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Obesidad. la epidemia que no cesa.

Obesidad. la epidemia que no cesa.

Si no quieres entrar en la legión de obesos del
futuro, procura mantener un estilo de vida activo que te permita quemar el
número de calorías ingeridas. No olvides que la obesidad es una enfermedad
crónica implicada cada vez más en el desarrollo de muchas patologías

Plaga, epidemia (como la ha
calificado la OMS), pandemia… Muchos son los términos que se están empleando
para calificar el imparable aumento de los casos de obesidad registrados en el
mundo en general y en nuestro país en particular. Las cifras hablan por sí
solas: el 17,5 por ciento de las mujeres y el 13,2 por ciento de los hombres
españoles de entre 25 y 60 años son obesos, mientras que el 38 por ciento
presenta sobrepeso, tal y como se desprende de los datos arrojados por la Sociedad Española de Endocrinología y
Nutrición (SEEN) y la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).

Otro dato más: únicamente el 54 por ciento de los españoles sigue una dieta
adecuada, según la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria. Con este
panorama, no es de extrañar que estemos abocados en un futuro a formar parte de
una población obesa.

Lo
que no se quema, engorda

Se define como obesidad el
aumento de peso corporal debido a un exceso de grasa. Aunque pueden intervenir
factores genéticos, ambientales e incluso psicológicos, la causa fundamental
que desencadena la obesidad es el desequilibrio entre la ingesta calórica (aporte de alimentos) y el gasto energético del
organismo. Es decir, si ingerimos un número determinado de calorías y no
realizamos ninguna actividad que las ?queme?, se produce un ?suma y sigue? que
hace que, lentamente, y con el paso de los años, se vaya ganando peso. Ésa es
la explicación, básica y sencilla, de por qué engordamos, si bien es cierto que
hay personas que, debido a una característica genética, aprovechan mejor la
energía de los alimentos y no la almacenan de la misma forma que otras. Lo que
sí está claro es que la dieta occidental actual, compuesta por alimentos energéticos
y grasos, unida a una vida cada vez más sedentaria, es lo que ha favorecido
este incremento espectacular de los casos de obesidad.

El
enemigo se llama… sedentarismo

La sociedad actual es
eminentemente sedentaria. Los resultados del Estudio Dorica (Dislipemia,
Obesidad y Riesgo Cardiovascular) han dado evidencias de esta realidad
perfectamente constatable: el 44 por ciento de la
población declara tener una actividad física baja o muy baja. Este sedentarismo
se ha convertido en el enemigo número uno de todos los esfuerzos encaminados a
reducir los índices de obesidad. Y es que, sin duda, la actividad física es el
arma más poderosa para paliar esta epidemia: numerosos estudios han demostrado
que sólo con ejercicio físico se pueden controlar, y muy bien, la mayoría de
los factores que inciden en la obesidad. Aunque el ejercicio físico no cura
definitivamente la obesidad, sí favorece la oxidación de las grasas proceso
que, al parecer, no realizan las personas obesas.

Según datos de la SEEN, se estima que la disminución
del ejercicio físico que se ha producido en las últimas décadas es de unas 200 kcal/diarias, lo que, día tras día, supone una ganancia calórica significativa

Niños: alerta máxima

Los tiempos en que un niño
rollizo era considerado sinónimo de saludable no sólo han pasado a la Historia
sino que estos pequeños se han convertido en uno de los objetivos de las
campañas destinadas a erradicar la obesidad. Y no es para menos: recientemente,
el Ministerio de Sanidad mostró su preocupación por el rápido crecimiento de la
obesidad infantil en España que, con un 16 por ciento de niños obesos, nos
sitúa a la cabeza de Europa, sólo por detrás del Reino Unido.

El mayor sedentarismo de los niños de
hoy (que prefieren los video-juegos al parque o al deporte) unido a la elevada
presencia entre esta población de dietas inadecuadas e hipercalóricas
(abundancia de chuches, bollería industrial, comida
rápida…)  parecen ser los culpables de
este espectacular aumento que, además de predisponer seriamente a padecer
obesidad en la edad adulta, lleva implícitos una serie de riesgos para la salud
infantil.

