ESTÁS LEYENDO...

Pérdidas auditivas. sonidos lejanos.

Pérdidas auditivas. sonidos lejanos.

Estar un poco ?trompeta?, lejos de ser atributo de las
personas mayores, empieza a afectar a colectivos de todas las edades. La causa
fundamental es la llamada contaminación acústica, siendo España el segundo país
del mundo que más hace gala de esta cualidad, después de Japón

Las cifras cantan: sólo uno
de cada tres españoles con edades comprendidas entre los 55 y los 75 años (que
es cuando empiezan a aparecer las dificultades auditivas) han acudido al
otorrinolaringólogo para someterse a un chequeo. Y, ¿qué pasa con el resto de
la población? Sin duda, las personas de edad avanzada constituyen el grupo más
afectado por la pérdida de audición (se da en uno de cada tres mayores de 60
años). Sin embargo, ?cada vez apreciamos un mayor número de casos de pérdida de
audición producida por el creciente índice de contaminación acústica que afecta
a personas de todas las edades?, comenta el doctor Antonio Burgos Sánchez, del Servicio de Otorrinolaringología
del Hospital San Jaime, en Torrevieja (Alicante).

Contaminación acústica:

Oposiciones ?a sordos?

España es, después de Japón,
el país con mayor nivel de contaminación acústica del mundo. Es más: se calcula
que más de 9 millones de españoles están expuestos a niveles de ruido que
superan ampliamente la barrera de la tolerancia marcada en 69 decibelios por la
Organización Mundial de la Salud. En este sentido, los expertos recuerdan que
las exposiciones frecuentes y prolongadas a niveles de más de 85 decibelios
pueden causar una pérdida auditiva considerable.

?La mayor incidencia de lo
que nosotros denominamos patología auditiva inducida por ruido (es decir,
producida por la exposición a la contaminación acústica) se ha visto propiciada
por el aumento de decibelios en las sociedades occidentales y también por las
costumbres, dentro de las que caben destacar dos tipos de situaciones: por un
lado, el uso de cascos o auriculares para escuchar música por parte de la
población joven y, por otro, la sonorización de los cines, donde en multitud de
ocasiones se sobrepasan los decibelios aconsejados?, señala el doctor Burgos. En
efecto: los avances logrados en la tecnología audio en los últimos años ha
conseguido elevar considerablemente el volumen de las películas y los anuncios
en las salas de cine, eliminando los problemas de distorsión e impurezas, por
lo que las proyecciones, en muchas ocasiones, sobrepasan los 100 decibelios (el
mismo ruido que produce, por ejemplo, una máquina remachadora).

El gran problema que tenemos
para defendernos de la contaminación acústica es que estamos ?acostumbrados? a
ella y no nos damos cuenta del daño que ocasiona; la pérdida de audición debida
al ruido es un proceso que normalmente se desarrolla de forma gradual e
indolora, pero permanente. Pero, además, la contaminación acústica puede dar
lugar a otro tipo de dolencias en personas de cualquier edad: estrés,
alteraciones mentales, bajo rendimiento laboral, fatiga, efectos sobre el
sistema cardiovascular, riesgo coronario, hipertensión y problemas nerviosos, así
como deficiencias en el sistema inmunológico.

Del entorno al cerebro

El funcionamiento del aparato
auditivo es sumamente complejo, y el proceso que permite la correcta audición
está compuesto por un buen número de ?etapas?: desde que se produce, el sonido
tiene que realizar un largo recorrido hasta llegar al centro auditivo, situado
en la parte anterior del cerebro. El oído externo es el encargado de captar
este sonido; la cadena de huesecillos, situada en el
oído medio, conduce las ondas sonoras hasta la ventana oval, y desde allí pasan
al caracol (en el oído interno), que es donde se encuentran las células
sensoriales que transforman el sonido en impulsos nerviosos, los cuales,
mediante el nervio auditivo, son conducidos al cerebro.

El por qué de las pérdidas auditivas

La pérdida auditiva puede ser
el resultado de la obstrucción o daño en cualquiera de las tres zonas del oído.
Las que están originadas en el oído externo o medio se denominan pérdidas auditivas de transmisión,
mientras que las que se producen en el oído interno (que, por otro lado, son
las más comunes) se conocen como pérdidas
auditivas neurosensoriales.

