia.

El Síndrome del comedor nocturno se caracteriza por la ingesta de más del 25% del total de calorías que hay que ingerir a diario, durante la noche. A veces se asocia con descenso del ánimo, depresión y baja autoestima. La anorexia matutina se acompaña de una hiperfagia en la tarde-noche, ingiriéndose más del 50% del total calórico después de la cena. Se dan despertares intermitentes durante la noche, con ansiedad y tensión al acostarse y dificultad para conciliarlo, con lo que es una patología a caballo entre trastorno alimentario y del sueño. Suele ir unido al  síndrome de piernas inquietas, apnea y sonambulismo. Se asocian ambos trastornos con aumento de depresión y baja autoestima. Prefieren las comidas preferidas hidrocarbonatadas y pueden llevar consigo aumento de peso. Afecta a un 0,5-1% de la población general y a un 6-40% de los obesos y personas que hayan sido intervenidos de cirugía bariátrica.

La Permarexia es un trastorno de la alimentación relativamente moderno, en el que la persona piensa que todo lo que come engorda, lo que le lleva a probar varias y diferentes dietas, la mayoría de las veces desequilibradas y poco saludables, dentro de la categoría de dietas milagro. Estas personas cuentan calorías constantemente, miran las etiquetas nutr
icionales con pavor… Consumen suplementos polivitamínicos, diuréticos, o alimentos dietéticos. Fluctúan de peso constantemente. Se someten constantemente a dietas yoyo, con su consiguiente efecto rebote. Es un trastorno típicamente femenino.

La Pica o seudorexia es un trastorno en el que existe un deseo irresistible de comer o lamer sustancias no nutritivas, como tiza, yeso, bicarbonato, algodón, pegamento, moho, cenizas de cigarrillo… La geofagia (consumo de tierra) es el más estudiado. El antojo de las embarazadas en las primeras etapas se asocia a la falta de algunos oligoelementos, por lo que puede estar indicado el consumo de suplementos nutricionales junto con apoyo psicológico y fármacos.

La Bulimarexia es un subtipo de anorexia y bulimia. Las pacientes sufren un proceso que combina situaciones de hiperactividad y negaciones a comer típicas de anorexia, con atracones y purgas clásicas en la bulimia. Sequedad en la piel, trastornos hormonales y cardiopatías son los problemas que aparecen en los primeros estadios de la bulimarexia.

El Síndrome de descontrol alimentario es una forma incompleta de bulimia en los que no se cumplen todos los criterios. Atracones, pero sin conductas compensatorias o purgativas y con menos alteración perceptiva del propio cuerpo. Se caracteriza por la ingesta de una cantidad de alimento importante en un periodo breve de tiempo (unas 2 horas) con sensación de falta de control, al menos dos veces a la semana durante 6 meses y sin prácticas purgativas. Se come sin hambre y se hace a solas, por vergüenza, depresión o culpa. Se le considera variante menor de la bulimia. La ingesta es mucho más rápida de lo normal, comen hasta sentirse desagradablemente llenos, sin hambre, a solas, sintiéndose a disgusto después. En este trastorno no aparecen estrategias compensatorias.

Estrategias desde la escuela
1. Educación para la salud: los expertos abogan por la inclusión de una asignatura específica  en el curriculum escolar, lo que limitaría su aparición a campañas coyunturales.

2. La realidad familiar muestra familias hiperexigentes con otras excesivamente permisivas, por lo tanto la alianza con las familias a la hora de mantenerlas correctamente informadas sobre estas patologías es fundamental.

3. Detección precoz de conductas alimentarias alteradas a través de monitores de comedor y de tutores.

4. Combatir activamente el menosprecio o discriminación entre los alumnos, lacra presente en nuestras escuelas y que se aproxima peligrosamente a la figura del acoso escolar, escenario abonado para el desarrollo de un TCAA u otras problemáticas de la adolescencia. El papel de los tutores y los espacios de tutoría parecen imprescindibles, junto al desarrollo de una conciencia crítica en aquellos compañeros que asisten como espectadores a tales situaciones. Situaciones de riesgo: bulling, cambio de centro o instituto, especialmente si son por motivos económicos, rechazo o aislamiento social que tiende a cronificarse, detección en el aula (contagio social): extremar las precauciones en el aula cuando se detecta un caso, abriendo vías de diálogo permanentes, grupos de discusión y tutorías individualizadas.

