ESTÁS LEYENDO...

Piscinas. la higiene como mejor baluarte.

Piscinas. la higiene como mejor baluarte.

Un nivel escaso de cloro favorece la aparición de
bacterias, pero un exceso de cloración puede causar conjuntivitis y otitis

Cada año las altas temperaturas provocan que millones de
personas acudan a las piscinas para tratar de combatir el calor y deleitarse
con los beneficios que ofrecen. Toalla, chanclas, gafas de sol, flotadores,… todos,
elementos indispensables para disfrutar de este gran placer, pero no siempre se
hace un correcto uso de ellos. Así pues si no se cuida la higiene personal y el
estado del agua, este hábito tan saludable podría dejar de serlo y convertirse
en causa de infecciones propias de esta época del año, como son la
conjuntivitis y la otitis.

Medidas
higiénicas

Un
error bastante común es creer que cuanto mayor sea el nivel de cloro, más
limpia está el agua, cuando en realidad, una cantidad superior a la exigida
puede repercutir en la salud de la piel y los ojos sin actuar contra las
bacterias y los gérmenes. Siempre que vayas a bañarte en una piscina, y más si
se trata de una de uso público, recuerda que debes cumplir una serie de medidas
higiénicas para prevenir infecciones:

– No entres en la zona de baño con calzado o ropa de
calle.

– Dúchate antes y después del baño para eliminar gérmenes
y partículas.

– Si eres una persona con mucosas excesivamente sensibles
deberás, además protegerte con gafas y tapones de oídos. Evita, en lo posible,
la inmersión de la cabeza.

– No tragues agua de la piscina.

– Usa zapatillas de baño o playeras cuando utilices las
duchas de los aseos o vestuarios.

– No debes bañarte nunca si padeces algún tipo de
enfermedad infecto-contagiosa.

– Utiliza toallas distintas para el descanso en el césped
y para el aseo personal.

Contaminantes

Bacterias: causantes de enfermedades como las
rinitis, otitis, conjuntivitis o gastroenteritis. Durante el baño, parte de la
flora microbiana de las mucosas de una persona puede pasar al agua y de ahí a
otra persona. A pesar de que esta flora no afectará a alguien sano, sí resulta peligrosa
para alguien que tenga las defensas debilitadas.

– Virus: microorganismos resistentes al cloro en
las dosis empleadas.

– Hongos: no se relacionan directamente con el
agua, pero sí se encuentran en las zonas húmedas, (como vestuarios) donde se
debe extremar la higiene y el empleo de calzado específico (chanclas).

El cloro

El
principal agente desinfectante del agua es el cloro. El nivel se sitúa entre
los 0,4 y los 1,2 miligramos por litro. Esta cantidad dependerá de la
temperatura del agua, la extensión de la piscina, la presencia de rayos solares
y la introducción de otras sustancias químicas en el agua.

El cloro
elimina muchos gérmenes, pero no de inmediato. Algunos son resistentes al cloro
y pueden vivir durante días en el agua de una piscina. Debes tenerlo en cuenta
para evitar problemas de piel y ojos.

Tipos

Hay tres
tipos de cloro para utilizar en el mantenimiento de una piscina, pero hay que
tener en cuenta cuál es la cantidad adecuada, para evitar los problemas de
salud.

–         
Si el
cloro es granulado, debes echar 60 gramos por 20 m3.

–         
Si
empleas cloro en tabletas, 1 tableta de 200 gramos por 20 m3.

–         
Si
utilizas cloro líquido, la dosis no debe exceder de un litro por 20 m3.

Conjuntivitis
El agua de las piscinas es irritante para los ojos y puede ser vehículo de
transmisión de infecciones oculares. Adquiridas en piscinas, de agua contaminada o en condiciones que no
son todo lo óptimas que debieran, y durante la exposición al sol sin
protección, el riesgo de padecer alguna aumenta
en el periodo estival. La protección ante los rayos UVA y la
contaminación son las mejores armas para prevenir lesiones oculares.

Otitis
El verano eleva los casos de otitis externas, o inflamación del oído, en un
50% debido a la humedad y aguas contaminadas. La otitis externa (también
conocida como otitis del nadador) sobreviene cuando el oído entra en contacto
con los hongos y bacterias que invaden las aguas contaminadas. La humedad en el
oído tras una baño prolongado (a los niños les encanta chapotear en el agua) o
con inmersión de la cabeza, y el calor hacen del verano la época propicia para
la otitis externa, hasta el punto de que algunos expertos la consideran
exclusiva de la época estival. Después del chapuzón seca el oído con el pico de
una toalla o una gasa y evita el uso de bastoncillos para secar su zona
interna.



COMPARTIR Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestBuffer this page