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PIEL Y CAMBIO CLIMÁTICO. LA “OTRA” VÍCTIMA

PIEL Y CAMBIO CLIMÁTICO. LA “OTRA” VÍCTIMA











Las olas de calor, la proliferación de
insectos de distinto tipo y el aumento de las enfermedades infecciosas no son
los únicos souvenirs que el cambio
climático deja en nuestro organismo. La piel, nuestra carta de presentación,
acusa también las consecuencias de estas alteraciones climatológicas, de ahí
que no haya que bajar la guardia y empezar a contemplar el factor “clima” en
los cuidados diarios.

 

Cada vez es mayor la preocupación
de los expertos sobre las consecuencias actuales y potenciales de los efectos
del cambio climático sobre distintos aspectos de la salud. Y la piel también ha
pasado a formar parte de ese amplio repertorio de “damnificados” por las
alteraciones meteorológicas que se vienen a unir a otro tipo de “agresores”
tenidos en cuenta hasta ahora (el frío, el calor excesivo), incrementando su
vulnerabilidad.

Precisamente ése fue el objetivo
del Seminario “Cambio climático: ¿un nuevo riesgo para la piel?”, celebrado
recientemente en Madrid y organizado por la ANIS (Asociación Nacional de Informadores de
Salud) y los laboratorios Isdin.

 


Atmósfera cambiante = piel más
vulnerable

Los expertos coinciden en que las
alteraciones derivadas del cambio climático están propiciando la aparición de
nuevos problemas cutáneos que, si no se tratan debidamente, pueden desencadenar
en patologías más serias.


-La temperatura.
Según Jerónimo
Lorente, del Departamento de Astronomía y Meteorología de la Facultad de Física de la Universidad de
Barcelona,
“se prevé un amento de temperatura global en el futuro, en
general superior a 2º a finales del siglo XXI”. La consecuencia directa es un
incremento de las personas que desarrollan problemas de piel sensible.
“Aproximadamente, el 60 por ciento de las mujeres y el 40 por ciento de los
hombres tienen la piel sensible. El amento de la temperatura ocasiona que este
porcentaje sea aún mayor”, comenta el doctor Amaro García Díaz, Catedrático de
Dermatología de la Universidad Autónoma
de Madrid y Jefe del Servicio de Dermatología del Hospital de La Princesa (Madrid).

 


-El descenso de la humedad.
Otro efecto es la disminución de
precipitaciones en zonas del planeta como el sur de Europa, que podría alcanzar
el 20 por ciento en verano. “Esto supone que, junto a intensas olas de calor,
podría haber episodios de muy baja humedad relativa en las zonas del interior
de la península ibérica”, señala Jerónimo Lorente.

Las repercusiones de este efecto
sobre la epidermis es muy obvio: “la exposición prolongada a ambientes
calurosos y secos puede causar la aparición de piel seca y descamativa, lo que
se conoce por xerosis. La sequedad de piel se da más frecuentemente en las
mujeres, ya que su piel es más delicada. Por regiones, la sequedad de la piel
afecta más a la España
del interior y, sobre todo, en los últimos meses de la primavera y durante el
verano”, explica el doctor Amaro García Díez.

Otra consecuencia es el aumento
de las arrugas. Durante este encuentro se presentaron los resultados de un
estudio llevado a cabo con 20 voluntarios cuyas pieles se sometieron a las  consecuencias del descenso de la humedad. Se
comprobó un aumento significativo en las arrugas finas después de la
aclimatación sólo en 30 minutos y una mayor profundidad cuanto mayor era la
persistencia en estos ambientes secos.

 


-La disminución de la capa de ozono.
Aunque en los últimos
tiempos este efecto se ha desacelerado en cierto modo, lo cierto es que la
reducción de esta capa se traduce en una mayor filtración de las radiaciones
ultravioleta, que produce unos efectos muy negativos sobre la piel: quemaduras,
manchas y, en último extremo, diferentes cánceres de piel.

 


Plan para “blindarse”


  1. Mantener
    la piel hidratada

    . El manto hidrolipídico es la primera “víctima”
    del aumento de la temperatura, que hace que, literalmente, se evapore su
    fase acuosa. Por eso es tan importante aportarle tanto exterior (a través
    de la cosmética específica) como interiormente un plus de hidratación. La
    hidratante debe adaptarse al tipo de piel, aunque también hay que tener en
    cuenta otros factores como la época del año, la zona en la que se vive
    o  el momento del año (las texturas
    untosas están más indicadas para el invierno, mientras que las emulsiones
    ligeras son la mejor opción para los meses calurosos).

Un TRUCO para aumentar el efecto de los
productos hidratantes es humedecer la cara antes de aplicarse la hidratante
facial y no secarse totalmente tras la ducha 
para aplicar la corporal. ¿La razón? El agua “hincha” las células
epiteliales, creando una superficie uniforme que, sobre todo en el caso de la
cara, evita que se marquen las líneas de la piel.

