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Raquel Martínez: “La farmacia tiene que ir con los...

Raquel Martínez: “La farmacia tiene que ir con los tiempos, porque la sociedad nos pide un cambio”

Raquel Martínez: “La farmacia tiene que ir con los tiempos, porque la sociedad nos pide un cambio”

Raquel Martínez García es Secretaria General del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos

Con la añoranza de su Soria natal prendida aún en su discurso y haciendo gala de un entusiasmo y una ilusión incombustibles, Raquel Martínez García hace balance de sus primeros meses al frente de la Secretaría General del CGCOF, comenta algunas de las cuestiones que han sido noticia en los últimos tiempos, desglosa las particularidades de proyectos en los que está directamente implicada como el VPC-R y nos cuenta las claves de la hoja de ruta del Plan 2020-2030. Ella lo verbaliza, pero no haría falta: es obvio que le apasiona su profesión y que asume cada proyecto como un reto.

Aunque lleva poco tiempo al frente de la Secretaría General (usted entró en la segunda legislatura capitaneada por Jesús Aguilar el pasado mes de mayo), ¿qué balance haría de la labor que ha llevado a cabo durante estos meses?
A nivel profesional estoy encantada. Ha sido algo totalmente inesperado. Siempre quise colaborar con la profesión y eso me llevó a entrar como secretaria del COF de Soria, donde las circunstancias me llevaron a dar un paso adelante y a asumir la presidencia. Y a partir de ahí, puedo decir que ha sido un no parar. Adoro mi profesión y he asumido con ilusión todos los retos que se me han ido presentado, muchos de ellos de manera sorpresiva. Por eso, cuando Jesús Aguilar me llamó y me dijo que quería contar conmigo para formar parte de la directiva, no tardé ni un segundo en aceptar. “Lo que tú necesites”, le dije. Lo que en ningún momento imaginé es que se trataba de una Secretaría General. El poco tiempo que llevo en el cargo ha sido muy intenso, ya que son muchísimos los retos en los que estamos inmersos actualmente, pero la ilusión es enorme, ya que las líneas en las que estamos trabajando son apasionantes.

Su nuevo cargo ha supuesto trasladarse de ciudad y, también, dejar atrás muchos de los proyectos en los que estaba involucrada como presidenta del Colegio Profesional de Farmacéuticos de Castilla y León (Concyl). ¿Cómo está haciendo frente a todos estos cambios?
Pues un poco con sensaciones encontradas, ya que no voy a poder estar hasta el final en proyectos muy importantes, que están a punto de rematarse y que siento como míos, pero están en manos de estupendos profesionales, y ya les he dicho que cuando se materialicen me iré a celebrarlo con ellos (risas). Aceptar el cargo llevaba implícito venirme a Madrid y ponerme las pilas en muy poco tiempo, pero tengo muy claro que estoy aquí para trabajar por la profesión, y ello supone estar allí donde se te necesite. En este sentido, hago mía una frase de la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor: “Aquí estamos para sembrar, no para recoger”. De todas formas, lo que más echo de menos es mi ciudad, Soria.

De todos esos proyectos, logros e iniciativas que ha puesto en marcha a lo largo de los años ligada a la profesión desde sus órganos de representación, ¿cuál destacaría?, ¿de cuál o cuáles se siente especialmente orgullosa?
Estoy muy satisfecha de haber liderado el COF de Soria durante más de 5 años y haber contribuido a “inyectar” la profesión en un sitio tan pequeño. Tuve la suerte de encontrar a profesionales comprometidos y de formar un grupo de trabajo con el impulsamos proyectos muy importantes y gracias al cual estoy donde estoy. Entre ellos destaco el Proyecto Megara, que sigue “vivo” y en el que poco a poco se van dando pasos. Es una propuesta que engloba iniciativas de colaboración con distintas instituciones y asociaciones para mejorar la atención a los pacientes y a la población soriana en general, y muy específicamente a aquellos que necesitan una atención específica diferenciada, ya sea por su condición física, económica o de otro tipo. En este contexto, colaboramos con la Diputación Provincial en la ayuda a los farmacéuticos para adoptar la infraestructura necesaria para implantar la Receta Electrónica (hay una gran cantidad de farmacias con viabilidad económica en la provincia). En esta línea también colaboramos en la formación sobre el control de la medicación y la mejora de la adherencia, con el objetivo de llamar la atención sobre la población envejecida y polimedicada, organizando actividades como, por ejemplo, charlas y jornadas en las que el farmacéutico se encargaba de educar sanitariamente a estos ciudadanos. Con ello se consiguió que las farmacias permanecieran en los municipios (algo muy importante, pues desarrollan una labor fundamental en esos entornos) y también un mejor acceso a la asistencia y al medicamento a toda la población de la zona. Y también en este marco tengo que destacar el proyecto que presentamos a la Diputación para trabajar en la línea de la cronicidad, concretamente en la mejora de la atención a aquellos pacientes con un grado de dependencia mayor en el medio rural, y por el cual se contempla la planificación de estrategias de seguimiento farmacoterapéutico y de dispensación de medicamentos de forma personalizada en sistema de multidosis. La Diputación fue muy sensible a este proyecto, que se ajusta a su línea de trabajo de evitar la despoblación del medio rural.

