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Ojos y sol. cualquier precaución es poca.

Ojos y sol. cualquier precaución es poca.

Aunque no se ponen ?morenos?
el daño que las radiaciones solares producen sobre nuestros ojos supera con
creces a las consecuencias que éstas tienen sobre la piel, dando lugar a
patologías en ocasiones irreversibles. Así que igual que hemos incorporado el
protector solar a nuestra rutina habitual de cuidados, ha llegado el momento de
prestar a nuestros ojos la atención que se merecen. Nos va la vista en ello.

Parece ser que las múltiples campañas
destinadas a concienciar a la población sobre la necesidad de proteger
adecuadamente la piel frente a la acción de los rayos solares comienza a hacer
efecto, y cada vez son más las personas que evitan exponerse al sol sin las
debidas precauciones. Sin embargo, no ocurre lo mismo respecto a nuestros ojos:
pese a que éstos son veinte veces más sensibles que la piel a la influencia de
los rayos ultravioleta, suelen ser los grandes olvidados en lo que a
fotoprotección se refiere, con las consecuencias que de ello se derivan. Tal y
como advierte la OMS, la acción de esta radiación ultravioleta en los ojos
unida al manifiesto deterioro de la capa de ozono atmosférica dará como
resultado en los próximos años un elevado incremento de cataratas, factor a su
vez desencadenante de 17,5 millones de casos de ceguera anuales y otras
anomalías relacionadas con nuestra salud visual y ocular.

Un daño ?fijado? en la retina

Tal y como explican los expertos del Colegio
Nacional de Ópticos-Optometristas de España (CNOO), ?aunque la mayoría de las radiaciones
solares son eficazmente filtradas por el ojo, la exposición crónica a las
mismas o una alta y selectiva cantidad de ellas en un corto espacio de tiempo
puede dar lugar a graves problemas oculares?. Existen tres tipos de radiaciones
solares: las ultravioleta (UV), las infrarrojas y las visibles. Las UV se
encuentran por debajo del umbral visible (son los UVA y UVB); las infrarrojas
son las que producen la sensación de calor y las visibles son la luz que
percibimos. Cada una de estas radiaciones pueden producir lesiones en las
distintas partes del ojo:

-Ultravioleta (UVA y UVB): Esta radiación, ya
sea natural (en el mar, la montaña, la nieve, etc.) o producida artificialmente
(rayos UVA, lámparas de xenón) puede producir lesiones en la córnea, la conjuntiva  y el cristalino.

-Infrarrojos: Pueden causar quemaduras en la
córnea.

-Visibles: Perjudican sobre todo a la retina.

A la acción ya de por sí nociva de estas
radiaciones hay que unir una serie de peculiaridades que explican la extrema
sensibilidad de los ojos frente a la exposición solar. En primer lugar, la
forma en que las radiaciones son recibidas en el sistema visual: éste no solo
absorbe las radiaciones solares en sus tejidos más externos, fundamentalmente
la piel de los párpados y la conjuntiva, sino también en los tejidos internos,
ya que la mayor parte de ellos se caracterizan por ser transparentes: córnea,
humor vítreo, retina. Además, la radiación solar se almacena en el cristalino y
no se elimina, por lo que, al igual que ocurre en el caso de la piel, se podría
decir que los ojos posen ?capital solar?, es decir, el efecto de las
radiaciones es acumulativo, de forma, que según han demostrado numerosos
estudios, aquellas personas que a lo largo de su vida han estado expuestas a
mayores cantidades de radiaciones ultravioleta tienen mayor riesgo de sufrir
patologías como las cataratas o la degeneración macular.

Asimismo, hay que tener en cuenta que los
ojos no tienen la capacidad de protegerse de la radiación del sol de la misma
forma que lo hace la piel (produciendo melanina), ni tampoco la córnea dispone
de la capa queratinizada de la epidermis. Y tampoco existe un aviso previo de
que el sol ha hecho efecto, como es el caso del bronceado.

