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Protector solar. el rayo que no quema.

Protector solar. el rayo que no quema.

Si la piel hablara, a buen
seguro contaría las agresiones solares de que es objeto cada verano. Las
campañas informativas de concienciación, a pesar de sus logros, tienen todavía
un camino largo por recorrer

La educación sobre protección solar constituye
la base en la prevención de las lesiones cutáneas. Los efectos de la radiación
son acumulativos e irreversibles, por lo que una quemadura en la infancia puede
dar muchos quebraderos de cabeza en la edad adulta y desembocar incluso en
melanoma, el cáncer cutáneo más peligroso que existe y cuya incidencia se ha
multiplicado en nuestro país por 15 en los últimos 50 años. El mejor ejemplo de
educación lo encontramos en Australia, país en el que hace algunos años, la
tasa de cáncer de piel era elevadísima. Los esfuerzos de las autoridades
sanitarias a través de campañas educativas, han tenido un enorme efecto sobre
la población, logrando reducir considerablemente la incidencia de esta
enfermedad.

Una lección ?individual?

Cuando
hablamos de protección solar, lo primero que hay que tener en cuenta es que no
todas las personas tienen la misma piel. Tampoco el sol causa los mismos
efectos por la mañana que por la tarde, ni brilla con la misma intensidad en
Cuba que en Suecia. Así, la protección solar tiene que adecuarse tanto a las
características de cada individuo, como a la hora y el lugar en la que nos
exponemos a las radiaciones. No se trata únicamente de utilizar una crema
protectora, sino de llevar a cabo una serie de cuidados antes de salir de casa.
Y esto doblemente si se trata de niños y ancianos.

El sol, astro de vida

Pero
ojo, tampoco se trata de demonizar al sol y negar los beneficios que aporta al
organismo. De hecho, estimula la síntesis de vitamina D ?que previene el raquitismo
y la osteoporosis-, favorece la circulación sanguínea y actúa en el tratamiento
de ciertas dermatosis. También puede tener cierta influencia sobre el estado
anímico, ya que estimula la síntesis de los neurotransmisores cerebrales. Tal
vez sea éste el motivo por el que tradicionalmente se ha relacionado a los
países cálidos con la alegría y a los fríos con la depresión.

Por
todo ello, no hay por qué renunciar a las bondades solares. Simplemente hay que
seguir las pautas marcadas por los responsables sanitarios y utilizar el
protector solar más adecuado. Es la mejor forma de evitar las quemaduras y,
sobre todo, las graves consecuencias que éstas ejercen sobre la salud. De
hecho, está demostrado que, ante todo en personas de piel clara, utilizar un protector
solar con un factor mínimo de 15 durante los primeros 18 años de vida, reduce
la posibilidad de sufrir un cáncer cutáneo en más de un 70%.

El
bronceado ideal en tres pasos

  1. Preparación
    interna.


    Los suplementos dietéticos ricos en
    betacarotenos son una excelente opción para preparar a la piel ?desde
    dentro? y reforzarla ante las posibles agresiones solares. Lo ideal es
    empezar a consumirlos 15 días antes de la exposición al sol. También se
    puede recurrir a los suplementos de vitamina E, ya que ésta protege a las
    células de la acción de los radicales libres y es el nutriente
    antienvejecimiento por excelencia.
  2. Piel a punto:


    preparación previa y disciplina

Miguel Aizpún, dermatólogo y presidente de Grupo
Español de Dermatología Cosmética, advierte sobre la necesidad de tomar
precauciones antes de exponerse al sol: antes
de exponerte al sol tu piel debe estar perfectamente limpia, desmaquillada e
hidratada. Para ello, evita el uso de productos que contengan alcohol, ya que
puede propiciar la aparición de manchas, y aplica el producto solar en casa
(nunca en la playa o la piscina) una media hora antes de la exposición, de
forma uniforme y sobre la piel totalmente seca. No escatimes con las cremas,
más bien extiéndelas de forma generosa por todo el cuerpo, especialmente en
aquellas zonas más sensibles, tales como los labios y el contorno de ojos. Esta
acción debe repetirse cada dos horas durante el tiempo en el que se toma el
sol.