Profesiones ?ensordecedoras?

Ocupar determinados puestos
laborales también puede influir en la pérdida auditiva. ?El ruido es un contaminante
ambiental presente en muchos puestos de trabajo, que puede afectar a la
capacidad auditiva de forma irreversible, y constituye una enfermedad
profesional?, explica el doctor Javier Cotelo Vila, especialista en Medicina del Trabajo, de
Madrid.

Según Cotelo,
puede afectar de dos formas: mediante exposiciones puntuales pero violentas,
como en el caso de profesionales que emplean explosivos (trabajadores de
canteras, mineros, militares que hacen pruebas de tiro…), o bien con una
exposición mantenida en el tiempo durante toda o gran parte de la jornada
laboral, con una intensidad por encima de los 85-90 decibelios.

?Existen hoy día multitud de
puestos de trabajo expuestos a altos niveles de ruido. Entre ellos, los que más
acusan las consecuencias de la contaminación acústica son los profesionales que
trabajan en procesos de producción, carpinterías, centrales térmicas,
aeropuertos… Asimismo, existen casos peculiares, como el de los profesionales
del transporte (camioneros y taxistas), los cuales presentan una disminución de
la audición sólo en el oído izquierdo debido a la conducción con la ventanilla
bajada, exponiendo ese oído a ruidos de forma repetida?, afirma el experto.

¿Cómo pueden protegerse estos
profesionales? En primer lugar, habría que detectar qué puestos de trabajo
entrañan este riesgo; ?y después ?comenta el doctor Cotelo-,
actuar, si es posible, sobre el foco emisor, interponer barreras físicas entre
éste y el trabajador y, en tercer lugar, emplear equipos de protección
individual, es decir, tapones, orejeras o cascos antiruido?.

Señales de alarma

?Hay tres síntomas ?guía? que
nos llevan a pensar que el paciente tiene una enfermedad que puede afectar a su
oído: los acúfenos o tinnitus, la hipoacusia o sordera
y la aparición de vértigos o pérdida del
equilibrio y la estabilidad
?, comenta Antonio Burgos.

  1. Los acúfenos son, tal y como explica el otorrino,
    ?ruidos internos que escucha el paciente de forma subjetiva o parcial, ya
    que no proceden de ninguna fuente externa?. Este ruido puede aparecer y
    desaparecer o ser permanente. Lo que sí está claro es que los acúfenos o tinnitus casi
    siempre están asociados a otras enfermedades o alteraciones auditivas. Sin
    embargo, hay casos en los que no se produce ningún otro signo otológico,
    por lo que pueden estar vinculados a patologías como la hipertensión o la arterioesclerosis.
  2. En cuanto a la hipoacusia, ésta suele
    producirse de manera gradual, por lo que los síntomas son difíciles de
    reconocer. Hay tres tipos de dificultades comunicativas que son indicativas
    de este problema auditivo: dificultad para oír los sonidos  suaves (hay que subir el volumen de la
    TV o se habla más fuerte de lo habitual), pérdida de las altas frecuencias
    (no se oyen ni se comprenden las consonantes suaves de altas frecuencias: t,
    s, f, p, z, ch); y dificultad para discriminar
    las palabras en un ambiente ruidoso.
  3. En cuanto al vértigo,
    se trata de una sensación de pérdida de equilibrio unida a la percepción
    de que los objetos giran alrededor, que puede estar producida por alteraciones
    en el oído interno.

La edad, el tabaco  y otras causas

Se sabe que la pérdida de
oído es más frecuente entre los fumadores.
Tal y como ha demostrado un grupo de expertos de la Universidad de Wisconsin, en Madison (EE UU),
entre los fumadores existe un 70 por ciento más de riesgo de sordera y, además,
los no fumadores que viven con fumadores tienen más riesgo de perder oído que
aquellos que habitan en un ambiente libre de humos.

Hay otros factores más o
menos pintorescos que predisponen a la pérdida auditiva. Así, una investigación
llevada  a cabo por un  equipo de médicos suecos demostró que los
hombres de baja estatura pierden audición con más frecuencia que los altos. La
razón de esta ?discriminación centimétrica? hay 
que encontrarla en el período fetal, durante el cual, factores como la
malnutrición o la exposición a sustancias tóxicas influyen tanto en la futura
altura como en el posterior desarrollo de enfermedades (entre ellas la pérdida
auditiva) en la edad adulta.