 


  1. Recurrir
    a los  fotoprotectores

    .
    Aunque las distintas campañas de concienciación sobre la importancia de
    recurrir a protectores solares para prevenir los problemas relacionados
    con la exposición solar parecen haber calado en la población, aún queda
    mucho por hacer, tal y como se desprende de los resultados arrojados por
    un estudio reciente realizado en el
    Centro de Oncología Fox Chase, de Filadelfia
    . Los autores del mismo
    constaron que gran parte de la población estadounidense sigue asumiendo
    múltiples comportamientos de riesgo frente al cáncer de piel, y entre los
    peores “infractores” se encuentran los jóvenes de 18 a 29 años; los
    fumadores, las personas que abusa del alcohol; las que tienen la piel más
    blanca y, también, los que tienen una piel que no es especialmente
    sensible al sol. Uno de los  comportamientos de riesgo más comunes sigue
    siendo, pese a todas las advertencias realizadas al respecto por parte de
    distintos organismos, el uso infrecuente de protector solar con factor de
    protección (FPS) de 15 o más. Los autores del estudio resaltaron el hecho
    de que la mayoría de las personas no se aplican el producto antes de salir
    al sol, aunque lo que se recomienda es aplicarlo unos 30 minutos antes de
    la exposición solar, y que  tampoco
    se aplican la cantidad suficiente. Una buena directriz es aplicar a la
    piel expuesta una cantidad similar a una pelota de golf, reaplicándolo
    cada dos horas o con más frecuencia si suda en exceso o se está en el agua.


 


  1. No
    olvidarse de las gafas, camisetas, sombrillas

    … Según el estudio
    norteamericano, el comportamiento de riesgo más común, por delante incluso
    de la ausencia de protector solar, es el uso infrecuente de ropa de
    protección. Tal y como afirma el doctor
    Salvio Serrano, profesor de dermatología de la Universidad de
    Granada,
    “el mejor fotoprotector es un gorro, la ropa y ponerse a la
    sombra” . En la misma línea, la Fundación
    Cáncer
    de Piel recomienda el uso de
    camisas de manga larga y pantalones largos, preferiblemente de trama
    apretada para una mayor protección. En cuanto a las gafas de sol, deben
    estar debidamente homologadas y absorber el 100 por cien de las
    radiaciones UV.

  2. Controlar
    la humedad, especialmente en los lugares de trabajo

    .


En ambientes excesivamente secos hay
que usar un humidificador. Según los
expertos del
Observatorio de
Hidratación y Salud,
cuando pasamos mucho tiempo en recintos con aire
acondicionado o calefacciones se producen pérdidas imperceptibles de agua que
pueden paliarse bebiendo frecuentemente sin esperar a tener sed.

 


Mucho más que estética

El doctor Amaro García Díez explica cuáles son las principales
patologías cutáneas asociadas al cambio climático:


-Dermatosis de baja humedad
: Bajo este nombre se agrupan las
patologías  que se caracterizan por la
sequedad y el enrojecimiento de la piel en las zonas del cuerpo que se llevan
descubiertas. Se acompaña de prurito (picor) que se intensifica por la tarde y
si hace calor. “Es muy frecuente entre quienes trabajan con ordenadores, en
oficinas, azafatas, pilotos… Desaparecen al dejar de trabajar o elevar la
humedad ambiental”.


-Alergias
. El doctor García Díez explica que “La alteración
de la función barrera de la piel permite que los alergenos externos penetren en
nuestro organismo dando lugar a diversos procesos alérgicos que incluyen la
sensibilidad de contacto o dermatitis atópica, una enfermedad que altera la
función de barrera, facilitando la entrada de alergenos y provocando alergias a
los alimentos, asma, rinitis, etc”.


-Alteraciones de la inmunidad
. “La radiación UV también
provoca alteraciones de la inmunidad, que afecta sobre todo a dos afecciones:
el herpes y el papilomavirus, en este caso la coexistencia de la infección y la
alteración genética de la inmunidad (originada por el sol) favorece la
aparición de cánceres de pie”, señala el experto.


-Cánceres de piel
. Se ha constatado un incremento del número
de cánceres de piel y lo han relacionado con la disminución de capa de ozono. A
esto hay que unir otros factores como, por ejemplo, el hecho de que el
calentamiento global implique cambios de comportamiento en la población “ya
que, si la temperatura aumenta –explica el doctor García Díez- la gente se
expone más al sol y con menos ropa”.  Algunos
estudios muestran que el efecto carcinogénico de la radiación UV es mayor
cuando la temperatura asciende.


-Síndrome del edificio enfermo
. El incremento de los gases
contaminantes y partículas en suspensión pueden dar lugar a lo que se conoce
como síndrome del edificio enfermo, una patología que afecta a un 20-40 por
ciento de sus usuarios. “Se trata de edificios grandes, generalmente en la periferia
de las ciudades. Los síntomas típicos son irritación en los ojos, la garganta y
la piel; cefaleas, mareos, náuseas, fatiga mental y dificultad de
concentración”.



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