Radiaciones solares: su estrategia
visual

Sus zonas de actuación: La radiación
se incrementa en función del lugar, siendo las más elevadas en la nieve y en el
mar, respectivamente. El lugar más peligroso en cuanto a su incidencia son las
montañas nevadas, ya que en ellas se combinan la altura (cercanía al sol) con
el color blanco, que refleja un 80-90 por ciento de las radiaciones visibles.
En la montaña se dan todos los factores de alto riesgo para la salud ocular: en
primer lugar, la gran altitud hace que la capacidad de protección de la
atmósfera sea mucho menor que en zonas más bajas; a lo que hay que añadir que,
en el caso de la práctica del esquí y los deportes de montaña, las largas
exposiciones al aire libre aumentan también la exposición a las radiaciones.

El mar abierto refleja sobre los ojos un 20
por ciento de las radiaciones solares; la arena de la playa (tiene un color muy
claro y refleja mucha luz), un 10 por ciento; mientras que el césped tan solo
refleja un 1 por ciento.

Sus horarios: La mayor penetración de
las radiaciones tiene lugar en el mediodía solar de tal forma que tan solo
media hora de exposición en este periodo equivaldría a una exposición de tres
horas a partir de las cinco de la tarde.

Sus ?víctimas?: De estas radiaciones
solares debe protegerse con mayor cuidado la población más joven y, sobre todo,
los menores de 18 años. También deben tener especial cuidado los habitantes de
lugares costeros o montañosos  así como
todas aquellas personas que disfrutan de deportes acuáticos, como la vela o el
windsurfing y, sobre todo, los esquiadores que no lleven unas gafas de
protección solar adecuadas.

Asimismo, y al igual que ocurre con la piel,
las personas con un fototipo bajo, 1 o 2 (piel muy blanca y ojos claros) tienen
menos defensas frente al sol. También deben tener precaución aquellas personas
que se hayan sometido a una intervención ocular (por ejemplo, cataratas o una
cirugía refractiva).

La consecuencia: patologías oculares

El hecho de no protegerse adecuadamente
frente a la acción de estas radiaciones mediante el uso de gafas de sol
debidamente cualificadas es el responsable de un número cada vez de mayor de
dolencias oculares, muchas de ellas de gravedad. Así, el

CNOO advierte que algunos dolores intensos de
cabeza, conjuntivitis y fotofobias anormales (intolerancia y temor anormal a la
luz) están producidos directamente por la utilización de gafas de sol sin
ningún tipo de garantía de calidad, con lentes que no disponen de los filtros
adecuados para evitar el paso de la radiación ultravioleta a los ojos y de las
distorsiones anómalas de la imagen.

Una de las consecuencias más serias de la
falta de fotoprotección ocular es la aparición de cataratas, primera causa a su
vez de ceguera en el mundo, que se produce cuando el cristalino (la lente
natural que permite la formación de la imagen sobre la retina) se vuelve opaco
debido a la agresión permanente de la radiación solar.

Otra dolencia es la degeneración macular, una
enfermedad que afecta al centro de la retina, cuya aparición está directamente
relacionada con la acción de las radiaciones solares, tal y como demostró una
investigación llevada a cabo en la Universidad norteamericana de Wisconsin en
la que se comprobó que los participantes en el estudio mayores de treinta
años  que se habían expuesto al sol
durante más de cinco horas diarias tenían hasta tres veces más posibilidades de
sufrir una degeneración macular temprana en un periodo de diez años con
respecto a aquellos que sólo habían estado expuestos a la luz directa del sol
un máximo de dos horas diarias. Además, los investigadores detectaron que el
uso de sombreros y gafas de sol durante al menos la mitad de tiempo de
exposición disminuía hasta la mitad el riesgo de sufrir otras lesiones oculares
como la despigmentación epitelial.

El sol también puede dar lugar a otras dolencias
como conjuntivitis (inflamación de la conjuntiva), queratitis (inflamación de
la córnea), enturbiamiento del humor acuoso del ojo, lesiones degenerativas en
la delicada piel de los párpados, diferentes formas de retinopatías, pterigion
(sobrecrecimiento de la conjuntiva, la membrana transparente que cubre la parte
blanca del ojo, en la zona expuesta al exceso de la radiación solar).

