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PLAN ANTIAGING, TAMBIÉN PARA EL PELO

PLAN ANTIAGING, TAMBIÉN PARA EL PELO


Las arrugas faciales o la flacidez corporal no son los únicos signos que el paso del tiempo imprime en nuestro organismo. El estado del cabello se convierte también en un perfecto delator de los años que tenemos. Afortunadamente, las casas cosméticas tiene cada vez más en cuenta esta parte de nuestra anatomía a la hora de establecer sus estrategias anti-aging.




 Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentos







 


Las canas no son los únicos signos visibles del envejecimiento capilar. El paso del tiempo se manifiesta  a nivel del cabello en una disminución de la producción de sebo y un ralentizamiento de la circulación sanguínea, lo que hace que todo el pelo nuevo que nace sea por lo general más débil y tenga un aspecto más desvitalizado. Según los expertos, este proceso comienza a ser evidente a partir de los 40 años y en él también intervienen otras circunstancias relacionadas con la edad madura como, por ejemplo, el juego hormonal que acompaña a la menopausia. El déficit de algunos aminoácidos y la exposición a esos “agresores” externos que dejan mella en la cutícula (sol, tintes, exceso de secador) son otros factores que juegan en contra de una melena sana y abundante.

Pero, ¿por qué se produce este cambio en la estructura y aspecto del cabello? Se debe fundamentalmente a una desaceleración del metabolismo, responsable de que la fibra capilar se reseque y luzca dañada. Las hormonas, por su parte, son las responsables de que se altere el ritmo del cabello: si el periodo de crecimiento normal se sitúa entre 3 y 6 años, las alteraciones hormonales hacen que una gran cantidad de la masa capilar entre en fase de reposo y, finalmente, se caiga. A esto hay que unir   el hecho de que con la edad también disminuye  la densidad del pelo (la cantidad por centímetro cuadrado), que puede bajar desde los 1.100 que de un recién nacido hasta los aproximadamente 250 que se tienen a los 60 años.




 


3 cuidados que rejuvenecen


  1. La cosmética redensificante. Si siempre es necesario que el champú, el acondicionador, la mascarilla y los productos de fijación incluyan ingredientes hidratantes y nutritivos, cuando se trata de un cabello con algunos años sobre sus cutículas hay que introducir, además, activos que cumplan una nueva misión: redensificar. Entre estos destacan los liposomas (hidratan y revitalizan el cuero cabelludo); la vitamina B3 (reactiva los intercambios celulares y revitaliza la raíz); y activos lípidos que “engordan” la fibra capilar y mejoran el aspecto del pelo en general.

  2. Lavado con mimo. No es tan importante la frecuencia como el tipo de producto elegido, ya que la película hidrolipídica puede verse alterada por la acción de algunos tensioactivos (los agentes de acción lavante presentes en los champús y que actúan eliminando temporalmente la película protectora). Cuando se trata de un cuero cabelludo sensibilizado, el uso de los tensioactivos agresivos puede alterar su equilibrio hasta el punto de que tarda hasta 10 horas en reestablecerse. También, y  al igual que ocurre con la piel del cuerpo, la epidermis del cuero cabelludo se beneficia notablemente de la exfoliación, ya que este gesto cosmético permite eliminar las células muertas, impide la acumulación progresiva de sebo, restos de productos químicos y polución, combate de forma eficaz problemas como la caspa y, en definitiva, rejuvenece la zona. Para ello, hay que recurrir a productos específicos (mejor si quien los aplica es un profesional), los cuales se deben repartir de forma uniforme mediante un suave masaje, dejándolo actuar durante unos minutos.

  3. Puntas “renacidas”.No hay nada que envejezca más el aspecto general que un cabello con los largos y puntas literalmente “muertos”. Para mejorar su estado es muy importante, además de cortarlas regularmente,  el uso de acondicionadores y mascarillas. Ambos productos, además de aportar sustancias que restituyen algunos componentes de la estructura capilar perdidos, mejoran notablemente el aspecto del cabello, haciéndolo parecer más fuerte. El acondicionador se aplica tras el champú, sobre el pelo mojado, mientras que el uso de la mascarilla se recomienda 2-3 veces por semana, dependiendo del estado del cabello.



 

A más edad… ¿más corto?


