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Pon internet en tu vida, pero no siempre.

Pon internet en tu vida, pero no siempre.

La
primera década del siglo XXI, al menos, pasará a la historia como la época  en la que porrumpió
internet. Después vendrán otras fórmulas y conexiones
que apenas vislumbran ahora los ingenieros más imaginativos y  que también dejaran atrás la red electrónica
en la que hoy se mueve un elevado procentaje de seres
humanos distribuidos por todo el planeta. Ya a nadie extraña esta facilidad
para intercomunicar sus conocimientos, ideas, negocios, documentos o simples conversaciones.
Internet parece haber hecho más por el mestizaje y el intercambio cultural que
cualquier otra herramienta, incluidos los barcos de los descubridores que
llegaron a las américas hace más de quinientos años.

Entre
los jóvenes, y en ocasiones algunos talluditos, no sorprende coincidir con
alguien que ha estado hablando durante varios días con un desconocido o
desconocida -siempre queda ahí un pequeño margen para la duda y la ambigüedad-
de Finlandia, Ucrania o Filipinas. Son amistades virtuales que, con más
frecuencia de lo que cabría esperar, pasan a constituirse en unas especiales
relaciones amorosas “computerizadas” que nadie hubiera concebido en
el pasado mas reciente. Prevalece la necesidad que el común de los mortales
tiene de relacionarse con los demás, aunque sea a distancias insalvables
excepto para la informática y las telecomunicaciones.

Grandes
negocios se esconden ya tras las pantallas de los ordenadores interconectados,
pero por desgracia, se han incorporado 
también con endiablada rapidez el fraude y la estafa en campos muy
regulados en la vida real. Los llamados virus capaces de extraer toda la
información  confidencial de los más
sofisticados ordenadores, la pornografía sin control, las apuestas y subastas
clandestinas, la venta de artículos inexistentes y ahora también la
falsificación y distribución de fármacos son posibles a través de internet.

Los
gobiernos son animales que legislan con mucha lentitud dando un tiempo precioso
a los delincuentes para que hagan su agosto en pocos días por la falta de
reflejos de los administadores públicos. Los
medicamentos ofrecen en este terreno un espectacular campo de actruación: primero, porque el potencial usuario está
dispuesto muchas veces a lo que sea por recuperar su salud o la de sus
familiares; después, porque es dificil que se
concrete una denuncia sobre desabastecimiento o falsificación de un producto de
estas características dadas las escasas posibilidades de comprobación.

Vaya a
la farmacia a buscar sus medicinas porque allí va a recibir, además, una
atención personalizada y las mejores recomendaciones en el manejo de los
remedios que precisa para el mantenimiento y mejora de su estado de salud.

Por
prometer, internet llega a prometer el mágico Bálsamo
de Fierabrás, y no porque sea este el año del cuarto centenario del Quijote,
sino porque muchos incautos parecen dispuestos a experimentar en su propio
cuerpo con pócimas y mejunges que en este caso
ofrecen un confuso efecto alucinógeno virtual. Ponga internet
en su vida, pero siempre con cautela.



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