5. Supervisión por dietistas de la alimentación en el comedor escolar, cada vez más extendido, pero hasta hace poco asignatura pendiente. Facilitar el menú a las familias es una buena idea.

6. Hacer conscientes los mensajes culturales implícitos, con discusión crítica de los mismos.

7. Promover la colaboración escuela/sistema sanitario: charlas interactivas de los profesionales sanitarios en el medio escolar, visitas de los escolares a los centros sanitarios…

8. Constancia de los programas de prevención iniciados, adecuados a los grupos de edad, uso de películas, series, estudios de anuncios…

Estrategias desde la familia
1. Evitar normas rígidas en alimentación.
2. Fomentar comidas familiares.
3. Evitar la crítica, usar elogio y confianza.
4. No evitar el contacto físico.
5. Aclarar y negociar normas de casa.
6. No tomar decisiones por el hijo y no imponer exigencias desmesuradas.
7. Ser paciente y predicar con el ejemplo.
8. Estar atentos ante situaciones de riesgo elevado, como son una separación conyugal, divorcio, disputas… sobrepeso u obesidad materna o paterna, relacionado con el fenómeno universal de las dietas recurrentes casi como estilo de vida.
9. Promocionar entre las familias la práctica de una dieta equilibrada y ejercicio físico moderado es una de las mejores fórmulas.
10. Enfermedades familiares graves, que desvían el foco del adolescente, a veces lo aíslan o lo sitúan en una encrucijada donde el TCA es visto como alternativa.
11. Viajes de adolescentes al extranjero, período de riesgo por los cambios de alimentación y la inseguridad que pueda acompañar la situación.
12. Hay que intentar siempre la presencia parental responsable sin sobreprotección.

Cuidado con la red
El uso generalizado que se hace de Internet y, más concretamente, de las redes sociales para promover la anorexia como un estilo de vida es algo que preocupa, y mucho, a los expertos.  Así lo ha mostrado un nuevo estudio publicado en Journal of Medical Internet Research, en el que se ha puesto  de manifiesto que los grupos proanorexia y prorrecuperación interactúan intensamente en las redes sociales. Esta investigación, fruto de la colaboración entre la filial de Microsoft Research en Israel con el Instituto Northern Research de Noruega y sus respectivos investigadores principales, estudió las características de estas comunidades online en Flirck, una de las redes sociales de intercambio de fotografías más populares.

Los científicos analizaron los comportamientos de estos grupos e identificaron dos vías de acción en conflicto. Por un lado, los grupos proanorexia que utilizan las fotografías y el texto para instar a otros miembros de estas redes a bajar de peso de forma excesiva y mantener esos hábitos de vida. Y en el lado opuesto, los grupos prorrecuperación, que actúan con los mismos métodos y en los mismos sitios web que las comunidades pro-ana para promover un estilo de vida saludable y el cese de los hábitos alimentarios perjudiciales, como la excesiva delgadez, los vómitos y otros comportamientos asociados a la anorexia nerviosa.

El principal objetivo de los investigadores fue clasificar a aquellos miembros activos de Flirck susceptibles de pertenecer a uno u otro grupo. Para ello utilizaron cuatro vías principales: los comentarios, los contactos, las etiquetas y los favoritos. Según la información relativa a los comentarios, se pudo comprobar cómo cada uno de los grupos se relacionaban más entre sí, que con la comunidad opuesta. Los usuarios prorrecuperación utilizaban las mismas etiquetas que los proanorexia (tales como “thinspiration”, “pro-ana”, “cigarrillo”, etc.) para influir en éstos, sin embargo, mediante un estudio del posible cese de la actividad en la red de los usuarios proanorexia, pudo comprobarse que los contenidos vertidos por la comunidad prorecuperación eran contraproducentes, ya que los usuarios pro-ana, en términos absolutos, continuaban publicando contenido proanorexia durante un mayor tiempo bajo la influencia de usuarios prorecuperación. Según comentan los autores del estudio, estos resultados deben servir para “aprender de los usuarios proanorexia” y de sus técnicas de comunicación para, desde instituciones de salud pública, llevar a cabo intervenciones que surtan el efecto correcto en aquellos jóvenes susceptibles de padecer anorexia nerviosa o que ya la padezcan.