Aunque tradicionalmente se ha mantenido la idea de que el cabello corto rejuvenece, los estilistas aseguran que esta máxima tiene sus días contados. Largo o corto, lo importante es que el estilo se adecúe a la personalidad y vaya acorde con el aspecto general de cada uno. Eso sí: los cabellos que están especialmente deteriorados o muy faltos de volumen no se deben llevarse ni muy cortos ni muy largos. Lo más indicado suele ser un corte mediano, entre el lóbulo de la oreja y la barbilla. Para rejuvenecer el look, los expertos recomiendan los cortes en líneas suaves, pero desfilados en las  puntas. La clave está en darle volumen, lo que se consigue cortando a capas la parte superior (en las melenas con una capa única de pelo es casi imposible mantener el volumen). Las capas a distintos largos en el interior del pelo son otra buena opción, ya que proporcionan más volumen y movimiento. Asimismo, si se desfila desde la raíz hacia las puntas se crea un marco muy favorecedor alrededor de la cara.


 

El color también ayuda


Por regla general, la falta de vitalidad y de volumen y los efectos de las hormonas y otros agentes  resulta más evidente en los cabellos rubios que en los morenos (éstos reflejan mejor la luz, por lo que dan una aparente sensación de mayor densidad) y, también en aquellas caras de forma alargada y redonda. El manejo adecuado del color  puede crear una sensación de más volumen. Los colores vivos, como rojos y caobas intensos, ayudan a “revivir” el look. Otro buen recurso son los reflejos: si quedan bien distribuidos sobre el cabello le dan movimiento y le aportan grosor gracias al efecto óptico que producen. El secreto está en que el tono escogido armonice con el color natural del cabello y con el de la piel. Las coloraciones sin amoniaco, semipermanentes y tono sobre tono engrosan la cutícula y proporcionan luz y volumen sin agredir el cabello. Por el contrario, están desaconsejados los rubios excesivamente agresivos, sobre todo en melenas medias y largas.




 



A vueltas con las hormonas

El juego hormonal incide de forma determinante en el estado y el aspecto del cabello. Expertos de la Oxford Hair Foundation  han analizado la influencia de determinadas hormonas sobre el cabello según el momento del ciclo menstrual en el que nos encontremos. Así, por ejemplo, en los días previos a la menstruación, cuando la progesterona está en todo lo alto, es habitual que el estado del cabello empeore, ya que esta hormona estimula la producción de sebo, acumulándose en el cuero cabelludo y dando como resultado un cabello apagado y sin vida. Por el contrario, justo antes de la ovulación, coincidiendo con un “pico” de los niveles de estrógenos, el pelo tiende a lucir más suelto y brillante, ya que el cuero cabelludo produce grasa en la dosis justa y suficiente para funcionar como un acondicionador capilar natural, aportándole volumen y manejabilidad.





 

Objetivo: pelo joven 

Aparición de canas. Están producidas un descenso en la producción de melanina, la sustancia responsable del color del cabello.


-Qué hacer. Teñirlas o no es una decisión que depende de los gustos personales y también del estilo de cada persona, pero, por regla general, el cabello gris o blanco suma años. Las canas incipientes se pueden disimular con las mechas o reflejos. Sin embargo, cuando la raíz capilar carece de color, lo mejor es recurrir a las coloraciones permanentes, que aseguran la cobertura de cabellos blancos al 100 por cien.


 


-Pérdida de densidad y elasticidad: Con los años, la renovación celular del cuero cabelludo se vuelve más lenta, lo que hace que el nuevo cabello que nace tienda a ser más fino y esté más debilitado.

Qué hacer.Al secarlo, no hay que frotar enérgicamente: un gesto tan sencillo puede sumar muchos enteros a la fragilidad capilar. Lo mejor es presionar con la toalla suavemente (además de eliminar el exceso de agua, se acelera el secado).


Es muy importante restringir al máximo el uso del secador, sobre todo si el cabello está muy deteriorado, ya que el aire caliente siempre deshidrata la cutícula (y el agua es vital para asegurar la fortaleza del cabello). Para conseguir más volumen y vigor, es mejor utilizar cepillos (permiten ahuecar las raíces) que peines, los cuales pueden tirar excesivamente del pelo, “aplastándolo” y facilitando la caída. Los modelos de cerdas naturales o los de púas de madera (dan un micromasaje al peinar) son las mejores opciones.


