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Plátano, un poco de arroz… y mucha ilusión....

Plátano, un poco de arroz… y mucha ilusión.

Por
Ángel A. Huélamo Villanueva

Coordinador
de Proyectos de Farmacéuticos Sin Fronteras de España

Son las seis de la mañana. La luz entra por
la ventana justo encima de mi cabeza. Se escucha el ladrido de un perro y un
gallo canta. Un aura diferente  recorre
el cuarto mientras Morfeo me va soltando poco a poco del abrazo que durante
pocas horas me ha ofrecido, a pesar de que el colchón está a dieta, y varios
mosquitos se han encargado de ofrecer un hilo musical al módico precio de dos o
tres picaduras. Me decía para mí: El aura es diferente, el olor también, ni
mejor ni peor, simplemente diferente. Y es que esta no es mi habitación, ni mi
casa, ni mi ciudad. Esto es Ecuador y más en concreto, Quevedo.

Hoy no cogeremos el metro, no usaremos el
ordenador ni desayunaremos galletas ?María?. Hoy usaremos una libreta y un
bolígrafo, montaremos en una buseta del año 89 y cargaremos las pilas con unos
chuzos o unas humitas. Y es que hoy, para mi, Quevedo ha dejado de ser un punto
en un papel, una amalgama de cifras y dibujos para convertirse en una
encrucijada de caminos de tierra, casas de caña, campos de plátano….y gente
cálida.

Mientras
la buseta avanza por la autopista, asfaltada a base de polvo y piedra,
mi pensamiento se pierde por todos los rincones de mi despacho de Madrid, lleno
de carpetas con proyectos, mapas, objetivos….y hoy, como en las películas de
Walt Disney, todos los actores cobrarán vida. Como si todos esos archivos se
transformasen en   animados personajes
esperando que nuestro pincel pinte su vida con un poco de color. Los
beneficiarios ya no son un número. En breves minutos tendrían nombre y
apellido. Un bache en el camino me hizo volver en si, abriendo ante mis ojos un
conjunto arquitectónico viviente formado por árboles, plantas
ornamentales,  casas de caña, pozos de
agua, columpios, niños jugando con sus madres, algún pollo, perros, y ?
mosquitos.

En
todo este paisaje, aparecen multitud de caras expectantes, de todas las edades.
Para ellos en esa buseta, llega la esperanza una vez más. Les aseguro que en
estos lugares siempre hay esperanza, aunque están acostumbrados a vivir con lo
que tienen; son felices y te transmiten una alegría infinita aunque entre ellos
esté la Malaria, el Dengue, los parásitos y otras enfermedades, que son sus mas
asiduos visitantes.  La reunión
técnicamente programada sin más, se tradujo en un fluido y ameno diálogo en que
nos decían sus ?necesidades más apremiantes?, que ironía, cuando en realidad
carecen de todo tipo de comodidad.

A
eso de la una, percibimos un olor muy especial… Era la hora de comer.
Teníamos hambre y de repente: un plato con un plátano, pata amarilla-pollo- y
un poco de arroz se planta ante nosotros…..pero en esa comida había algo mas:
lo que nos daba la gente: Mucha ilusión. La ilusión de que la esperanza se
traduzca en realidad y que posiblemente llegará en forma de una pequeña
?botica?, un simple y tosco botiquín, con cuatro paredes, dos armarios y nada
mas… ¿Saben lo que vale un botiquín?

Anochecía
y el color de la noche aconsejaba ponerse a buen recaudo.  Me siento y pienso en los ríos de gente que,
ahora en verano, vagarán por Madrid, por España y por el mundo, ajenos a lo que
necesitan en una comunidad del Sur de Ecuador… Un botiquín.

Son
las siete de la mañana. La luz entra por la ventana. Los coches pitan y un
tazón de café con galletas ?María? me esperan en la cocina, para darme paso a
un metro lleno de gente con prisas y funcionando como autómatas. Los
mismos que aquella noche en Quevedo paseaban por mi cabeza, ajenos a las
necesidades que en un pueblecito de Quevedo existen. Me espera: un ordenador,
una reunión, números, papeles, llamadas telefónicas… Me paro, cierro los ojos
y pienso en ellos, pienso en mi libreta, en la buseta… Abro los ojos y
aparece ante mi un plato con un plátano, un poco de arroz? Pero, ¿quién
aportará la ilusión? Hoy no está la gente del pueblo de Quevedo, pero sí la de
Farmacéuticos Sin Fronteras y la de Consejos de tu Farmacéutico, para trabajar
juntos día a día por la ilusión de ese gran grupo de gente tan cálida.

Vuelvo
a cerrar los ojos… Estoy seguro, hoy conseguiremos su botiquín…

Ángel
Huélamo acaba de regresar de Quevedo, Ecuador, donde ha permanecido dos semanas
con el objetivo de formular el proyecto que han puesto en marcha Farmacéuticos
sin Fronteras y la revista Consejos de tu Farmacéutico, para la creación de una
red asistencial farmacéutica.



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