Y de su etapa al frente del Concyl, ¿qué proyectos destacaría?
En primer lugar, completar la implantación de la Receta Electrónica, a pesar de la gran dificultad que presentaba en este sentido esta Comunidad Autónoma debido a la dispersión de la población y a la existencia de farmacias muy pequeñas ubicadas en municipios complejos a los que era difícil hacer llegar la comunicación. De acuerdo con la Administración, nos comprometimos a que todas las farmacias de la Autonomía tuvieran esta infraestructura y lo hicimos empezando por las zonas de menor población, dejando las capitales para el final. De esta forma, conseguimos que, hoy por hoy, todas las farmacias de Castilla y León tengan actualmente receta electrónica y también logramos implantar su interoperabilidad.

Otro proyecto del que me siento muy orgullosa es un convenio firmado con la Dirección General de la Mujer de la Consejería de Familia para luchar contra la violencia de género. Hay que tener en cuenta que, sobre todo en el medio rural, donde se conoce todo el mundo, es muy difícil que las mujeres den un paso adelante en este sentido, y los farmacéuticos jugamos un papel importante, casi de “radar”, para detectar esas situaciones, a lo que hay que unir que en no pocas ocasiones somos los únicos profesionales sanitarios a los que acudir en poblaciones muy pequeñas. Tanto la Consejería como nosotros vimos clara la necesidad de formar a los farmacéuticos en este sentido y ofrecerles un protocolo claro sobre cómo abordar estos casos. Los resultados que está arrojando esta iniciativa son muy positivos y hay una propuesta para reproducir ese modelo de formación extra sobre este tema a nivel nacional; asimismo, algunas Comunidades Autónomas están trabajando en esta línea. Y he dejado a punto de materializarse un proyecto, en colaboración con la Administración, que supone dar un paso más a esa atención socio-sanitaria que brinda la Farmacia y que contempla una mayor vinculación de los centros sanitarios con los establecimientos farmacéuticos más cercanos. La Farmacia va allí dónde se la necesita, y, de hecho, hay investigaciones en este sentido que demuestran que la colaboración con la Administración se traduce siempre en proyectos de éxito.

Está claro que tanto estos proyectos como las líneas de trabajo que el CGCOF tiene en marcha pasan por la transformación tecnológica, por la digitalización de la Farmacia. ¿Cómo están reaccionando los profesionales de la botica al cambio de modos de trabajo que ello implica?, ¿cuál es el nivel de aceptación/adaptación a la “Farmacia digital”?

Todo cambio tecnológico supone una readaptación, pero por lo general los farmacéuticos lo asumimos como un reto, lo que nos lleva a motivarnos y contemplarlo como una herramienta para dar el mejor servicio. Además, el hecho de estar en contacto muy directo con la población y palpar sus necesidades hace que seamos muy conscientes de que el ciudadano nos está pidiendo que “nos subamos al carro” de estos cambios. En este sentido, los titulares de las oficinas de farmacia tienen que adoptar un rol de liderazgo, inculcando a la plantilla la importancia y necesidad de adoptar esta innovación y motivándola a implicarse en estas iniciativas. En este punto hay que destacar también el papel del CGCOF a la hora de liderar esta transformación y de facilitar las líneas de trabajo y las herramientas para llevarla a cabo. Desde siempre, hemos sido un sector sin miedo al cambio y muy proactivos a la hora, por ejemplo, de participar en proyectos de investigación y formación para progresar respecto a nuestras habilidades.