  1. Elige el
    producto adecuado.


    Para ello, debes tener en cuenta dos
    factores; cuál es tu fototipo solar (pregunta a tu dermatólogo o
    farmacéutico) y qué tipo de piel tienes, ya que la formulación (crema,
    emulsión, gel, spray…) debe estar determinada por el mayor o menor grado
    de sequedad cutánea.

Una elección segura

En
los últimos años, los productos para el sol han proliferado de tal manera que la
elección del fotoprotector puede convertirse en una ardua tarea si no se
conocen unas normas básicas. El tipo de piel es uno de los principales
condicionantes, ya que no todas las personas resisten el sol de la misma
manera. Una persona con la piel muy clara deberá extremar los cuidados más que
una morena. Aún así, un tono oscuro nunca es un seguro contra las quemaduras.

Los
fototipos se clasifican según la piel y la forma que tiene
ésta de reaccionar ante los rayos solares.

Fotot
FOTOTIPO

TIPO DE PIEL

RE
REACCIÓN SOLAR

Fototipo 1

Piel muy clara.
Ojos azules. Pecas. Casi albinos.

Eritema intenso. Gran
descamación. No se pigmentan.

Fototipo 2

Piel clara.
Ojos azules o claros. Pelo rubio o pelirrojo.

Reacción eritematosa.
Descamación. Ligera pigmentación.

Fototipo 3

Piel blanca
(caucasiana). Ojos y pelo castaño.

Eritema moderado.
Pigmentación suave.

Fototipo 4

Piel
mediterránea. Pelo y ojos oscuros.

Ligero eritema.
Pigmentación fácil.

Fototipo 5

Morena. Tipo India, Sudamérica,
indostánicos, gitanos.

Eritema imperceptible.
Pigmentación fácil e intensa.

Fototipo 6

Piel negra.

No hay eritema, pero sí bronceado.

Una vez que conocemos nuestro fototipo,
hay que plantearse el factor de protección solar (FPS) a elegir:

  1. Protección leve:
    factores 2, 4 y 6.
  2. Protección media:
    factores 8, 10 y 15.
  3. Protección fuerte:
    factores 20 y 30.
  4. Protección intensa:
    factor 40.

Otro de los aspectos de estos productos
es su resistencia al agua, así podemos optar entre dos tipos. El water-resistant, que mantiene sus cualidades después de 40
minutos de permanencia en el agua; y el waterproof, cuyo efecto se prolonga durante más de 80
minutos.

Si
tu piel es seca se recomienda utilizar un bloqueador solar en crema. Sin
embargo, para las pieles grasas son más aconsejables los protectores en gel

Un baño de sol

El doctor Aizpún
asegura  que lo ideal es no tomar el sol
entre las doce del mediodía y las cuatro de la tarde. Aunque no siempre se hace
caso de esta recomendación, al menos hay que tomar las medidas adecuadas para
evitar las quemaduras, que pueden llegar a ser incluso hasta de tercer grado.

  1. El sol actúa siempre, en todos los
    sitios, y no sólo cuando nos despojamos de la ropa y lucimos los trajes de
    baño. Los protectores solares no sólo deben utilizarse cuando acudimos a
    la playa o a la piscina, sino en cualquier actividad que se realice al
    aire libre. Por tanto, es imprescindible extremar los cuidados cuando
    paseamos o simplemente disfrutamos de una tarde sentados en una terraza
    acompañados por una caña y unas tapas.
  2. Hay que recordar que las nubes filtran
    las radiaciones, con lo que aún en días en los que el cielo está cubierto,
    también se debe utilizar la protección.
  3. Las temperaturas que soportamos
    cuando tomamos el sol son muy elevadas. Generalmente, para refrescarnos,
    pulverizamos agua sobre la piel, sin caer en la cuenta de que esto también
    puede dar a quemaduras. La causa es que el agua, al igual que lo hace la
    arena, refleja los rayos, con lo que su peligro aumenta considerablemente.

Con el ocaso:

hidrátate

Una
vez en casa, le llega el turno a la hidratación, momento glorioso que debe
comenzar por una buena ducha de agua fría. Y no sólo por fuera, sino también
por dentro hay que hidratarse y tomar como obligación la ingesta de, al menos,
dos litros diarios.

