Recién nacidos a prueba.

Hace algunos años, cuando un bebé llegaba al mundo, y aún hoy en muchos países
subdesarrollados, muchas cuestiones sobre su salud eran una incógnita para los
padres y médicos. Afortunadamente, gracias a las pruebas de detección precoz
practicadas a los recién nacidos, este cerco de incertidumbre se va
estrechando. Es ya algo común que en todos los hospitales españoles, públicos o
privados, se realicen una serie de pruebas con el objetivo de que si alguna
enfermedad fuese detectada, pudiese iniciarse su tratamiento con mayor
prontitud, y por lo tanto, con mayor eficacia y probabilidad de recuperación.

Primer paso: el Test de Apgar
Esta prueba, que debe su nombre a la
doctora  americana
Virginia Apgar, se practica a los pocos minutos de vida y es tan
importante que según su resultado puede hacerse o no necesaria alguna maniobra
de reanimación. Nada más nacer el bebé, el
pediatra o la enfermera comprueban de una forma rápida su estado de salud. Todos
estos controles forman parte del llamado test
de Apgar
, que como explica la doctora Claudia
Navarro
, pediatra del Hospital La
Magdalena, de Castellón
, implican un examen físico del bebé que muestra su
vitalidad.

Los elementos que se revisan y valoran para ello son los
siguientes:

  1. La
    frecuencia cardiaca.
  2. La
    respiración.
  3. El
    tono muscular.
  4. La
    respuesta a estímulos o reflejos.
  5. El
    color de la piel.

Cada uno de los cinco parámetros que se evalúa, se puntúa de
0 a 2
puntos, de modo que la puntuación global del test va de 0 a 10. Cuanto mayor sea la puntuación
obtenida, mejor será el estado de salud del bebé.

    • Una puntuación de Apgar de 7 ó más indica un
      bebé en buenas condiciones.
    • Una puntuación de entre 4 y 6 puede indicar que
      sean necesarias algunas maniobras para ayudarlo a respirar.
    • Una puntuación de 3 ó menos indica la necesidad
      de realizar maniobras de reanimación o resucitación en el bebé debido a
      un problema de salud grave.

El test se aplica en el
primer minuto de vida, a los 5 y a los 10 minutos. Una puntuación inicialmente
baja no indica que existan riesgos a largo plazo para el bebé, mientras que las
maniobras de reanimación sean eficaces y la puntuación se normalice a los 5 ó
10 minutos.

Segundo
paso : el peso y otras maniobras

Después de esta primera evaluación y estabilización del
bebé, habitualmente se procede a pesarlo, medirlo y mirar la medida del
perímetro de su cabeza. Lo habitual es que un recién nacido a término (no
prematuro) pese entre 2500 y 4500 gramos.
Es conveniente recordar que en los
tres primeros días el niño pierde un 5 ó 10% de su peso, volviendo a ganarlo
después, de modo que suele recuperar el peso del nacimiento entre el séptimo y
el décimo día de vida. El recién nacido normalmente mide entre 48 y 52 cm, y el perímetro de su cráneo es de
unos 35 cm.

En estos primeros minutos de
vida del bebé, se le colocan unas gotas
oculares
para prevenir la conjuntivitis por los gérmenes presentes en el
canal del parto. También se le pone una inyección
intramuscular de vitamina K
, ya que el bebé recién nacido suele ser
deficitario en esta vitamina, que es necesaria para la correcta coagulación de
la sangre.  Asimismo, se aprovecha para
comprobar la permeabilidad de las fosas
nasales y la eliminación de meconio
(las primeras heces del recién nacido).

Tercer paso: con mamá

Una vez realizados estos
procedimientos y habiendo abrigado al bebé para evitar que se enfríe, es el
momento del primer contacto con sus padres. Es muy recomendable ponerlo al pecho materno para que comience la
succión, que entre en contacto con la piel de su mamá y que pueda escuchar las
voces de sus padres, de las personas que le han acompañado durante el embarazo.


Cuarto paso
: con
el pediatra 
El primer examen médico detallado del bebé tiene lugar durante sus primeras
24 horas de vida, generalmente entre las
6 y 12 horas
. El pediatra realiza una completa
exploración físic
a, que incluye, entre otras pruebas: la auscultación del
corazón y los pulmones, la exploración del abdomen, las caderas y los
genitales. En este momento, el pediatra puede daros información sobre el estado
del bebé, así como resolver vuestras dudas acerca de sus cuidados o las
peculiaridades de su aspecto físico.

En este primer examen físico del bebé se incluye la
exploración de las caderas por medio de la maniobra
de Ortolani
, que sirve para detectar precozmente la luxación congénita de
caderas. El pediatra girará los muslos del niño hacia fuera a la vez que los
presiona hacia abajo con los pulgares. Según la doctora Navarro, esta prueba
resulta muy importante; de no ser realizada no se podrían detectar posibles
problemas que, si no son tratados de una manera precoz, llegarían a dejar
secuelas en el niño como la cojera.

Para confirmarla, en caso de
que sea necesario el pediatra indicará la realización de una ecografía o
radiografía de las caderas. Hasta su realización y valoración por un pediatra o
traumatólogo infantil, puede ser recomendable el uso de doble pañal para
favorecer la postura de caderas abiertas.