En cuanto a la digitalización, me gustaría reflejar que la conclusión a la que llegamos en todos los encuentros y foros en los que participamos y coincidimos los distintos profesionales sanitarios es que el Big Data nos va a abrir muchas oportunidades y nos va a permitir una actuación mucho más positiva sobre la salud del ciudadano, pero que hay que tener cuidado de no perder la vertiente humana: el paciente quiere un trato directo con el profesional, y eso no hay nada que lo sustituya. La tecnología está muy bien, pero hay que equilibrarla con la atención y el consejo personal.

Es farmacéutica comunitaria, una profesión de la que usted comentaba con motivo del Día Mundial del Farmacéutico que muchas veces se realiza en la sombra, “velando” por garantizar el acceso a los medicamentos. ¿Cree que la labor del farmacéutico está lo suficientemente reconocida por parte de la sociedad?, ¿y por parte del resto de profesionales de la salud?Creo que a nivel de la población sí estamos debidamente reconocidos, y así se desprende de las encuestas que se realizan en este sentido y en las que siempre figuramos como los profesionales sanitarios mejor valorados. Mi percepción es que se nos ve como esa primera puerta de entrada al sistema y el primer profesional de consulta. Ahora, con la implantación de la Receta Electrónica, los pacientes visitan menos los centros de salud y acuden más a las farmacias, lo que potencia todavía más la figura del profesional farmacéutico. Y creo que respecto al desarrollo de servicios que van más allá de la dispensación, la población también percibe nuestro papel, pero todo se puede mejorar y sería bueno que los ciudadanos tuvieran más información sobre todos esos proyectos en los que estamos implicados y que trascienden a nuestro servicio detrás del mostrador.

En cuanto al resto de los profesionales sanitarios, opino que contamos con su consideración, pero pienso que existe un desconocimiento respecto a todo lo que podemos dar. Por ejemplo, mantenemos una estrecha colaboración, sobre todo con el personal médico, y en reuniones con ellos hemos comprobado su interés acerca de nuestras iniciativas y también las dudas que les genera cómo las vamos a llevar a cabo. Esto nos hizo ponernos manos a la obra y crear con ellos grupos de trabajo para sacar adelante proyectos conjuntos. Tenemos muy claro que el experto en el diagnóstico es el médico y el experto en el medicamento es el farmacéutico. Queremos que los médicos estén al tanto desde el inicio de todos nuestros proyectos, porque al final todo lo que vayamos a hacer desde la farmacia está dirigido a conseguir un plus de cara a la formación e información, y esa información debería estar a disposición del personal médico. Tiene que haber un trabajo todavía más intenso y estrecho en el tú a tú para que los médicos conozcan a fondo la labor de los farmacéuticos.

Recientemente se ha celebrado el 21º Congreso Nacional Farmacéutico. ¿Qué líneas principales de trabajo han salido de este encuentro de cara al futuro?, ¿cuál es la hoja de ruta del Plan 2020-2030 para la Farmacia, anunciado en este Congreso?
Desde el inicio de la legislatura el presidente nos dejó muy clara cuál es la hoja de ruta: establecer un plan estratégico para ese decenio. Hemos analizado la situación actual y cuál es la proyección para los próximos años, y en esta línea estamos trabajando ya a nivel de CGCOF, pero la idea es definir un proyecto que incluya las aportaciones de todos los presidentes, colegios y farmacéuticos. Nuestra “próxima parada”, tal y como se anunció en la clausura nuestro Congreso Nacional en Burgos, es el 22º Congreso de Sevilla 2020,  que va a coincidir con el internacional de la FIP, al que asistirán entre 3.000 o 4.000 farmacéuticos de todo el mundo y donde está previsto hacer la “puesta de largo” de este plan estratégico. Las principales líneas de este plan, muchas de las cuales ya están en marcha, parten del convencimiento de que cada vez tenemos que aportar más como farmacia asistencial: a nivel tecnológico, con la Receta Electrónica y la interoperabilidad; los objetivos contemplados dentro del proyecto Nodofarma, el Sistema de Verificación de Medicamentos (SEVEM), el dossier farmacéutico… Estas son un poco las líneas de partida… y las que vendrán, porque vamos a escuchar a todos los profesionales para definir así qué farmacia queremos para el 2030.

En esta hoja de ruta, la plataforma Nodofarma cobra un especial protagonismo. ¿Cuál es el papel de este proyecto?
Es fundamental, ya que se trata de la plataforma que soporta y pivota toda la transformación digital diseñada por el CGCOF, estableciendo una red de comunicación intercolegial en la que además vamos a alojar los servicios profesionales. Hemos hecho un Desing Thinking, analizando qué cuestiones de la plataforma tenemos que mantener (Nodofarma canaliza ya información de varias iniciativas como ConciliaMED o AdherenciaMED), qué aspectos debemos mejorar y cómo podemos desarrollar las posibilidades que ofrece en la práctica habitual. De ahí ha surgido una hoja de ruta y la idea es que durante el primer semestre de 2019 las más de 20.000 farmacias españolas puedan trabajar en red compartiendo información, formación, investigación, etc., y desarrollando servicios profesionales asistenciales.