No
todo son los kilos

Es sabido que la obesidad
supone un aumento del riesgo de padecer enfermedades coronarias, diabetes y
determinados tipos de cáncer. Asimismo, implica un mayor riesgo quirúrgico y da
lugar a problemas de tipo psicológico. Pero hay más, tal y como demuestran las
investigaciones más recientes:

  • Artrosis:
    Según los datos del estudio Artrocad, realizado
    por la Sociedad Española de Reumatología y la Sociedad Española de
    Medicina Rural y Generalista (Semergen), cerca del 50 por ciento de los pacientes
    con artrosis presentan obesidad. Es más, según los expertos encargados del
    estudio, este factor, la obesidad, no solo favorece la aparición de la
    artrosis, sino que empeora su pronóstico.
  • Cáncer de mama: En la última reunión de la Sociedad Americana de Radioterapia
    Terapéutica y Oncología se presentaron los resultados de una investigación
    en la que se demostró que el exceso de peso es un factor de riesgo que
    empeora el diagnóstico del cáncer de mama, incluso cuando éste se
    diagnostica a tiempo.
  • Dolor crónico: Recientemente, un estudio estadounidense demostró que el efecto
    del dolor es significativamente mayor en aquellos pacientes con IMC (índice
    de masa corporal) más elevado, sufriendo el mayor impacto las personas
    obesas. Además, la capacidad de estas personas para realizar actividades
    físicas es peor e incluso tienden a estar más deprimidas. De todo ello se
    deduce que la obesidad es un marcador de incapacidad y depresión en las
    personas con dolor crónico.
  • Cáncer de próstata: Dos nuevos estudios han venido a demostrar que
    los hombres obesos son más propensos a desarrollar tumores de próstata más
    agresivos que el resto de la población. Según las investigaciones, las
    tasas de recaída y reaparición de la enfermedad después de haber sido
    intervenidos para extirparles la próstata son muy altas, de ahí que los
    expertos reiteren la recomendación de mantener un peso normal como la
    mejor medida preventiva, especialmente en aquellos que tienen factores de
    riesgo.
  • Ataques cerebrales: en un estudio llevado a cabo en el Brigham and Womens Hospital, de Boston, se comprobó que
    aquellas personas que tenían un índice de masa corporal igual o superior a
    30 tienen dos veces más posibilidades de sufrir accidentes cerebrales que
    aquellos con un IMC inferior.
  • Embarazo:
    Es sabido que el exceso de peso está 
    relacionado con la infertilidad, pero también tiene su influencia
    en el momento del parto. Un estudio realizado en la Universidad de Michigan demostró que mujeres con sobrepeso u obesas
    antes de quedarse embarazadas generalmente tienen partos más prolongados
    que las más delgadas. En la misma línea, otra investigación, ésta (quitar)
    llevada a cabo en la Escuela Universitaria de Medicina de Cleveland (EEUU), ha demostrado que las embarazadas
    obesas tienen muchas más posibilidades de necesitar cesárea para dar a
    luz.

Diabetes
y obesidad:

dos
socios nefastos

De todas las enfermedades
asociadas a la obesidad sin duda es la diabetes la que más relación y ?cosas en
común? tiene con ella. De hecho, y ante el incremento alarmante del número de
casos diagnosticados en ambas, se habla de ellas como de pandemia y epidemia
silenciosa. Y es que el exceso de peso y la obesidad son los principales
factores de riesgo modificables de la diabetes tipo 2, que se caracteriza
porque aparece en la edad adulta, no precisa insulina, tiene una fuerte
predisposición genética y, en el 80 por ciento de los casos,  está asociada a la obesidad.

?Afortunadamente, la diabetes
tipo 2 se puede prevenir mediante la adopción de medidas higiénico-dietéticas,
las cuales están fundamentalmente encaminadas a seguir una dieta equilibrada,
con el adecuado contenido en grasas beneficiosas pero exenta de grasas animales,
y en la que estén presentes los hidratos de carbono complejos?, explica el doctor José Luis Herrera Pombo, jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición de
la Fundación Jiménez Díaz,
de Madrid, y anterior presidente de la Sociedad
Española de Diabetes. ?Muchísimos estudios a nivel mundial han demostrado que
estas medidas dietéticas son efectivas en pacientes que tienen un mínimo grado
de alteración en el metabolismo de la glucosa y se ha comprobado que, en poco
tiempo, tanto sus cifras de glucosa como el funcionamiento del metabolismo se
han normalizado. Es más, en pacientes que no presentan intolerancia a la
glucosa ni diabetes presente, pero sí que tienen otros factores de riesgo, es
importantísimo realizar una prevención que pase fundamentalmente por la
adopción de medidas higiénico-dietéticas, encaminadas a mantener el peso en sus
niveles adecuados?, explica el experto.