La pérdida de audición
también puede ser hereditaria o
producirse como resultado de daños
físicos
en los oídos o lesiones graves en la cabeza.

 ?Pero, sin duda, en personas que no tienen una
patología previa, la causa más frecuente es la que va asociada a la edad. Es lo que conocemos como presbiacucia, la cual se produce como consecuencia tanto
del proceso de envejecimiento como por la pérdida neurosensorial
de los receptores auditivos?, señala el doctor Burgos Sánchez.

Los secretos de un oído sano

Según el doctor Javier Cotelo,
preservar la salud del oído pasa por adoptar unas sencillas medidas que, sin
embargo, pueden resultar muy efectivas de cara a la prevención de una pérdida
auditiva:

  1. Protegerse en lo posible de la contaminación
    acústica
    . Hay que intentar
    evitar permanecer mucho tiempo en ambientes excesivamente ruidosos.
  2. Prevenir la aparición de infecciones de oído. ?Muchas de ellas están producidas a causa del
    frío (de ahí la importancia de utilizar gorros y orejeras) y también como
    consecuencia de la acción del agua de mar o piscinas en verano. Frente a
    esto, el uso de tapones es una excelente medida?, afirma el Dr. Cotelo.
  3. Vigilar los cambios bruscos de presión, como, por ejemplo, los que se producen en los
    vuelos aéreos, y combatirlos con gestos tan sencillos como bostezar exageradamente
    o masticar chicle.
  4. Mantener una adecuada higiene, evitando el uso de bastoncillos y limpiadores. Los
    expertos de la Sociedad Española de Otorrinolaringología previenen sobre
    el empleo de bastoncillos, ya que el conducto auditivo tiene un sistema de
    limpieza natural que hace que el cerumen vaya progresando hacia fuera,
    mientras que por la acción del bastoncillo, éste se empuja hacia dentro,
    favoreciendo la formación de tapones. Como norma general, tampoco se deben
    usar preparados en gotas. Basta con mojar el oído en la ducha y limpiar la
    zona más externa del pabellón auricular con una gasa o toalla fina.
  5. Evitar el uso de fármacos ototóxicos. ?Algunos antibióticos del grupo de los aminoglucósidos (neomicina y
    gentomicina) pueden lesionar las células de la
    audición en el oído interno?.
  6. Someterse a una revisión otorrinolaringológica. ?Ésta es especialmente importante en tres
    momentos de la vida, de modo preventivo: en los recién nacidos, en la
    adolescencia y a partir de los 60 años?, señala el experto.  