También en este Congreso se celebró la mesa redonda “Recertificación de los profesionales farmacéuticos”, en la que usted presentaba el sistema que reconocerá la actualización de los conocimientos de estos profesionales. ¿En qué consiste exactamente esta iniciativa?
Aunque desde las corporaciones trabajamos para ofrecer formación continuada a los farmacéuticos y existe un  esfuerzo de actualización por su parte, no hay un registro de ello. Nuestra obligación deontológica como profesionales sanitarios es formarnos y reciclarnos, y hay que dar a los ciudadanos garantías en ese sentido.

Con esta idea, creamos el Grupo de Trabajo de Desarrollo Profesional y diseñamos un documento en el que se empezaron a perfilar las líneas de lo que va a ser nuestra Validación Periódica de la Colegiación-Recertificación (VPC-R). Hay normativa europea clara en este sentido que es, además, la que vamos a seguir, pero no existe una pauta a nivel nacional que obligue a realizar esto de la forma en la que lo estamos proponiendo.

El primer paso fue la creación del Código de Deontología de la Profesión Farmacéutica y lo siguiente es disponer de un sistema de Desarrollo Profesional Continuo (DPC) y una VPC-R, cuyo objetivo es el reconocimiento de la actividad formativa, investigadora y de ejercicio profesional llevada a cabo por cada farmacéutico de manera individual en su ámbito profesional de ejercicio. Actualmente el documento está a disposición de los Colegios y ahora estamos recibiendo y recogiendo todas las aportaciones e impresiones. La idea es convocar de nuevo al  Grupo de Desarrollo Profesional para elaborar un nuevo documento que refleje todas estas aportaciones y, una vez aprobado en asamblea, ponerlo en marcha. De hecho, ya tenemos desarrollada una aplicación tecnológica para ello. Además de ofrecer garantías a la población respecto a nuestra formación y actualización, esta iniciativa motiva a los profesionales a reciclarse. Es algo voluntario, pero desde el CGCOF queremos inyectar esa responsabilidad a todos los farmacéuticos. Tenemos previsto trabajar en colaboración con las Sociedades Científicas tanto por parte de la farmacia comunitaria como la de especialidades. Aún hay aspectos por definir, pero el cuerpo del proyecto ya está muy avanzado y la Administración está al tanto de ello. La idea es desarrollar una normativa a la que posteriormente el Ministerio le dé oficialidad.

Respecto a la Receta Electrónica, ¿en qué nivel de implantación e interoperabilidad se encuentra actualmente?, ¿cuáles son los principales obstáculos que dificultan su total implantación?
Está implantada en todo el país, el problema es que cada Comunidad Autónoma tiene la suya. Actualmente el mapa de interoperabilidad ya cubre a todo el territorio español, excepto Ceuta y Melilla, cuya puesta en marcha es inminente, y Madrid. La razón de esta  falta de homogeneidad no es atribuible tanto a la tecnología sino quizás a las complejidades propias de cada Autonomía. Ahora estamos concentrando nuestros esfuerzos en otro reto, el desarrollo de la Receta Electrónica Privada, ya que cada vez hay más demanda de esta prestación por parte de la sociedad.