El
nivel de hidratación de la piel depende de la cantidad de agua que ésta retenga
y de su capacidad para realizar esta función. En muchas ocasiones, la dermis no
puede realizar por sí sola esta tarea, de manera que es necesaria una ayuda.
Para ello se emplean productos
hidratantes
o alter sun, que
incrementan la elasticidad y consistencia de la última capa de la epidermis.
Estos productos deben tener un refuerzo de vitaminas A y E, de forma que no
sólo se reestablece la humectación, sino también el brillo.

  1. El contorno de los ojos es una de las partes más sensibles del
    cuerpo. Las arrugas que aparecen en esta zona son un claro síntoma del
    envejecimiento cutáneo, en el que participan activamente las radiaciones
    solares. Para evitarlo, lo mejor es utilizar productos específicos para la
    hidratación de estas zonas sensibles.
  2. También la piel del rostro está continuamente
    expuesta a las inclemencias del tiempo, con lo que se acelera su
    deshidratación. Para evitarlo, lo mejor es realizar una limpieza del cutis
    frecuente y cuidadosa, y emplear siempre cremas que aseguren el debido
    nivel hídrico de la epidermis.
  3. Los labios también sufren las agresiones solares,
    debido a la extrema sensibilidad de la piel que los cubre y a que carecen
    de una capa protectora que impida la evaporación del agua. Para lucir unos
    labios perfectos, hay que aplicar varias veces al día algún brillo
    tratante para recuperar la humedad y un protector labial con un índice de
    protección de 15. Además, se debe huir de las barras de labios de larga
    duración y de las tonalidades marrones, puesto que contienen pigmentos de
    cinz que provocan la descamación. Las cremas faciales no son adecuadas
    para esta parte del rostro, ya que no son lo suficientemente fuertes y son
    absorbidas rápidamente.
  4. El cuello y el escote son dos de los grandes
    olvidados en nuestros hábitos de belleza. No son tan sensibles como los
    labios, pero sí necesitan recuperar la humedad diariamente. Los productos
    para la cara también están indicados para estas dos zonas, pero se deben
    repartir abundantemente, de forma ascendente, desde el cuello hasta la
    barbilla. Para incrementar sus efectos, conviene realizar masajes
    circulares para que el producto se absorba perfectamente.
  5. En el caso de las manos, éstas se exponen
    continuamente a muchas agresiones, como los cambios de temperatura, el
    agua o un gran número de productos como los detergentes. Su piel es muy
    sensible, principalmente en las palmas, ya que apenas tienen glándulas
    sebáceas y su estructura es muy fina. Para su hidratación, se recomienda
    el uso de cremas o fluidos después de cada lavado. La aplicación ha de
    realizarse desde la punta de los dedos hasta el antebrazo, favoreciendo
    también la circulación sanguínea.
  6. Las piernas también necesitan cremas
    que colaboren en el mantenimiento de la humedad. La formulación de estos
    productos debe contener vitaminas E, C y A, o bien productos naturales
    como miel o germen de trigo, que colaboran en la retención del agua y
    mantienen estable el nivel de pH.
  7. En este capítulo no nos
    podemos olvidar de los pies: al
    ser su piel más gruesa, tiene tendencia a la aparición de callos, grietas
    y asperezas, a lo que contribuye el roce con los zapatos. Aplícate una o
    dos veces al día hidratantes que contengan sustancias emolientes, como
    colágeno, ácido hialurónico, ceramidas o aceites vegetales.

No apto para menores y
ancianos

Si
hay un colectivo especialmente sensible al sol es el de los niños y el de los
ancianos. Su piel tiene menos capacidad para protegerse de las radiaciones que
la de los adultos. Por eso, nunca hay que exponer a los menores de tres años al
sol. Una vez superada esta edad, y para que puedan disfrutar de un día de
verano, se recomienda emplear cremas elaboradas específicamente para ellos, y
seguir las mismas pautas que para los adultos. Además, es bueno protegerles la
cabeza con gorras y cubrirles con camisetas, sobre todo cuando tienen la piel
muy blanca y sensible.



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