Tratamientos: así funcionan

    • Fármacos: se suelen prescribir vitaminas y
      vasodilatadores, que mejoran la circulación y el riego, lo que resulta
      muy efectivo especialmente en el caso de los acúfenos.
    • Audífonos: son aparatos cuya función básica es amplificar
      los sonidos de tal manera que sean audibles para el usuario. Los
      audífonos de última generación son de un tamaño tan reducido que resultan
      casi inapreciables. La mayoría se colocan detrás de la oreja (retroauriculares), en las patillas de las gafas o
      dentro del propio conducto auditivo. Los audífonos pueden ser de dos
      tipos. Los analógicos amplían
      las señales que se recogen mediante un micrófono y los convierten en
      pequeñas señales eléctricas, que se transmiten al oído en tiempo real
      (mala separación). Los digitales,
      por su parte,  transforman el
      sonido y lo convierten en ?bits?, manipulándolos antes de amplificar las
      señales (emplean la misma tecnología que se utiliza para un reproductor
      de CD). Presentan la ventaja de que se pueden programar, permitiendo
      ajustarse para adaptarse al usuario específico por medio de un pequeño
      ordenador. Eso sí: hay que tener claro que aunque los aparatos más
      modernos ayudan a compensar muchas de las pérdidas auditivas, no
      restauran la audición normal.
    • Implantes
      cocleares:
      esta técnica
      consiste en implantar en el oído interno de los pacientes un estimulador
      de señales auditivas que transmite impulsos eléctricos por las fibras del
      nervio auditivo hasta el cerebro. ?Se trata de una técnica que está cada
      vez más desarrollada, sobre todo en un grupo concreto de pacientes:
      aquellos niños que se ven afectados por las llamadas hipoacusias congénitas, que aparecen
      asociadas al nacimiento. No obstante, se están desarrollando cada vez más
      técnicas de implantes cocleares en pacientes adultos que padecen una hipoacusia neurosensorial
      profunda
      severa, lo que les convierte en candidatos a la colocación
      de uno de estos implantes?, explica el doctor Antonio Burgos. Los
      expertos han comprobado que se obtiene un mayor rendimiento de esta técnica
      en las edades tempranas (en torno a los dos años), ya que en este periodo
      la memoria auditiva aún no ha sido desarrollada y es más fácil de
      modelar. De esta forma, se evitan problemas de comunicación y
      aprendizaje, pues las bases del lenguaje se sientan en los tres primeros
      años de vida. Los implantes cocleares no presentan complicaciones, sus
      riesgos son los mismos que los de cualquier otra intervención (por debajo
      del 2%), y requieren un tiempo de hospitalización inferior a tres días.
      Este implante genera unos patrones auditivos similares a los naturales,
      aunque hace difícil sentir el ruido ambiental y los sonidos
      onomatopéyicos. Además, es fundamental un proceso intenso de
      rehabilitación por parte del paciente. ?El futuro de estos tratamientos
      está aún por llegar, pero, en el momento actual, todos los índices
      apuntan hacia los importantes beneficios de los implantes cocleares en el
      tratamiento de las hipoacusias neurosensoriales profundas?, señala Antonio Burgos
      Sánchez.

La visita al otorrino: una
asignatura pendiente

Las cifras cantan (quitar): Sólo
uno de cada tres españoles con edades comprendidas entre los 55 y los 75 años
(que es cuando empiezan a aparecer las dificultades auditivas) han acudido al
otorrinolaringólogo para someterse a un chequeo. Y, ¿qué pasa con el resto de
la población, es decir, con esos aproximadamente 3 millones de personas mayores
de 55 años que padecen una pérdida de audición en mayor o menor grado o esa
creciente población juvenil que tiene todas las papeletas para ensordecer
prematuramente a causa de los disc-man y la música de las discotecas? Los expertos lo tienen
claro: hay que conseguir que la evaluación auditiva sea una prioridad para los
españoles, al igual que ocurre con las revisiones oftalmológicas y odontológicas
?Toda persona que no tenga un problema previo de oído debería hacerse una
revisión auditiva anual, y, en caso de que padezca alguna patología auditiva o
que implique al oído en algún aspecto, estas revisiones deberían realizarse
según el calendario del otorrino que le esté
tratando: mensual, trimestral, semestral…?, comenta el doctor Antonio Burgos.

El experto recuerda la
importancia de ponerse en manos del especialista ante la primera señal de
pérdida auditiva, ya que es la única forma de frenar la evolución de la  enfermedad.

¿Crees que oyes mal?  

Haz tu propio test

1.       
¿Tienes problemas para escuchar las conversaciones
telefónicas?

2.       
¿Tienes problemas para seguir las conversaciones
cuando dos o más personas hablan al mismo tiempo?

3.       
¿La gente se queja de que tienes el volumen de tu
televisión demasiado alto?

4.       
¿Tienes que esforzarte para entender una conversación?

5.       
¿Tienes problemas para oír en un ambiente ruidoso?

6.       
¿Tienes que pedir a las personas que repitan lo que
han dicho?

7.       
¿Muchas de las personas con las que hablas parece que
mascullan o que no hablan claramente?

8.       
¿No comprendes lo que otros están diciendo y das
respuestas incorrectas?

9.       
¿Tienes problemas para entender el habla de las
mujeres y los niños?

10.     ¿La gente se
molesta porque no entiendes lo que te dicen?

Si has respondido sí a tres o
más de estas preguntas

sugeridas por
los Institutos Nacionales de Salud norteamericanos, debes acudir a un
otorrinolaringólogo para que te realice una evaluación auditiva.



COMPARTIR Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestBuffer this page