¿Cuál es su postura respecto a iniciativas como los servicios remunerados a domicilio, que respalda el COF de Madrid?, ¿y sobre las actuaciones del SATSE contra los servicios profesionales asistenciales desde las boticas?
Particularmente, no me gusta el término de “servicios remunerados a domicilio”, y creo que lo que ha pasado es que se ha recogido en una ley una terminología que tampoco se ha explicado ni desarrollado lo suficiente, lo que ha llevado a la confusión. Hay que tener en cuenta que cada vez vamos a tener pacientes de más edad, crónicos, pluripatológicos y polimedicados, y en este contexto, lo que pretende la Farmacia es hacer una labor de acompañamiento en lo que se refiere al medicamento en aquellos casos en los que un médico o un trabajador social detecte que un paciente no se maneja bien con el tratamiento o no cumple bien con la medicación. Es una cuestión en la que todos los integrantes del sistema sanitario tendremos que articular herramientas para dar lo mejor a este paciente conforme lo que nos está pidiendo, sobre todo en determinados entornos como los rurales. Creo que es importante que en estas circunstancias se nos tenga en cuenta y que se contemple la posibilidad de desplazarnos a su domicilio con el objetivo concreto de facilitar el tratamiento o asegurar la adherencia. No estamos haciendo nada que no se recoja en la normativa. Al final, lo que queremos es formar parte del sistema sanitario, que se nos tenga en cuenta y perfectamente ubicados en una red de más de 20.000 farmacias distribuidas en todo el país donde cualquier ciudadano tiene acceso a un farmacéutico cerca de su casa, que se recurra a nosotros cuando sea necesario. El error es considerar esto como intrusismo de algún tipo: la atención farmacéutica se hace en la farmacia, pero habría que dejar abierta una puerta y habilitar herramientas para que si en algún momento concreto y en un paciente determinado se necesita, podamos hacer esa labor de acompañamiento, lógicamente bajo un paraguas normativo y dentro de nuestras competencias en el ámbito del medicamento.

En cuanto al conflicto con el SATSE, nuestra postura está reflejada en la declaración de la profesión, y estamos abiertos al diálogo. El paciente no es patrimonio de ningún colectivo sino que debe ser el centro de todo el sistema, y todos los profesionales tenemos que colaborar para proporcionarle y asegurarle la mejor atención. Los farmacéuticos, los médicos y la enfermería somos como conjuntos dentro del sistema, y hay una zona o confluencia que compartimos, así que no tiene cabida un pensamiento o una actitud estanca: comuniquémonos y hagamos cosas en común en temas de adherencia, por ejemplo. Falta intercomunicación en este sentido, a pesar de que herramientas como la Receta Electrónica nos está abriendo esta posibilidad. Se necesita un cambio de mentalidad que favorezca una mayor interrelación entre los sanitarios y evite que el paciente esté dando vueltas por los diferentes niveles del sistema.

¿En qué aspectos de la salud de los ciudadanos o sobre qué grupos de poblaciones o de riesgo cree que el farmacéutico debería estar más y mejor informado?
Hay que hacer más esfuerzos en el ámbito de la adherencia y fruto de esta necesidad hemos puesto en marcha el proyecto AdherenciaMED, cuyo objetivo es diseñar y evaluar el impacto clínico, económico y humanístico de un Servicio Profesional Farmacéutico Asistencial enfocado la mejora, mantenimiento y refuerzo de la adherencia terapéutica en pacientes en tratamiento farmacológico para la HTA, asma y EPOC, patologías muy prevalentes y que presentan más problemas a nivel de control de la adherencia. En el estudio han participado 1.186 pacientes y los resultados preliminares demuestran que en el grupo de intervención, tras 6 meses de seguimiento, el nivel de adherencia se había elevado a casi el 90% (la media del control de adherencia en España se sitúa en torno al 50%). Esta evidencia es muy significativa, por lo que supone de mejora en salud y de ahorro al sistema. El siguiente paso es aplicar estos resultados a la práctica en la farmacia. Trabajar en el ámbito de la adherencia es fundamental, porque al final, el medicamento que no se consume es el que más cuesta al sistema, y en un contexto de cronicidad y envejecimiento, u optimizamos todos los recursos o va a ser muy difícil mantener la sostenibilidad.

Volviendo a la frase que comentábamos al principio, ¿qué es lo que le gustaría haber dejado “sembrado” cuando llegue el momento de dejar el cargo?
Me encantaría conseguir que el ciudadano o paciente tenga realmente un sistema sanitario a su servicio en el que todos los profesionales sanitarios estemos conectados en el acto asistencial. Es una oportunidad que nos ofrecen todos esos sistemas electrónicos que estamos implantando, la de ser capaces de hablar de tú a tú, sin marear al paciente y dando lo mejor de nosotros mismos de acuerdo a nuestras competencias: el médico en sus diagnósticos, el enfermero en su cuidado y el farmacéutico en su experiencia en el medicamento, y hacerlo no solo en el ámbito de la Atención Primaria y ambulatoria sino más allá, en el ámbito hospitalario; en definitiva, que esta colaboración multidisciplinar sea una realidad y que todos funcionemos mano a mano y desde el respeto mutuo por y para el paciente. Tenemos la materia prima, porque nuestros profesionales están muy bien preparados (se los “rifan” en el extranjero) y nuestro sistema sanitario es un lujo que todos debemos trabajar por mantener.

 

 





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