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Ojos: cosmética específica para bolsas, ojeras, pa...

Ojos: cosmética específica para bolsas, ojeras, patas de gallo…

Ojos: cosmética específica para bolsas, ojeras, patas de gallo…

Bolsas, ojeras, patas de gallo… La mejor “arma” para hacer frente a los problemas en la zona del contorno de ojos es la cosmética específica

Seamos claros: la zona del contorno de ojos es una auténtica “chivata” tanto del paso de los años como de nuestro estilo de vida y los pocos –o nulos- cuidados cosméticos que le hemos dado. Y la razón de su “sinceridad” hay buscarla en las características que la definen: su piel es 10 veces más fina que la del resto del rostro y 5 veces más delgada que la del cuerpo; su microcirculación sanguínea es más lenta; está sometida a un “sobre-ejercicio” (parpadeamos unas 12.000 al día; la “estiramos” cada vez que nos reímos…); y es muy proclive a padecer problemas de pigmentación (principal causa de las ojeras). Esto hace que sea una de las primeras zonas en acusar los signos de edad y las situaciones de fatiga, estrés, falta de sueño, mala alimentación, abuso de tóxicos (alcohol, tabaco), etc. Por eso, no es de extrañar que tal y como quedó de manifiesto en el último Congreso de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE) la blefaroplastia o, lo que es lo mismo, la cirugía que se realiza en los párpados y la zona del contorno de los ojos para rejuvenecer la mirada, se haya posicionado de forma muy destacada en el ránking de las intervenciones de estética más demandadas, solo por detrás de las cirugías de aumento de pecho y las de la zona del abdomen (liposucciones y abdominoplastias).

“A partir de los 55-60 años en la mayoría de las personas van apareciendo bolsas de grasa en los párpados inferiores y superiores y un exceso de piel en estos últimos. Se trata de trastornos progresivos que, aparte de sus repercusiones estéticas, pueden resultar molestos y provocar sensación de pesadez”, comentó el doctor Jesús Barón, presidente del Congreso.

Tal y como explicaron los expertos reunidos en este evento, el aumento de la demanda de este tipo de cirugía está motivado por una serie de circunstancias: por un lado, el envejecimiento de la población (es el tipo de cirugía más solicitada entre los pacientes mayores de 55-60 años), a lo que hay que unir el interés creciente de este segmento de edad por la estética y la propia imagen. Por otro lado, la blefaroplastia es una de las intervenciones quirúrgico-estéticas que pasa más desapercibida y, además, resulta más “sencilla” en líneas generales: se hace con anestesia local o sedación, no requiere ingreso hospitalario y el postoperatorio es más corto. Y los resultados son más que satisfactorios: “El entorno de la persona operada la nota más rejuvenecida, con mayor frescura en la mirada, pero no suele caer en la cuenta del porqué”, explicó el doctor Barón.

Mimos y cuidados, cuanto antes, mejor

Pero, ¿es la blefaroplastia la única solución?, ¿hay más recursos para lucir una mirada joven y fresca?, ¿se puede hacer algo para prevenir el envejecimiento de esta zona? Por supuesto que sí, pero para ello hay que ponerse manos a la obra y establecer un plan de ataque. Por eso, y como ocurre en cualquier “guerra”, lo primero es conocer perfectamente al “enemigo”, que en este caso, son varios, tal y como nos explican los expertos de Germinal y Sepai:


Bolsas: Su principal seña de identidad es un aumento de tamaño e hinchazón del párpado inferior y su efecto inmediato es un aspecto triste y cansado. Entre sus causas están la mala circulación, que da lugar a un mal drenaje de los líquidos, los cuales se acumulan en la zona; el exceso de grasa, la falta de descanso y la alergia estacional, que también puede provocar su aparición.

Ojeras: Tienen como origen una pigmentación excesiva de la coloración de la piel en la zona del párpado inferior, debida a una producción irregular de melanina o a la dilatación de los capilares de la zona. Se relacionan con una tendencia genética (herencia familiar) y también con la congestión circulatoria. Pueden ser azuladas, amarillentas o de tono marrón, y aparecen a cualquier edad, en forma de “sombras oscuras” bajo los ojos.

Patas de gallo: Se trata de líneas delgadas y horizontales que van desde la esquina de los ojos hacia los lados de la cabeza. Son el resultado de las repetidas contracciones musculares (sobre todo las asociadas a expresiones como fruncir el ceño o sonreír), que producen arrugas en la piel (la epidermis de esta zona es extremadamente fina), y que con el paso del tiempo se van marcando cada vez más.

Mirada triste: Es más notoria en el párpado superior, ya que éste pierde tersura y termina por caer. Esto se debe a que la producción de fibras de colágeno y elastina se ralentiza con el paso del tiempo, y como consecuencia la piel pierde firmeza y densidad. Este problema afecta también a la cuenca superior del ojo, potenciando la caída de la cola de la ceja, lo que produce un efecto que entristece mucho la mirada.

Sequedad y deshidratación: Es frecuente en aquellas personas que tienen la piel seca y también cuando no se nutre e hidrata adecuadamente esta zona (algo bastante habitual, sobre todo en las personas más jóvenes). Esto tiene como efecto inmediato una pérdida de luminosidad que hace más evidente los otros signos: bolsas, ojeras, patas de gallo…

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