 



-Afinamiento de

la fibra

.

Además





de los agresores tradicionales (tintes, permanentes, secadores), a partir de cierta edad el hecho de que la fibra capilar sea cada vez más fina es debido a los cambios hormonales.




-Qué se puede hacer.
Las últimas investigaciones realizadas al respecto han demostrado que los aminoácidos capilares no se degradan de igual forma. Su pérdida produce que se rompa la estructura proteínica del pelo, dejándolo más débil, frágil y menos flexible. La forma de restituir al cabello sus aminoácidos perdidos y, por tanto, su aspecto fuerte y sano, es la aplicación de productos que contengan estas sustancias entre sus ingredientes. El corte es también importante: todos los estilos que añadan movilidad (capas, desfilados) añaden cuerpo y energía al cabello, mientras que los cabellos lacios o uniformes acrecientan la sensación de debilidad.


 


-Pérdida de cabello. Suele ser consecuencia del debilitamiento y está propiciado por los desequilibrios hormonales o el déficit de ciertas vitaminas o de minerales como el hierro. También tiene un componente hereditario.

Qué hacer. “Mimar” el cuero cabelludo, ya que es  allí donde nace el cabello y del hecho de que el folículo piloso esté bien nutrido y oxigenado depende que éste “irrumpa” en la cabeza con el suficiente vigor. La aplicación de ampollas y demás tratamientos cumple a la perfección este cometido, pero igual de importante que estos productos es masajear regularmente la zona. Es tan sencillo como apoyar las yemas de los dedos en la cabeza y, presionando ligeramente, sin moverlas, hacer movimientos rotatorios, de forma que sea la piel (y no las gándulas sebáceas que están debajo) la que se mueva. Este gesto, practicado a diario, no sólo constituye un excelente relajante sino que estimula la circulación sanguínea en esta zona, lo que asegura la correcta nutrición y oxigenación del cabello desde su origen.


 


-Sequedad del cabello y del cuero cabelludo. Una de las consecuencias más evidentes del paso del tiempo en el cuerpo cabelludo es que las glándulas sebáceas presentes en él tienen una menor actividad y, en consecuencia, el cabello tienen a resecarse con más facilidad.


-Qué hacer. Independientemente del tipo de pelo, siempre hay que mantener el secador a una distancia prudencial (aproximadamente unos 15 centímetros) para no destruir la capa natural de protección de la cutícula y resecar el pelo en exceso. También es importante utilizarlo siempre con el pelo previamente secado con una toalla (nunca sobre el pelo empapado), ya que la acción del calor sobre una cutícula “cargada” de agua favorece el riesgo de encrespamiento en el caso de los cabellos rizados y de electricidad estática en el de los lisos.  Los expertos coinciden en señalar que es muy importante aplicar una barrera entre el aire del secador y el cabello. Actualmente hay en el mercado una amplia variedad de productos destinados a tal fin. Las mejores opciones para los cabellos lisos son los geles, cremas o sprays, que proporcionan una película que hace que estos cojan más “cuerpo” y el peinado dure más. Para los cabellos rizados, funcionan muy bien las espumas y los acondicionadores sin aclarado.


 


-Falta de brillo. Está producida tanto por la oxidación de la fibra capilar como por la especial vulnerabilidad que el cabello presenta ahora frente a las agresiones externas.

-Qué hacer. Dar el último enjuague con agua fría, ya que estimula la circulación y deja el cabello brillante (una de las “huellas” de la falta de fuerza es la opacidad), mientras que si es muy caliente, puede quebrarlo y neutralizar las defensas naturales. También es muy importante mantener a raya todos los “ladrones” del brillo y, por tanto, de la juventud capilar: aplicarse las planchas “a pelo” (siempre hay que interponer entre ésta y el aparato una capa protectora para que así el daño sea menor); secarse frotando con la toalla (lo ideal es envolver el cabello en la toalla durante 10 minutos para que se absorba el exceso de humedad); usar mal el secador o abusar de él. (el secado natural siempre deja el pelo mucho más brillante), o peinarse de forma inadecuada (utilizar peines y cepillos metálicos o peinarse a contrapelo son gestos muy nocivos, ya que “remolcan” las escamas cuticulares que se encuentran orientadas hacia la punta del tallo y las orientan hacia arriba, levantándolas).











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