Quinto paso: la prueba del talón

En todos los recién nacidos, pasadas las 48 horas de vida, se realiza un
análisis de sangre a partir de una gota que se obtiene por una pequeña punción
del talón. Analizando esta gota de sangre, se pueden detectar una serie de
enfermedades metabólicas que, si son tratadas desde los primeros días de vida,
no dejan secuelas o evolucionan de manera más favorable. La importancia de esta prueba
radica en que estas enfermedades tienen tratamiento, pero si se espera a que
den síntomas y se retrasa así el diagnóstico, pueden haberse producido ya
lesiones irreversibles.

Como explica la doctora Claudia Navarro, el tipo de
enfermedades que se estudia varía algo de una región a otra, según su
frecuencia en la población, pero las más habituales son las siguientes:

·        
El
hipotiroidismo.
Puede
ser consecuencia de la ausencia o falta de desarrollo de la glándula tiroides, la
destrucción de esta glándula, la falta de estimulación de la tiroides por la
pituitaria y/o de la síntesis defectuosa o anormal de las hormonas tiroideas.
El desarrollo incompleto de la tiroides es el defecto más común y tiene una
incidencia de 1 caso por cada 3.000 nacimientos, y afecta dos veces más a las
niñas que a los niños. La mayoría de los bebés enfermos presentan pocos o
ningún síntoma, debido a que tienen una leve deficiencia de la hormona
tiroidea. Sin embargo, los bebés muy afectados por el hipotiroidismo a menudo
suelen tener una apariencia característica con la cara hinchada, mirada triste
y lengua larga que sobresale de la boca, que suele estar abierta.

  • La fenilcetonuria. Se da cuando una persona carece de una enzima
    denominada fenilalanina hidroxilasa, necesaria para descomponer la
    fenilalanina, uno de los ocho aminoácidos
    esenciales encontrados en los alimentos que contienen proteína. Es una
    enfermedad hereditaria, lo cual significa que se transmite de padres a
    hijos. Ambos padres deben pasarle al niño el gen defectuoso para que
    resulte afectado con la enfermedad, lo que se denomina un rasgo autosómico
    recesivo.

·        
Fibrosis
quística del páncreas
. Es una
enfermedad que aparece en el período de lactancia o de la infancia,
caracterizado por la formación patológica de una mucosidad viscosa en distintas
glándulas, la cual obstruye los conductos excretores. Se trata de un trastorno
genético en la regulación del cloro en el epitelio lo que reduce el agua del
moco que cubre las células de la mucosa, y 
se caracteriza por la existencia de insuficiencia pancreática y
enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

Otras pruebas:

de detección de hipoacusias

El
diagnóstico precoz de la sordera cambia de modo radical el pronóstico de los
niños que la padecen. Aunque los pediatras preguntan y exploran la audición en
las revisiones periódicas del bebé, la aparición de técnicas que no precisan de
la colaboración del niño para valorarla ha hecho que cada vez sean más las
maternidades que efectúan este tipo de pruebas en el recién nacido.

Las dos
técnicas disponibles son inofensivas e indoloras, y se practican mientras el
bebé duerme:

  • Técnica de las Otoemisiones Acústicas (OEA). Es la más habitual de las
    pruebas de detección precoz de hipoacusia, para su realización basta con
    introducir una sonda en el oído. Tiene el inconveniente de que en un
    pequeño porcentaje de casos ofrece un resultado normal en niños que no
    oyen bien.
  • Potenciales Evocados Auditivos (PEA). Se trata de una técnica
    menos utilizada, en la que se determinan estos potenciales auditivos
    colocándole al bebé unos auriculares en los oídos y unos pequeños
    electrodos en la frente y el lóbulo de la oreja. Esta técnica tiene el
    inconveniente contrario, es decir, que resulta anormal en algunos bebés
    que oyen bien, de modo que lo ideal sería practicar ambos métodos.

Si
estos exámenes indican que el bebé padece hipoacusia o sordera, el diagnóstico
debe confirmarse y precisarse a los tres meses de vida, ya que es muy
importante que el tratamiento se inicie antes de los seis meses para prevenir
las secuelas causadas por una detección posterior.

Prueba de detección
de la fibrosis quística: de futuro a presente

En España hay de 1,5 a 2 millones de personas
portadoras del gen de la fibrosis quística. Por ello, los expertos consideran
de suma importancia conseguir un diagnóstico precoz mediante la sistematización
de una prueba a tal efecto en todos los recién nacidos. El diagnóstico temprano ?ofrece
la ventaja de que así los afectados podrán recibir un tratamiento óptimo y se
evitarían las secuelas derivadas de diagnósticos tardíos? afirma el doctor Nicolás Cobos, especialista en fibrosis
quística y miembro de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), quien recuerda que estamos
ante un problema de salud muy serio, ya que las personas que nacen con este
problema, desarrollan con el tiempo una insuficiencia respiratoria que en
muchos casos les lleva a la muerte a una edad por lo general temprana (en torno
a los 40 años) a no ser que sea factible realizar un trasplante de pulmón. Este gen defectuoso
puede transmitirse al niño si ambos padres son portadores.



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