Pero hay más: según un estudio realizado por
el Instituto de Oftalmobiología de Alicante (IOA), la exposición ocular a las
radiaciones solares puede llegar a producir una importante reducción de la
capacidad visual.

Gafas
de sol: Manual de uso

Usar las gafas de sol adecuadas: ésa es el
arma más sencilla y eficaz para evitar que la exposición al sol se traduzca en
problemas oculares.  Según el Colegio
Nacional de Ópticos-Optometristas, el uso de gafas de sol homologadas disminuye
en un 20 por ciento los problemas oculares relacionados con la radiación solar.
La importancia de las gafas de sol radica en su doble actuación: por un lado,
reflejan las radiaciones indeseables, actuando como un espejo gracias a la
aplicación de una serie de capas protectoras sobre las superficie del cristal
y, por otro, absorbe estas radiaciones.

A la hora de elegir y utilizar las gafas de
sol hay que tener en cuenta una serie de consideraciones:

Dónde comprarlas. Solamente en los
establecimientos sanitarios de ópticas se encuentran las lentes adecuadas a
cada necesidad.

El material. Según las
recomendaciones ofrecidas por el Instituto de Oftalmobiología de Alicante
(IOA), las lentes deben ser de cristal u orgánicas, pero nunca de plástico. En
las lentes orgánicas resulta más sencillo introducir sustancias absorbentes de
los UV, mientras que las lentes de cristal tienen que incluir unos filtros especiales;
se trata de unas sustancias que se colocan por encima del cristal como una
especie de capa que absorbe la radiación.

El color. ?No importa su color,
aunque es aconsejable el gris, por ser el más neutro (el que menos modifica las
tonalidades)?, recomiendan los expertos del CNOO. El marrón es otro color
aconsejado.

El filtro. Hay que elegir el filtro
adecuado en función de la situación en la que se vayan a usar las gafas. Los
filtros solares que contienen las gafas van del 0 al 4. El 0 se usa para
lugares de poca luz; el 1 se utiliza en ciudades con luz y sol, pero no en
cantidades elevadas (suele tener entre el 43 y el 70 por ciento de absorción de
la radiación); el 2 se emplea en lugares de mucha luz, incluso en inviernos muy
luminosos; también se aconseja para correr, andar en bicicleta o para estar en
el campo, siendo esta la categoría más habitual. El 3 se recomienda para
veranos con mucho sol, de forma que cubran bien los ojos en los días muy
luminosos de campo o playa, mientras que el 4 se reserva para alturas
superiores a los 3.000 metros, sobre todo para la nieve, estando especialmente
desaconsejado para conducir ya que, por ejemplo, en un túnel, limita la visión
casi por completo.

El tamaño. Según las recomendaciones
de la Academia Americana de Oftalmología, lo esencial es que la gafa cubra bien
los ojos para que el sol no entre por los laterales. Hay que procurar que entre
la montura y el cristal se protejan los ojos en su totalidad, no solamente
contra los rayos que puedan llegar frontalmente sino también contra los
laterales, evitando por tanto las gafas muy pequeñas y aquellas que se
distancien el exceso del ojo.

La acreditación: Toda gafa de sol
debe llevar la etiqueta CE que asegura que cumple con la normativa vigente en
la Unión Europea.

Cuándo y cómo usarlas. Los expertos
del CNOO recomiendan no utilizar estas gafas de manera continua, sino solo en
horas de fuerte insolación. Asimismo, recuerdan que este producto no está
previsto para proteger los ojos en las cabinas con rayos UVA.

Lo barato sale caro….

Según las estadísticas, de los 27 millones de
gafas de sol que se venden anualmente en España, 8 millones no cumplen las
normas de seguridad sanitaria. Esto, que en la mayoría de los casos se debe al
desconocimiento y a la falta de concienciación del consumidor, puede tener
serias consecuencias para la salud ocular. La diferencia fundamental entre unas
gafas sin la debida homologación y las que se adquieren en ópticas es que las
primeras sólo filtran la luz visible, pero no la radiación ultravioleta, de
forma que ?engañan? al ojo, haciendo que la pupila se dilate más al detectar
menos cantidad de luz debido a la lente oscura. La consecuencia es que en el
ojo entra una mayor cantidad de radiación ultravioleta perjudicial, con lo que
se incrementa notablemente el riesgo de lesiones oculares.