Sueño
y báscula: hay relación

El resultado de las últimas
investigaciones sobre la incidencia del estilo de vida en la obesidad parecen
apuntar a la alteración de nuestros patrones de sueño-vigilia como uno de los
desencadenantes de esta enfermedad.

La investigación más
significativa al respecto ha sido la que se acaba de presentar en el último
encuentro anual de la Asociación Americana para el Estudio de la Obesidad,
cuyos resultados han puesto de manifiesto que existe una clara relación entre
el riesgo de ser obeso y el número de horas que se duerme cada noche. La
investigación, llevada a cabo por expertos de la Universidad de Columbia, en Nueva York, revela
que las personas con edades comprendidas entre 32 y 59 años que duermen cuatro
o menos horas por la noche son un 73 por ciento más propensas a padecer
obesidad que aquéllas que descansan entre 7 y 9 horas. Los que sólo reposan 5
horas tienen un 50 por ciento más de riesgo que aquellos que pernoctan toda la
noche. Según los expertos, la explicación reside en las reacciones del
organismo ante la privación del sueño, alterándose la producción de dos
hormonas: la leptina, que disminuye, y la grelina, cuyos niveles se elevan en aquellas personas con
carencia de sueño, lo que lleva a un aumento del apetito.

Después
de las fiestas…

¡vuelta
al redil!

Pocas son las personas que se
libran de ganar algún kilo en Navidad, de ahí que estas fiestas sean
consideradas la ?bestia negra? en cualquier plan antiobesidad,
y que enero sea un mes prolijo en lamentos que propician que las dietas y los
productos ?milagro? hagan su agosto. Sin embargo, tal y como explica la doctora Marta Garaulet,
profesora de Fisiología y Bases Fisiológicas de la Nutrición de la Universidad
de Murcia
y miembro del Grupo de Investigación en Nutrición de la misma
Universidad, ?esta etapa posterior a los excesos puede ser un momento excelente
para replantearse nuestra política de adelgazamiento; en vez de dejarse abatir
por los kilos ganados y decepcionarse por los malos resultados obtenidos con
regímenes anteriores, hay que cambiar el chip y, bajo la consigna de ?Año
Nuevo, Vida Nueva?, decidir que ?éste? es el momento de adelgazar y mantenerse
durante mucho tiempo?.

Éstas son las pautas que la
doctora, autora del libro Pierde peso sin perder la cabeza ([email protected])
y creadora del Método de Adelgazamiento Garaulet, aconseja
para desprenderse de los kilos ganados a base de pavo y turrón y, lo que es más
importante, mantenerse en el peso ideal durante todo el año:

  1. Imponer la lógica en la alimentación. ?No hay que hacer tonterías, porque si nos
    imponemos dietas muy dramáticas, no sólo las vamos a abandonar al poco
    tiempo sino que en ningún caso éstas pueden solucionar el problema de la
    obesidad. La clave es el equilibrio: comer de todo, a sus horas, pero en
    menos cantidad?.
  2. Cuidado con las ?comidas sociales?. Los compromisos que nos obligan a comer fuera
    de casa son los principales saboteadores de los intentos por perder peso,
    destrozando nuestro equilibrio nutricional. ?Si se sale a comer fuera tres
    días a la semana, por ejemplo, una buena estrategia es tomar postre solo
    un día?.
  3. Cambiar el concepto de cena. ?Uno de los grandes problemas de la obesidad en
    España no son las comidas al mediodía sino las cenas, ya que a menudo, y
    debido al cansancio con el que llegamos a casa, caemos en la tentación del
    bocata y el embutido. Para prevenirlo, lo mejor es tener siempre
    preparados con antelación sopas, verduras hervidas, ingredientes para un
    revuelto…. Se trata de planificar así unas cenas más equilibradas y
    menos calóricas?.
  4. Fabricarse menús. Nada mejor para prevenir esos ataques de hambre
    que se subsanan por la vía del chocolate que planificar de forma
    coordinada nuestros menús. ?De esta forma, comeremos sólo lo que tengamos
    en casa. En esta planificación, preferiblemente semanal, no hay que
    olvidarse de incluir la fruta (dos o tres piezas diarias), el pan, el
    arroz, las pastas, las legumbres…?.


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