Además, tal y como advierte el CNOO, los
cristales de las gafas de sol que se venden en puestos ambulantes y
establecimientos no cualificados pueden llegar a tener en ocasiones defectos
ópticos e irregularidades que perjudican a las estructuras oculares, ya que
obligan al ojo a adaptarse a la nueva situación.

Buenos gestos al aire libre

La Academia Americana de Oftalmología
recomienda que a partir de los 30 años se limiten los baños de sol y, además
del uso de gafas adecuadas, protegerse con gorros y viseras. Según los expertos
norteamericanos, con estas medidas se podría reducir la pérdida de visión en un
50 por ciento.

Además de la adecuada fotoprotección mediante
el uso de gafas, hay otra serie de precauciones que se deben adoptar en verano
para preservar la correcta salud ocular:

-Evita el uso de lentes de contacto en las
piscinas y en el mar, ya que el riesgo de contraer infecciones es elevado.

-Utiliza gafas protectoras con lentes de material
orgánico durante la práctica de deportes (squash, natación, vela…) y de otras
actividades como el bricolaje y la jardinería para evitar así traumatismos
oculares o la entrada de cuerpos extraños en el globo ocular.

-No sumerjas la cabeza debajo del agua si se
ha sufrido una intervención ocular en las últimas tres semanas.

-Incrementa la ingesta de alimentos ricos en
luteína (espinacas, calabazas, pimientos, brécol, tomates, verduras de hojas
verdes crudas), una sustancia que protege a los ojos de la radiación solar y
previene la aparición de cataratas y degeneración macular.

-Evita la automedicación. En caso de que tras
la exposición solar se tenga el ojo rojo, doloroso o con secreciones, hay que
consultar con un oftalmólogo a la mayor brevedad posible.

Niños: alerta máxima

Los ojos de los niños, especialmente los de
los más pequeños, son mucho más delicados que los de los adultos, ya que hasta
aproximadamente los 13 años no se completa la pigmentación ocular, por lo que
no disponen de una protección natural contra la acción de los rayos solares.
Esta falta de pigmentación hace que el cristalino carezca de un filtro natural
amarillo de protección que sí posee el ojo adulto y que permite bloquear las
radiaciones ultravioleta, lo que aumenta el riesgo de padecer problemas
potenciales de la visión. De hecho, muchos de ellos pueden presentar anomalías
en los párpados o en los lagrimales a consecuencia de la exposición solar, sin
que la mayoría de las veces los padres sepan a qué son debidos estos síntomas.
De ahí la importancia que proteger los ojos de los más pequeños en verano,
incluso en la sombra, ya que determinadas superficies como la arena y el agua
reflejan también la luz solar. Lo más recomendable es que ya desde pequeños se
les acostumbre a llevar gafas de sol.

¡Preparados para el eclipse!

Los profesionales no se
cansan de recordar que las gafas de sol que se emplean habitualmente no son
efectivas para la contemplación de eclipses solares. Tal y como señalan los
expertos de la empresa General Óptica, observar un eclipse de sol, en
cualquiera de sus fases, sin la protección adecuada puede causar graves
lesiones en la córnea y en la retina, pudiendo provocar incluso la ceguera
total, de ahí la necesidad de emplear gafas homologadas (la firma pone a la
venta a partir de septiembre un modelo con filtro especial analizado y evaluado
por expertos de la NASA) en vez de los filtros caseros tradicionales:
radiografías, cristales ahumados, fotos veladas… Todo esto debe tenerse en
cuenta de cara al eclipse de sol que tendrá lugar el próximo 3 de octubre y que
barrerá la Península Ibérica de noroeste a sudeste, siendo además España en
único país en el que se podrá apreciar su zona central (cuando la luna y el sol
estén perfectamente alineados). El eclipse será visible entre las 9,38 y las
12,33 horas.



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